Este texto fue leído en la presentación del libro de poemas La Luz de un álamo de Marcos Wertheimer. Editado por Milena Cacerola en la primavera del 2015.

Ph: Andrea Chacón Álvarez

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Hay una frase de Spinoza muy famosa que hoy se ha convertido en una especie de slogan, grafitti que asalta las paredes de las calles, los muros de Facebook: “nadie sabe lo que puede un cuerpo”.

Ante esta frase, nuestra mente histórica, atravesada por el positivismo, el biologismo, el psicoanálisis posvictoriano, Osho y el cine de superhéroes, imagina las capacidades ocultas de un cuerpo humano, que no sabe todavía que puede transmutar o levitar o sanar, un cuerpo que descubre un día que puede quizá atravesar las paredes, tener visiones o autorestaurarse. Nos gusta pensar que esto es posible, no lo descartemos, pero quiero que vayamos por otra parte.

Cuando Spinoza, tres siglos antes del positivismo, el voluntarismo y la conquista europea de oriente, dice “cuerpo” piensa en algo bastante diferente a lo que pensamos nosotros. Para entenderlo, tendríamos que remontarnos a nuestra clase de geometría o de física y recordar que cuerpo es todo aquello que ocupa un lugar en el espacio. Y nadie sabe lo que puede todo aquello que ocupa un lugar en el espacio.

Parto de acá porque el otro día estaba en mi clase de danza y en el momento de entrar en el trabajo, hicimos un par de respiraciones, sintiendo el aire “abrir espacio” entre los órganos, “abrir espacio” entre los huesos y los músculos, “abrir espacio” entre los nervios, los cartílagos. Y entonces pensé “yo soy un cuerpo que ocupa lugar en el espacio” y en eso me igualo a esta mesa, este …. O esta….

¿Qué es un cuerpo en el espacio y qué es la danza de un cuerpo en el espacio? Es el camino inverso para pensar el poder de un cuerpo: no ya mi cuerpo humano/vital/espiritual, poderoso en tanto que se distingue del resto de las cosas, sino mi cuerpo espacial, material, capaz en su singularidad de estar ahí, de permanecer ahí y de moverse, de empujar o ser empujado, capaz de actividad o pasividad, exactamente igual a todo aquello que me rodea: una especie de inmensa democracia del poder, simple, de habitar el espacio. Un poder simple pero monumental. El poder de la presencia: de un cuerpo ocupando su lugar, el propio lugar.

Estamos acá para celebrar la aparición de un nuevo cuerpo: este libro de poesía. Esta presencia en esta presentación trae consigo el poder simple de estar ya acá entre nosotros, entre las cosas. Cuando lo abran, cuando lean sus versos, van a ver cómo este libro evoca, constantemente, lo que él mismo es: un cuerpo en danza. Un cuerpo en movimiento que llama a otros cuerpos para que, a su vez, muestren su danza propia. Ese movimiento auténtico que se despliega en el despliegue rítmico del poema. Los poemas: cuerpos organizados por un ritmo, que convocan otros cuerpos y les abren un espacio en el cual puedan mostrar su propia danza y el movimiento general de todo lo que existe.

DANZA ETERNA

Los cuerpos bailan una danza
que no conocen,
música silenciosa de las nubes,
bailan sin saber que son agua
que pronto caerá sobre esta plaza
de cuerpos solitarios,
cadencia continua, edad sin rumbo.

Bailan una danza de soles abiertos,
pretenden olvidar
al compás de las memorias
en que el tiempo era una brisa entre las lilas.

Aquí en la plaza
el viento arrastra hojas
secas
la danza continúa:

No se puede escapar del poema escrito en nuestra frente.

Este libro es una búsqueda de la singularidad de los cuerpos, de todos los cuerpos que existen entre nosotros. Es una búsqueda del movimiento genuino de cada cosa, una búsqueda para la que es necesario detenerse reverente frente a todo y observar, con detenimiento, su danza. Está aquí entre nosotros un flamante cuerpo. Un cuerpo-libro que busca la luz, no de los álamos, ni del álamo… sino la luz de un álamo, en su infinita y sagrada singularidad. Le damos la bienvenida a este libro, que ahora ocupa su lugar entre las cosas.

Escrito por cecilia perna

Nací en 1979. Soy profesora y poeta. Publiqué los libros: La boca de Mercurio (Siesta, 2003), Libro Chino (Gog y Magog, 2009), el libro-álbum Vísperas (Zorra/poesía, 2009) y su reedición ampliada, Otra Víspera, (Buenos Aires Poetry, 2016), además de Australia (El ojo del Mármol, 2017). Estudié Letras en la UBA. Para contrarrestar la quietud física que acarrea la escritura hago -un poco de coté- danza, teatro o pintura por aquí y allá.