I

Nuestro amor se nutre tanto de otras personas
en estos días,
de las veces que dejamos de amar
a quién sabe quién,
a como se llame,
a sea quien sea,
a de dónde dice nos conocemos.
Sería tan poca cosa, por ejemplo,
si no me quejara patológicamente con mis amigos
de cada cosa que nos ocurre
con la sola intención de presumirles
que muerdes demasiado fuerte,
que tenemos que comprar dos postres siempre,
porque, con una chingada,
tenemos que probar y compartir
todos los postres del lugar,
que tenemos que encontrar con urgencia
una manera de pagar nuestras vacaciones
si queremos seguir siendo felices
el próximo año.

He visto a cada uno de ellos
enamorarse profundamente
de sus novias y de sus amantes
gracias a la sola desaprobación colectiva
de quienes escuchamos,
una tras otra,
las tonterías que hacen en su compañía.

Tengo que decirlo ahora,
antes de que olvide
a qué se parece la juventud
y este amor se vuelque
completamente sobre nosotros
y comience a proponerte
que mudemos la lavadora
a esta recámara
para que los vecinos de arriba
piensen que nuestra vida sexual
es más joven, más ruidosa que la suya,
que siempre estamos mejor que ellos,
y que cojamos después, en silencio,
nada más para nosotros,
antes de cenar
o mañana a primera hora
para que podamos ir a trabajar de buenas
(ya sé que trabajo en casa,
pero ¿has intentado escribir de mal humor?).

Si no hablo de este amor ahora,
con el paso del tiempo
se hará cada día más difícil y ridículo,
porque nadie quiere imaginar
a un anciano enamorado,
es decir, amando de facto,
con el cuerpo, con las manos, con el sexo,
y entonces, nuestro amor anacrónico,
gerontofílico,
no será más que una crema antiarrugas
para untarnos por las mañanas,
un licuado rejuvenecedor
o una mezcla de jugos cítricos
que nos ayude a enfrentar mejor
el catarro del futuro,
para que podamos decirnos con calma:
«Te amo, seas quien seas»,
«Qué bueno que seguimos juntos, como te llames».

 

III

Qué lastima que mi amor por mí
terminara tan pronto
con tanta vida por delante
Si hubiera hecho algo
si me hubiera puesto atención
todavía me amaría
como me amé desde el momento
en que me conocí

Era tan feliz conmigo
¿Cómo no lo vi venir
con todos esos anuncios?
«Esto no está funcionando»
«No siento que vaya a ninguna parte»
«¿Cómo me imagino en veinte años?»
«¿Es que no sé hacer otra cosa?»
«Tengo que salir con otras personas»

Recuerdo la primera vez que me vi
joven y sonriente
jugando quién sabe a qué
con la sola intención de divertirme
¿Cómo iba a olvidarme de mí
si todavía aparezco en cada uno de mis sueños
si cuando despierto asustado a media noche
a causa de una pesadilla
me conforto hasta poder pegar pestaña
si a nadie consiento tanto
ni concedo todos sus antojos como a mí?
¿Será eso?
¿Me habré malcriado, mimado, malacostumbrado?
«¡Debería agradecer todo esto que hago por mí!
¿Quién más me trataría así?»
¿Dónde está mi compromiso conmigo?

No debería tratar de conquistarme con tanta insistencia
esas cosas nunca salen bien
Si me diera un tiempo para volver
con mi mejor versión de mí
¡Pero hay tanto que ya no me soporto!
¿Cuántas veces me he engañado?
Debería distraerme un rato
y no juzgarme tan duro
dedicarme a mis propias ambiciones
conseguir lo que quiero
para llamar mi atención
para despertar mi interés
y volver finalmente a mí
«Déjate en paz un rato.
Si te interesas te buscarás»

 

IV

Nos dimos la mano cabalmente
nos miramos a los ojos
y nos despedimos
como si hubiéramos pagado algún servicio
y las cuentas hubieran quedado saldadas
por fin entre nosotros
Nos estrechamos la mano
para dar fe de lo ocurrido
Corroboramos
en pleno uso de nuestra facultades mentales
el regreso mutuo de nuestras pertenencias
(aunque olvidáramos algunas deliveradamente)
y evaluamos nuestro desempeño
(siempre en el buzón de sugerencias)
para mejorar cada quien en el futuro
y reducir al mínimo las dificultades
en el trato con nuestros siguientes proveedores

