*Crónica de las hazañas del movimiento estudiantil autoconvocado dentro de la UNAN-Managua.

Fotografía: Danilo Castañeda

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Barricada levantada cerca del portón 4 de la UNAN-Managua. Foto por Danilo Castañeda.

Es la madrugada del viernes 11 de mayo del 2018 en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua de Managua (UNAN-Managua). Desde la tarde hasta el anochecer hemos esperado, ansiosos, el ataque mixto de la Juventud Sandinista (JS) y la Policía Nacional.

Los estudiantes universitarios estamos atrincherados en diversos puntos de nuestra alma mater, cuidando celosamente cada portón, organizándonos. La toma de la UNAN-Managua se realizó desde el lunes 7 de mayo, en repudio hacia las acciones que el gobierno de Nicaragua ha tomado en contra de la población desde el 18 de abril y en total rechazo hacia los llamados dirigentes de la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN), otro tentáculo más de la dictadura Ortega-Murillo inmiscuido dentro de las universidades públicas.

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Oficinas de UNEN dentro de la UNAN-Managua. Foto por Danilo Castañeda.

Muchos se preguntaban: “¿Dónde está la UNAN? ¿Dónde están sus estudiantes, históricamente conocidos por su aguerrida conducta?”.

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Estudiante dormido por la mañana después de noche de vigilia. Foto por Danilo Castañeda.

En Managua la chispa de la resistencia fue prendida por los estudiantes de la Universidad Centroamericana (UCA) quienes fueron los primeros en rebelarse a modo de platones en las calles, debido a la extensa quema de la que fue víctima la Reserva Indio Maíz, ubicada en la parte caribe sur del país. Fueron brutalmente agredidos por la JS y la policía el 18 de abril. Varios periodistas televisivos que cubrían los acontecimientos fueron asaltados y golpeados por estas turbas paramilitares del régimen Ortega-Murillo.

Después de tales sucesos la Universidad Politécnica de Nicaragua (UPOLI) de Managua fue tomada por sus estudiantes y pobladores aledaños. Ha estado en resistencia desde el 19 de abril. Ellos fundaron el primer movimiento 19 de abril, nombre que ha sido tomado por muchos de los autoconvocados de otras universidades. Varios muertos y muchos heridos han salido de este recinto.

En el recinto Simón Bolívar de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) se dieron varios enfrentamientos que culminaron con la destrucción parcial del recinto y la caída de la resistencia estudiantil de esta institución.

Por otro lado, la Universidad Nacional Agraria (UNA) protestó varios días. También tuvieron enfrentamientos con la Policía y JS que repelieron con éxito, hasta lograr un acuerdo entre profesores y estudiantes para evitar más heridos y normalizar sus actividades académicas, que han vuelto a ser parcialmente paralizadas por la actitud déspota del estado.

Mientras tanto, los estudiantes de cada universidad andan mezclados y participando activamente en la UPOLI y UNAN-Managua.

“Despertó el gigante”

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Logotipo de la UNAN-Managua

La UNAN es la universidad más grande de toda Nicaragua. Según el sitio web de dicha institución, la UNAN fue gestada en el seno del Seminario Conciliar de San Ramón en León alrededor del siglo XVII y finalmente fundada en 1816 gracias a las acciones del padre Agustín Ayestas y al obispo Nicolás García Jerez. Pero es hasta 1947 cuando la UNAN-León es elevada al rango de universidad nacional. En 1956 el Dr. Mariano Fiallos Gil, padre de la novelista nicaragüense Rosario Fiallos de Aguilar, es nombrado rector y quien logró la autonomía universitaria, de ahí surge el lema de esta alma mater que dura hasta el día de hoy: “A la libertad por la Universidad”.

La UNAN-Managua surge en 1958 gozando de los avances logrados en la UNAN-León, y luego se diversifica por el norte y sur del pacífico y centro del país. Posee 3 recintos en Managua, la capital, y cuenta con Facultades Multidisciplinarias Regionales en Estelí, Matagalpa, Chontales y Carazo. Por ello es conocida como el gigante universitario.

