Cercana a la capacidad de clásicos como Oscar Wilde, para mostrar el desconcierto y desencanto del mundo actual, y próxima a la agudeza de autoras locales contemporáneas como Inés Garland, para describir los intersticios de los vínculos humanos, Matar a los Testigos de Mirta Ovsejevich expresa y reconvierte lo mejor del humor y de la tragicomedia argentina. Desde una voz potente y original, que invita de inmediato a involucrarse en escenarios que a veces de tan ‘verdaderos’ nos espantan en la risa, Mirta nombra con elegancia, comicidad y sutileza la presencia constante de lo oculto, lo rechazado, de la mentira y de la muerte, en nuestras vidas. Como un amor que abandonamos sin explicaciones, con el que algún día tendremos que volver a vernos la cara.
En este diálogo nos abrimos a su mundo, a los sentidos de este libro recién publicado por Kintsugi Editora…

Para empezar, si nos querés contar un poco cómo surgió Matar a los Testigos, en qué momento de tu vida, de tu trabajo…

Yo empecé a escribir de manera sistemática cuando mis dos hijos crecieron y de a poco, se fueron de casa. Había ganado un premio en un concurso de guión de largometraje, en 2006, y luego escribí y publiqué la novela “Solo pido que sea presentable”, en 2015. Venía guardando ideas en un archivo, principios de situaciones que no sabía cómo seguir, algunas cosas que había visto o escuchado en la calle…Empecé a desarrollarlas de a una por vez, como quien tira de la punta de un ovillo. Tardé bastante en armar las historias, siempre de a una. Hubo correcciones, muchas, de mi profesor de taller, Ariel Bermani, y sugerencias de lectores amigos. Lo más difícil eran los finales. Como lectora, no me gustan los finales tan abiertos dónde uno se queda pensando qué pudo haber pasado, por qué se terminó ahí y no en otra parte. Tampoco está bueno que al final de un cuento se explique todo para asegurarse que el lector entienda. Se supone que uno escribe con claridad y que el lector tiene la suficiente inteligencia para entender. Entonces me pareció importante que los cuentos tuvieran finales que les dieran sentido, que los resignificaran. Así fui trabajando cada uno.

Una de las primeras cuestiones quizás al querer situar esta serie de 11 cuentos en su registro en la tragicomedia que se cruza con lo fantástico, como en el relato «Almas» o con la intriga y el suspenso, como en «Georgina». Más allá de una necesidad de clasificación ¿Qué dirías de estos registros y del tono que logras a través del libro?

En mis relatos yo trabajo con absoluta libertad. No me fijo si voy a trabajar el suspenso con la ciencia ficción o qué con qué. Escribo lo que me sale y me gusta. Tomemos por ejemplo la tragicomedia. La vida, en general, es trágica, y para soportarlo, inconscientemente, me acostumbré a buscarle la parte divertida que permitiera superar ese dramatismo. Salir del drama gracias al humor. Eso me ayuda mucho, en lo que escribo y en la vida.

Los escenarios y los personajes encajan perfecto, uno se involucra enseguida, muestran lo mejor de la tradición costumbrista, ¿Tenés autores, obras, referentes en esta línea?

No, realmente no.

Otra cosa que puede decirse es la capacidad de caracterización de personajes, con protagonistas en su mayoría mujeres, ¿Qué decís de esto? Pensaste a priori en trabajar una idea de ‘lo femenino’, como lugar, como acontecer, como configuración singular o social…

Cuando creo un personaje, me lo imagino como si viera una foto, basándome en lo que voy a contar. Hasta que no tengo la foto en la cabeza no empiezo a escribir. Desde el color de cabello hasta qué tipo de ropa usaría, y qué cosas podría llegar a hacer y qué cosas no. De ninguna manera pensé en trabajar “una idea de lo femenino”. Simplemente me salió así, aunque hay un par de historias en las que el protagonista es hombre. Será que como mujer, manejo mejor el punto de vista femenino.