Nos dimos la mano por unos segundos
registro detallado de nuestras personas
para no darnos de nuevo el corazón
equivocadamente
pusimos fin a nuestra colaboración
en este mundo de metas y objetivos
de resultados cuantificables y predecibles
y nos deseamos lo mejor

¿Qué dejamos en el mundo
ahora que nos disociamos?
¿Podemos señalar una pila de neumáticos en llamas
donde ardan nuestros rencores
un aviario que resguarde el nido de zanates
que eran nuestros ojos
en cada cruce de miradas
una embarcación que pueda llevar nuestros deseos
al otro lado del mundo
junto con nosotros
un libro fiscal con los pormenores
de nuestras transacciones?

Productividad aparte
rendimientos a un lado
haciendo caso omiso de los réditos
finalizamos nuestro contrato
con un gentil estrechón de manos
según la costumbre y enseñanza
de construir hoy un futuro libre de aristas
Y según la cautelosa sabiduría laboral
de la eficiencia
redujimos el trabajo
y optimizamos el resultado
mediante la más cordial de las despedidas
Acentuamos nuestras fortalezas
consideramos nuestras áreas de oportunidad
nos responsabilizamos de nuestras debilidades
para enfrentar lo mejor posible cada una de las amenazas
y depositamos todo en esta breve unión de nuestras manos

He aquí que nos hemos desamado

Gracias
Vuelva pronto

 

 

V

Espero que me transfieran a otro departamento en unos días. Debo dejar de redactar, de corregir, de publicar reseñas. Es posible. Siguiendo las prescripciones del editor en turno. Me receto descanso, carbohidratos, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más los fines de semana? El fin de semana se puede ir al cine a ver todas las películas como se vayan estrenando sobre la faz de la tierra o se les puede ver en casa. Te voy a contratar una membresía para ti sola. Bajo tu nombre. Porque las mejores películas se ven a solas.

Se puede tomar café también como una actividad lateral a nuestra cama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: “está muy ácido”, “está cargado”, “¿dónde está la crema?”, “está más rico el de Oaxaca”… Entre tus cuates, a un lado de tus cuates y los míos, te he dicho “no le pongas azúcar” y tú sabías que te decía “te quiero”.)

Nada más los fines de semana, para reunir todo el amor del tiempo y llegar al cien el sabadaba. Para dártelo. Para que hagas con él lo que tú quieras: presumirlo, criticarlo, restregárselo en la cara a tu familia. Quién quita y sirve, no sabemos. Es sólo que prefiero los fines de semana para poder trabajar a solas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de una oficina para entrar a otra.

 

VI

Qué difícil es tolerar
a quienes siempre tenemos
una respuesta para todo.
¿Qué habrá después de la muerte?
Nada.
¿Cómo dormiste?
Bien.
¿Me amas?
Claro.
¿Cuánto?
Tanto como puedo
dadas las condiciones
generadas y delimitadas
por el tiempo verbal de tu pregunta
y el momento en que la formulaste,
pero también tanto como lo necesites,
en la medida en que esté capacitado
para demostrarlo y ejercerlo,
pues el amor es una manifestación
liberada de ideas y promesas,
constreñida sólo dentro de los actos
que lo ejemplifican y definen.
¿Me lo prometes?
Siempre que pueda.

Por fortuna,
también hay gente
que tiene una pregunta parta todo.

 

Escrito por Ulises Granados

Ulises Granados (Distrito Federal, 1984) ha publicado minificciones, poemas, ensayos y cuentos en revistas como F.I.L.M.E., Deletéreo, La liebre de fuego, Primera Página, Lee+, Mígala y Punto en línea. Desde 2009 elabora el blog Antología sin poesía (www.antologiasinpoesia.blogspot.com). Es guitarrista de la banda de rock swing Cotton’s. En 2013, lanzaron Cotton’s, su primer EP, el cual reeditaron en 2016 con dos tracks nuevos. Es practicante de jiu jitsu brasileño y judo.

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