Solamente en la UNAN-Managua estudian alrededor de 40,000 estudiantes.

Las autoridades de la UNAN-Managua anunciaron el regreso a clases para el lunes, 7 de mayo en un contexto sociopolítico y académico totalmente convulso por los sucesos anteriormente citados. Muchos estudiantes de la UNAN-Managua hervíamos de indignación, sobre todo al darnos cuenta que los representantes de UNEN Nacional habían desalojado a punta de piedras, morterazos y palos un pacífico plantón en reconocimiento de la situación del país que había organizado un grupo de estudiantes, cercano al portón 2.

Iris Valeria Cruz Martínez, presidente de UNEN-RURD, encabezó las agresiones hacia estudiantes que se manifestaban pacíficamente dentro del recinto. 

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Presidente de UNEN del recinto universitario Rubén Darío de la UNAN-Managua. Tomada de la página de FB La Dirigencia de UNEN no me representa.

“Si viera usted cómo agarraban a los pobres chavalos esos malditos de UNEN… Lo que más me enojó fue cómo desmayaron a una muchacha, un huevón la golpeó con un lanzamorteros y delante de las autoridades… Uno no dice nada por su trabajo, pero no quiere decir que esté de acuerdo”, me relató un vigilante de la UNAN. Los vigilantes caminan desarmados por el recinto, tratando de mantener la calma y bromeando entre sí, pero saben que han sido abandonados a su suerte, al igual que los estudiantes. Y les duele. Pero la solidaridad en medio de tanta desgracia ha fortalecido los lazos entre estudiantes y vigilantes, cuidándonos entre nosotros.

Sabía que la UNAN sería tomada ese día, pero no estaba muy segura: todo eran rumores e invitaciones desde cuentas con nombres cambiados en el grupo de Facebook de la universidad, pero nada que inspirara confianza. Temía, además, más ataques de parte de UNEN siendo yo una persona cuya única arma es la palabra. Mi grata sorpresa fue ver que la rebelión contra UNEN era mayúscula: alrededor de 700 estudiantes estaban, de pie, cercando el pabellón de Vida Estudiantil, exigiendo las cabezas de los representantes de tan viciada institución y su inmediata destitución.

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        Tomado de la página de FB La Dirigencia de UNEN no me representa.

Desde ese día la UNAN ha sido tomada. Pude constatar el nivel de organización de mis compañeros a partir del día siguiente, cuando regresé a Managua y decidí que documentaría la lucha como periodista/estudiante desde el interior de mi casa de estudios. Pero la entrada no ha sido fácil: la desconfianza está exaltada entre los estudiantes, y de no haber conocido bien a los dirigentes del comando del portón 4 difícilmente hubiéramos podido ingresar con tanta presteza. Lo bueno fue que traíamos varios días de entrenamiento de la UPOLI y sabíamos cómo movernos entre tanta suspicacia.

Durante esos días upolianos supe literalmente lo que significaba la expresión “cagarse del susto”, y no porque mi esfínter me jugara una mala pasada (afortunadamente), sino por el desorden gastrointestinal que se desató con furia en mi organismo desde el primer día de las protestas que miraba avanzar, expectante, desde las redes sociales y noticieros. A pesar de las dolencias no dejaba de pensar, reportar y vivir mi deber como miembro de la comunidad universitaria.

