El primer contacto fue virtual, nos acercaron las brujas; el universo y sus recursos fantásticos. Pronto la palabra hizo lo suyo, explotó el hechizo.  Además, en ambas habita el verbo sediento de lo trascendente, la urgencia del aroma ajeno. Teníamos que encontrarnos.

Pasaban las horas y no podíamos despegarnos de la ventana deslumbrante. Así que no pude evitarlo, terminé confiándole mi fascinación por las extrañas; ella se aproximaba rápido, cada una de sus frases develaba un poco de lo que le habitaba, parecía venir desde el pasado, desde mis otras vidas, desde todos mis flancos. Mujer alífera. Así que antes de que se perdiera el inicial misterio, se lo dije y le pedí que viniera. Que me permitiera atrapar un poco de su esencia en las páginas de mi Diario de encuentros. Le propuse que cruzara medio país y se exiliara un fin de semana en territorios insulares. Y como es una extraña excepcional, un extraña entre las extrañas, aceptó de inmediato.

Decidimos no volver a conversar hasta estar frente a frente. Arribó a esta isla el viernes siguiente. Fui por ella al aeropuerto. Hice algo que no acostumbro, arbitrariamente preparé el café con el que la recibí; no supe si le gustó, pero lo bebió hasta el fin. En todo momento sonrió luminosa.

Llegamos a mi casita para que pudiera dejar su equipaje; le pedí que le pronunciara un par de palabras como ceremonia, para poder entrar a mi hogar, mi templo, y con cara de sorpresa murmuró algo que no alcancé a descifrar, pero todo fluyó perfecto. El aleph que cuelga del techo giró como gesto de asentimiento.

Nos quedamos solas, la invité a sentarse en el gran sillón; lo primero que se me ocurrió fue mostrarle el libro, ese que habla del retorno de las brujas, presumirle que lo había conseguido; debo confesar que estaba nerviosa. Me dijo que lo discutiríamos después, quizá a la hora de la comida; así que dejé las copias sobre la mesita, y acerqué una silla para colocarme frente a ella. Nos miramos en silencio durante algunos minutos, hasta que una sonrisa rompió el momento. Me puse de pie, me acerqué y posé las rodillas en el cojín, junto a sus piernas; toqué su mejilla con mi boca. Dilatamos el tiempo. Volteó a verme, ruborizada; comenzó a moverse con el deseo de un abrazo. Nos envolvimos. Me quité los zapatos, y de nuevo me acomodé en el cariño, en un mar que parece ser por siempre tuyo. No hubo besos, no hubo palabras, pero sobró la complicidad y las almas se acariciaron.

Una vez que saldamos apapachos, nos dispusimos a desayunar. Cocinar junto a una extraña es un ritual memorable. Ni se diga alimentar a esa otra, a esa alteridad. Acompasar las manos sobre la barra, estrujar las verduras de manera similar.

Después de alimentar el cuerpo nos fuimos a mi malecón; rentamos una bicicleta doble para poder llegar a la primera playa. Una vez allí, hablamos de nuestras pérdidas, le entregamos al mar toda la ausencia, los males, los deseos, las miradas. Y como era temprano, el Coromuel estaba sólo, así que sin pensarlo, para liberarnos y adoptarnos, nos sumergimos desnudas.

Aunque tenga fascinación por las personas extrañas, no suelo confiar en nadie cuando del mar hablamos, sin embargo confié en esa mujer, en la firmeza de sus muslos acariciados por las olas, en sus brazos como peces, y por primera vez, comencé a flotar, apoyada en sus manos.

 

 

Escrito por MARISABEL MACÍAS

Nació en Los Mochis, Sinaloa (1986). Es sudcaliforniana por convicción, y ahora, habitante silenciosa y turbulenta de la Ciudad de México. Licenciada en Filosofía por la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS), exploradora eterna de la sabiduría. Feminista. Lectora. Amante de la docencia. Promotora de lectura. Ganadora del Premio Estatal de cuento Ciudad de La Paz, 2014, con el libro de relatos PENNY BLACK. Becaria de FESTIVAL INTERFAZ DE ISSSTE-CULTURA 2014 (Primera generación). Publica en su propio Blog y en algunas Revistas virtuales (RojoSiena, Liberoamérica, Sudcalifornios.com, ProyectoCascabel, Pez Banana, entre otras). También cuenta con publicaciones en revistas impresas de circulación nacional (CantaLetras, Grito Zine, Solar y Libélula nocturna)