En este sentido también hay mucho de aparición de la extrañeza, como miedo conjugado con absurdo, como un desconocimiento de aspectos de las personas más cercanas; esto lo veo por ejemplo en «Quiero morir vestido» o en «Mi vecino», entre otros …

Sí, la extrañeza es una sensación que me gusta introducir en mis relatos. Me parece que eso los vuelve inquietantes. Los personajes no saben que son inquietantes. De esto se dan cuenta los lectores, y generalmente, cerca del final del cuento. Los acompañamos durante todo el relato y al final nos damos cuenta que estuvimos acompañando a alguien de quien no sabíamos nada. Tiene algo de siniestro: conocido y desconocido a la vez.

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Es también lo que desconocemos de nosotros mismos…

No sé, yo no me siento así, capaz de pensar una cosa y hacer otra.

Se plantea la idea de la desnudez, que de hecho es tema en estos dos cuentos que decíamos, y del juego de las apariencias, donde mostrás un gran manejo de la sorpresa…

El manejo de la sorpresa es algo que tengo incorporado desde que empecé a aprender cómo hacer un guión cinematográfico. Sin sorpresa o suspenso no hay relato posible, para mí. Esos relatos donde no hay ninguna tensión, aunque estén muy bien escritos, para mí no son interesantes.

También se entrevén varias nociones sobre el tiempo, por ejemplo en personajes que quedan anclados en una perdida…

Sí, en “Lo que esté viejo”, traté de imaginarme lo que les pasa a dos personas mayores, que están llegando al final de sus vidas, que van a quedar inactivas, sin proyectos. Al final del relato no hay reacciones. Parece que lo aceptaran con resignación. Pero no sabemos qué pasaría con el paso de los días. Es el único relato con un final sin sorpresa

La soledad es otro gran tema que abordás con mucha destreza…

Sí, somos amigas desde la infancia.

«Freezer» me parece genial como soliloquio de una obsesión consumista…

Esa era la idea. Como una cosa kafkiana además. Pero la idea era un poco desmitificar esa creencia de que con dinero la gente es feliz y hace lo que quiere. Esta mujer tiene dinero, quiere algo, y no le resulta nada fácil conseguirlo. Obvio, es más fácil conseguir un freezer con dinero que sin él, pero el dinero solo no te abre la puerta de la felicidad. Algo que tendría que ser tan fácil como la compra de un objeto material a cambio de dinero la deja sin aliento y al borde de la locura. No hablemos de las cosas que ni siquiera se consiguen con dinero.

Para finalizar, ¿Proyectos en danza? Estás por publicar dos nuevos libros…

Sí, acabo de publicarlos y presentarlos. Apenas termina la Feria del Libro van a estar en las principales librerías de Capital y del interior. Los distribuye Galerna. Son dos novelas: “Gstaad, 1996” y “Quiero tener todas las noches esos sueños”. Y tengo dos proyectos más, pero por ahora son solo ideas.
Gracias.

Gracias a vos, Mirta!

Sobre la autora

matar a los testigosMirta Ovsejevich nació en Buenos Aires. Estudió derecho y es escribana pero también se dedicó a escribir. Es guionista y entre sus trabajos se destaca Bonita —largometraje premiado por Cine-Ar en 2006.

Participó de varias antologías y es autora de la novela Solo pido que sea presentable (Ediciones del dragón, 2015);  de la serie de cuentos Matar a los testigos (Kintsugi editora, 2017) y de las novelas “Gstaad, 1996” y “Quiero tener todas las noches esos sueños” (2018),  que acaban de publicarse por Editorial Galerna.

 

Escrito por Roxana Molinelli

Roxana Molinelli (Quilmes, Buenos Aires, Argentina 1983), es licenciada en sociología, orientada a temas psico-educativos y terapéuticos y escribe poesía. "las mañanas, el deshielo" (2016, El Ojo del Mármol, Bs. As.) es su primer libro publicado. Poemas suyos figuran en blogs y revistas digitales, participa de ciclos de lectura y performances. Es parte del Cluster Bs. As. Liberoamérica, desde el cual co-organiza el ciclo "Escrituras. Abiertas". Junto a Bárbara Alí coordina el taller de lectura y escritura creativa "Geologías"