Lograr la cordialidad entre tantas personas desconocidas ha sido una de las tareas más difíciles en estos días de lucha. Aunque mostraras tu carné de universitario, te identificaras y mostraras evidencia de tu respaldo a la militancia estudiantil por medio de tus redes sociales, no es nada sencillo que te crean. La paranoia por los infiltrados, desatada desde los primeros días de la UPOLI, no tardó ni un segundo en llegar a la UNAN. Relaja un poco a los ofuscados nervios pasar varios días dentro, sin armar el relajo y procurando ser útil en cada pequeña tarea que se presenta: cargar donativos, abrir una puerta, presentarse, un silbido discreto al cruzarse con un soldado incógnito en los pasillos…

Aclarar los malentendidos es crucial, pero muchas veces el orgullo propio, malicioso, no quiere ceder. Me tocó vivir la desagradable experiencia de que nos obligaran a borrar fotografías cuando salíamos del recinto, atropello que es un atentado contra la libertad de prensa que defendemos con tanto ahínco los periodistas. Pero volvimos, aclarada la situación gracias a los dirigentes y comunicadores internos que andan reportando lo que sucede por todo el recinto.

No somos el movimiento 19 de abril: somos UNAN

Aunque el nombre de Movimiento 19 de abril se ha popularizado entre los distintos movimientos estudiantiles autoconvocados, en la UNAN-Managua las cosas han sido un poco distintas.

En una rueda de prensa, articulada a tan solo 2 días de la toma de la universidad, fue brindada por los voceros temporales de los estudiantes de la UNAN. Los chavalos se autodefinen  como estudiantes de la UNAN, y punto. Luego se decidirá un nombre formal, cuando todo esté mejor articulado. Hay varios estudiantes de dicha mesa que han servido en cuerpo y alma a la causa; otros, menos participativos, solo buscaban el foco de las cámaras.

Por otro lado, las autoridades de la UNAN-Managua leían su comunicado en otro de los recintos de Managua, pues sabían que los estudiantes no iban a permitir el ingreso de las cámaras de Canal 2, canal de televisión danielista.

Inicialmente fueron los voceros de la mesa temporal los que tomaban ciertas decisiones tales como los comunicados a emitir. Varios de ellos temían quedarse en la UNAN por la noche, a la vez que criticaban sutilmente el comportamiento improsulto y aguerrido de los que resguardaban los portones. Fue una grata sorpresa para mí darme cuenta que, debido a la ineficiencia y falta de coordinación de varias personas de esta mesa inicial, la dirigencia pasó a donde debió estar desde el inicio: en los líderes de los comandos de cada portón, quienes han dado la cara y arriesgado sus vidas por cada estudiante dentro y fuera de la institución. Y es que la UNAN no ha sido tolerante con los oportunistas. Muchos estudiantes de la UNAN estuvieron presentes en las primeras batallas de la UNI y la UPOLI, en donde aprendieron de los errores cometidos y se prometieron no cometerlos en la UNAN.

La primera noche que permanecimos en la UNAN me resultó aterradora. Ya había estado hasta amanecer en mi universidad, pero ese aire enrarecido de histeria silenciosa me perturbaba. Sus pasillos me resultaban tenebrosos, las caras de los estudiantes, cubiertas, me daban desconfianza y pensar en lo extenso del terreno, así como su vulnerabilidad me daba una sensación de amenaza permanente. Aún así resistimos, resguardamos junto a otros valientes asustados el portón 2 de la universidad. La madrugada transcurrió silenciosa, todos estábamos trasnochados y con sueño. Algunos se dormían en las bancas de metal frente al portón. Como a las 3 AM decidí buscar un lugar más cómodo para poder descansar.

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Resguardando el portón 2. Foto por Danilo Castañeda.

Danilo y yo nos fuimos cerca del internado de mujeres a dormir en la tierra, sobre un petate, abrazados por el frío, con un ojo cerrado y otro abierto por si nos atacaban. Quién sabe qué tipo de conmoción le causamos a una vigilante, quien nos instó a ir a dormir a las habitaciones vacías a eso de las 5 AM. Seguramente parecíamos niños de la calle, cobijados por periódicos y abandono.

Las becadas habían sido despachadas a sus casas por las autoridades y había camas disponibles. Algunas andaban por ahí aún, temerosas de que los vigilantes las obligaran a abandonar la universidad por órdenes superiores. Traté de tranquilizarlas recordándoles que los estudiantes estábamos en la UNAN para resguardarlas, y que nadie las iba a sacar.

