Carta de Verónica a Sergio*
Han pasado tres años. La enfermedad avanza. No te escribo para que regreses, Sergio. Te escribo porque escribiéndote lo recuerdo todo. Es la única forma. Cuando discutimos aquella vez en Venezuela, unos meses después, te escribí cinco cartas. Estaba desesperada, y lo sabías. Siempre supiste que regresaría a ti, que buscaría la forma de volverte a encontrar entre los pasillos de la universidad. Pero Sergio, ¿por qué no me buscaste? Estuve ahí por tanto tiempo que mi cuerpo empezó a debilitarse. Envejecí, solo un poco para comprender que nunca más regresarías. Lo atribuyo a tu ego, mezquindad y egoísmo. Te culpo a ti de mi silencioso sufrimiento. Tres años, Sergio. Han pasado tres años. Te he pensado aunque los recuerdos se desgarren. Es un desgaste emocional, una sensación de ahogo y desasosiego. Me siento muy sola, si es eso lo que quieres saber. Tus últimas palabras fueron un disparo hacia mis emociones. ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué esa contundencia? ¿Por qué buscar la forma de herirme? Siempre fuiste muy detonante, imbécil y descuidado. ¿Ves cómo me dirijo hacia ti? No es una novedad. No me importa si me odias, Sergio. Nunca podrás sacarme de tu cabeza (aquí pensarás cómo yo tampoco puedo sacarte de la mía), ni el recuerdo de mi aroma cuando despiertas en las mañanas. Te hice vivir otra vez. ¿Cómo se olvida algo así?
Te preguntarás por qué sigo esperando tus cartas y la verdad es que no tengo ninguna respuesta. O tal vez sí. Sí, tengo una respuesta. ¿Cuál es la respuesta? Bueno, es la ilusión. Esa ilusión que me diste, esa promesa de amarme hasta el final de tus días, por todas las demás promesas. Por el amor, ¿no? Por la necesidad también, Sergio. Esa necesidad que me nubla los sentidos. Es esa poca dignidad que tengo para detenerme. Pero, ¿cómo le dices a un corazón que ama con locura descontrolada que deje de hacerlo? Dímelo y lo haré. Te lo prometo. Se me acaban las ideas y el falso odio se convierte en un motivo para recordarnos.
Siento la enfermedad germinar en mi cerebro. En cualquier momento, mis recuerdos se detendrán. Es raro, ¿sabes? Saber que dejaré de escribir. Verás, la he heredado. Supongo que a mi abuelo se le olvidó contarnos cómo murió. Te dije que nunca supe de su vida, ni cuando se marchó. Era ajeno a todos.
¿De qué murió, mamá?
De olvido, me dijo un día.
¿Las personas se pueden morir de olvido?
Si no tenemos nuestros recuerdos, ¿para qué vivir?
¿Por qué nunca me buscaste? Creo que ya te lo pregunté, ¿no? No lo recuerdo. Tampoco tengo muchas ganas de volver a leer lo que he escrito. Mi cabeza va a estallar. Me prometí no volver a escribirte, pero supongo que soy débil. ¿Dónde vives ahora? ¿Te fuiste a París? ¿Estás en otra ciudad? No creo que importe demasiado. Si quisieras saber de mí, si realmente estuvieras arrepentido, si me extrañaras, sabes dónde encontrarme. Yo me quedé en el mismo lugar. En el mismo barrio, en el mismo Barquisimeto de siempre. ¿No lo extrañas? ¿No me extrañas? Una de nuestras amigas me dijo que te vio deambulando en la librería del centro, perdido entre un montón de libros, sonriendo por ratos. Se te acercó y te preguntó cómo estabas. No quisiste hablar respecto a mí y esquivaste todas las preguntas. Entonces ella lo supo y yo lo supe también. Dejaste de amarme. Pues ese es el motivo de mi carta, Sergio. Quiero que me digas cómo lo lograste. ¿Me lo dirás? Por favor Sergio, ¿me lo vas a decir? Estaré esperando en el mismo sitio.
¿Alguien no me dijo que te habías ido? La casa está abandonada. Entonces, ¿dónde llegarán mis cartas? Sí, tengo otras, en estos años, escribí demasiado. Escribo todos los días. Ese es el único escape para un escritor, Sergio. Seguir escribiendo. Buscar en el dolor y en la pérdida, la inspiración para crear una historia. La escribo pero no va a gustarte, amor. Es lo que sucede con las historias de amor y a mí no me gustan los finales felices.
Yo también quiero intentarlo. ¿Vas a decirme cómo dejaste de amarme? He olvidado las primeras líneas de esta carta. ¿Te pregunté si estabas bien? ¿Te dije que te sigo esperando? ¿Dónde están tus cartas, Sergio? ¿Por qué no me has escrito?
No sé por cuánto tiempo. Tengo muy poco.
Sergio, ¿estás ahí?

 

 

 

*quizás sea una novela en avance.

Escrito por Yoselin Goncalves

Yoselin Goncalves nació en la ciudad de Barquisimeto, Venezuela, el 21 de mayo de 1993. Comenzó escribiendo relatos de índole romántica, pero después se inclinó por la fantasía y el terror. Se graduó de bachiller en ciencias en 2010 y en 2017 culminó su Licenciatura en Publicidad y Mercadeo con énfasis en imagen corporativa en la UIP (Panamá). Ha trabajado en distintas áreas de marketing, ventas y administración. En 2016 realizó el taller Escriba y Publique su Libro, dictado por Ileana Golcher en la USMA. En 2017 cursó el taller de Formación de Escritores PROFE del INAC en la misma institución. Los libros de la bilogía El acecho de los inmortales (volúmenes I y II) fueron publicados en Amazon y otras plataformas digitales, tanto en formato físico como digital, entre los años 2016 y 2017, y fueron presentados en la Feria Internacional del Libro en Panamá 2017. En septiembre del mismo año, la autora obtuvo una mención de honor en el Concurso Venezolano de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción SOLSTICIOS, por su relato «La mujer del lago» en la categoría «fantasía». En marzo de 2018, su cuento «Te llevo en mis venas» fue FINALISTA del II Concurso Internacional de Cuento Breve TODOS SOMOS INMIGRANTES de México. Sus escritos aparecen publicados en diferentes medios.

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