Madrugada de terrorismo de estado

Regresamos el jueves por la tarde, y nos dedicamos a conocer la máxima cantidad de personas dentro, para evitar nuevos malentendidos.

En las noticias vi cómo las autoridades, de forma cobarde y después de haber dialogado con los estudiantes, les daban la espalda y leían un comunicado a favor de los pedidos del gobierno desde el recinto Ricardo Morales Avilés, exigiendo la entrega del recinto Rubén Darío.

Se dijo el día anterior que las autoridades habían presionado lo suficiente como para lograr el desalojo de los estudiantes, información que me fue compartida por la comunicadora temporal (de nombre Melissa), quien me aseguró que desalojarían por el portón 6; dicha declaración me fue contradicha por el doctor Largaespada, médico que ha estado curando a los estudiantes heridos en la UPOLI y que también apoya en la UNAN.

Al volver me encargué de enterarme qué estaba pasando con la dirigencia ya que los datos estaban cruzados. Me encontré con un motín de estudiantes detrás del auditorio 12, en donde un chavalo barbudo con dotes de orador tibio arengaba a los estudiantes que le escuchaban a volver a clases, a la vez que recalcaba que no iba a ser posible sacar a quienes se habían tomado los portones, que lo agradecía por su valentía, pero que no se podía razonar con ellos… Pensar en mis colegas, llenos de tierra y en noches de vigilia permanentes, cansados, me encendió en cólera.

-Se me hace que vos querés que se vayan – le espeté.

-¿Qué? No, no es eso. Es que… – balbuceó.

-Mirá, broder, aquí se va a quedar quien se quiera quedar y se va a ir quien se quiera a ir. Así de simple. – Giré sobre mis talones y me fui. Noté que Melissa estaba cerca, sin aptitud de liderazgo, siendo escuchada por una sola persona mientras se mantenía alejada del grupo. Me fui a los portones a reportar lo que se decía a sus espaldas.

Al volver de alertar a mis compañeros me di cuenta que la mesa coordinadora temporal esperaba al canal 12 para una entrevista, y que estaban en reunión. Al entrar al aula noté que la desorganización continuaba, y que Melissa seguía instando a los estudiantes a que abandonaran el recinto, utilizando toda clase de falacias instigando al miedo. Mientras tanto, los periodistas de canal 12 estaban aburridos de esperar, por lo cual les indiqué que los estudiantes de cualquiera de los portones les podían dar la información que necesitaban con presteza. Y allá nos fuimos, bajo protestas de algunos adictos a dirigencias pusilánimes.

La tarde transcurrió tranquilamente ese día. Se rumoraba que llegarían plantones a solidarizarse con los estudiantes de la UNAN, pero no se sabía a ciencia cierta quiénes llegarían, ni a qué hora. En las redes sociales se compartían afiches de vigilias para cuidar a la UPOLI y la UNAN.

A eso de las 1 de la madrugada se hicieron presentes varios vehículos con banderas azul y blanco, amenizando la tensión de los estudiantes con sus consignas, gritos y pitos. Esa noche hicieron presencia en el portón del POLISAL y el portón 4, frente a la colonia Miguel Bonilla. Nosotros observábamos desde la malla, contentos de sentir el respaldo de las personas, pensando en que, por ese día, se podría descansar sin temor.

Desde el puente peatonal notábamos que se escuchaban detonaciones de lanzamorteros provenientes de la colonia Miguel Bonilla. La cuadrilla del portón 2 no pudo tolerarlo, y saltando la barrera del puente, fueron a buscar a los JS: sabíamos que se guarecían en la casa de UNEN o bien, en el colegio público Guardabarranco, dentro de la colonia.

Volvimos al portón 4 y nos quedamos viendo el alboroto de la gente desde ahí, sonriendo. Pero de repente vimos un caramelo encendido cruzar el cielo oscuro, y estalló dentro del recinto, sin tocar el suelo: luego vimos otros morterazos, saliendo desde la entrada a la colonia Miguel Bonilla. Y los muchachos del 4 empezaron a contraatacar.

Aterrados y desarmados, corrimos al puente a alertar a los muchachos. Al principio no nos creyeron, hasta que notaron cómo se replegaba la gente.

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Carros de manifestantes apoyando la toma de la UNAN. Foto por Danilo Castañeda.

Varias personas, histéricas, corrían hacia sus carros, acusando a los estudiantes de caer ante provocaciones e iniciar el fuego. Y la verdad era confuso, pues los de la JS, a pesar de contar con armas de fuego y el respaldo de la policía, tiraban morteros con el propósito de despistar a la población y ponerla en contra de los estudiantes. Hice un Facebook Live desde el puente, alertando acerca del ataque.

Luego corrimos a resguardarnos al puesto médico mejor equipado de la universidad. Tenía la esperanza de que el tesón de los médicos espantara nuestros temores. Así fue, por un momento, hasta que empezaron a llegar los heridos.

Un joven estaba sangrando abundantemente del cuello: le habían disparado en la arteria. De repente llegó otro con quemaduras extensas en su brazo por un mortero mal tirado; después vino otro, a punto de desmayarse; un amigo combatiente del portón 4 entró, con el semblante pálido de miedo, y no atendía a mis llamadas. Le di una botella de agua que tomó rápidamente de mis manos, aturdido.

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Médicos salvándole la vida a estudiante herido de bala. Foto por Danilo Castañeda.

Los médicos actuaban, frenéticos, para curar a los heridos. La doctora Mayorga, líder de la sala de emergencias, ordenaba y trataba de llamar a la calma por todos los medios posibles.  Había 6 médicos tratando de salvar al de la herida en el cuello. Tuve la certeza de que el muchacho iba a morir, e intenté prepararme psicológicamente para afrontar la primera muerte que presenciaría en mi vida. Por fortuna no me tocó esa madrugada: el herido se incorporó, con una sonrisa débil, en la camilla.

Afuera la batalla se seguía librando. Los morterazos se escuchaban con fuerza, y si sonaban los balazos no se lograban distinguir por el sonido de los caramelos. Antes de buscar resguardo descubrimos agentes de otras universidades y agrupaciones dentro de la UNAN. Uno de ellos, conocido como el Perro Grande, desenfundó su pistola en un alarde de poder frente a los chavalos armados con morteros. Le supliqué que no fuera como ellos. Eufórico, me recordó que no tendrían piedad al asesinarnos. Le pedí que guardara su arma, para no atemorizar al resto de estudiantes, y así lo hizo. Partió al campo de batalla.

La resistencia salió victoriosa después de 2:30 horas aproximadas de ataque. En tempranas horas de la mañana se empezó a levantar una barricada fuera del preescolar y el portón 6, dos de los sectores más descubiertos del recinto.

Un policía tuvo el infortunio de pasar por el lugar con actitud prepotente. Fue desarmado por alrededor de 40 estudiantes, quienes se le abalanzaron para dejarlo sin su pistola. La pistola fue posteriormente entregada al Centro de Derechos Humanos, institución que a su vez devolvió el arma a Asuntos Internos de la Policía Nacional. Me hicieron pensar en un búmerang lanzado con el propósito de volverse contra uno mismo, pero se supone que la lucha seguirá siendo cívica y los estudiantes no quieren verse relacionados con actos violentos, sin que esto implique no echar mano a la autodefensa por medio de sus lanzamorteros.

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Estudiantes dejan sin su pistola a policía. Foto por Danilo Castañeda.

(Continuará)

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Lanzamorteros. Foto por Danilo Castañeda.

Escrito por Solange Saballos

Escritora creativa + Periodista cultural + P.E.M en Ciencias de la Educación con mención en Lengua y Literatura Hispánicas. (Managua, NI, 1992) www.linkedin.com/in/solangeesaballos @lamerapalmera (FB) @p.palmereando (IG)