El canto del pájaro no es pájaro, no es decir pájaro, no se escribe pájaro. Apenas podemos aproximarnos a tal canto por medio de grafismos u onomatopeyas, —lo preverbal está más cerca de la cosa—, pero nunca podremos expresar al pájaro con una palabra que lo encierra en una jaula de conceptos, prejuicios y significados.

Para poder ver y experimentar al pájaro en el aquí-ahora, hay que verlo aquí-ahora. Y es así como propone Chantal Maillard que nos experimentemos a nosotros mismos.

CHANTAL MAILLARD
Crédito: Facebook

Del 11 al 13 de mayo se llevó a cabo el taller “Entre Hilos y Husos – Estrategias de observación y deconstrucción del proceso mental”. Retirados en una masía en las faldas del Montseny, al interior de Catalunya, con el aire fresco y el sonido de aves y viento como contexto, una veintena de personas, convocadas por la organización Entelequia, decidimos dejarnos guiar por la poeta y pensadora en el camino de nuestros hilos y husos.

Lo siguiente es la primera parte de una crónica personal de mi experiencia durante este taller, basándome puramente en las anotaciones de mi cuaderno, mis reflexiones post taller y mis recuerdos.

Para ir a la segunda parte, clic aquí.
Para ir a la tercera parte, espera unos días.

DÍA 1

“Lo que importa no es la persona, es el tema.”

Éstas fueron las primeras palabras que nos dirigió Chantal.

Era difícil ocultar que su simple nombre nos había atraído al retiro.  Fui la primera en contestar a su pregunta, su mirada azul directa me había apuntado. “¿Qué esperas de este taller?” Yo no pude más que decir aprender. “¿Aprender qué? ¿Tenis?”, dijo ella. Risas. Ya intenté aprender tenis y soy pésima para ese y cualquier otro deporte, compartí. Más risas. Después de mí, una mujer dijo que quería aprender a vivir. Otra, que a vivir mejor. Más tarde, yo escribiría lo que aprender significaba para mí:

Tengo un terreno fértil delante pero, ¿qué plantar?  Quiero que otros me cuenten cómo les ha ido con sus campos, que me enseñen a escuchar a la tierra, a sentirla, para encontrar la semilla adecuada.

Cuando terminó la ronda y prácticamente todos habían caído en la tentación de expresar su admiración por Maillard y su obra, empezó el primer acto de despojarse. “Cuando admiras a alguien es porque esa persona tiene algo que te falta”, se citó a sí misma. Y ella no pretendía —pretende— ser eso que nos falta.

Esa primera jornada consistió en reconocer el terreno, respirar, tomar aire antes de zambullirnos en el mar de hilos de Chantal Maillard. Fue fácil. La masía era acogedoramente hermosa —su belleza data del siglo XVII—, la comida era deliciosa y la sutil amenaza de lluvia sólo aumentaba las ganas de viajar al interior. Nuestras edades, profesiones y aficiones eran tan variadas como los árboles que nos rodeaban. Las charlas de sobremesa se hacían interesantísimas. El entusiasmo nos brotaba por todos los poros de la piel.

 

DÍA 2. Parte 1

Aprender a observar(nos)

El taller propiamente dicho comenzó al siguiente día con un primer ejercicio de deconstrucción: Escuchar con los ojos cerrados, después escribir lo que escuchábamos. Parecía simple.

Leo lo que escribí y debo decir que no hice el ejercicio. Yo escribí los pensamientos que me provocaban esos sonidos. El resto, salvo otra chica, hicieron una lista: pájaros, respiraciones, el bolígrafo contra el papel, un perro, el viento. No, parecía decir Chantal con su mirada tan difícil de sostener. “Un pájaro es una abstracción”. No escuchamos pájaro. ¿Qué escuchamos entonces?

Creí entender que se refería al sonido de la palabra pájaro, que no concuerda en lo absoluto con lo que realmente emite un pájaro. Tomé nota: “Si los pájaros conversan es por pura fantasía nuestra”. ¿Qué escuchamos entonces?

Ante la imposibilidad de usar palabras para describir lo escuchado, recurrí a garabatos: una especie de S muy larga cuando escuchaba una respiración, unas rayas cortas continuadas y burdas cuando los lápices se resbalaban contra el papel. Con timidez los mostré cuando fue mi turno. Chantal pareció más complacida. Mis garabatos se acercaban más a la “cosa” escuchada.  Lección: en las palabras perdemos la esencia de las cosas.

Basándose en Nietzche, Chantal explicó el camino que va de la cosa a la imagen y de la imagen a la palabra. Y la palabra, a fin de cuentas, es una traducción. A estas representaciones les hemos dado un valor porque nos identificamos con ellas. De ahí que la música, la pintura, la literatura, sean altamente valoradas en nuestras sociedades.  Ante esto, Maillard no propone alejarse de, ni negar, las representaciones (situación que, por lo demás, es bastante difícil considerando el mundo en el que vivimos), sino observarlas siendo conscientes de que lo que vemos no es la realidad, apenas una representación.

El siguiente ejercicio nos encaminaba a ser nosotros lo observado, a poner distancia entre la yo que observa y la yo observada. Cerrar los ojos, visualizar un yo dentro de nuestra mente. Ese yo observa una pantalla. ¿Qué imágenes aparecen?  La consigna era mirar la pantalla, no involucrarse en ella, no identificarse.

La trampa recae en que creemos que el YO es lo mismo que nuestra mente. Una trampa a veces deliciosa, al menos en mi caso, en la que me encanta perderme. Como si ésa fuese la fuente de la que bebo para poder escribir o crear. Se sucedió un dilema en mí.

Algunos participantes confesaron haberse sentido agobiados, confundidos, o aburridos durante el ejercicio. No fue mi caso. Como reto, yo tuve el de re-situarme cada vez que una imagen me pedía perderme en ella. Es decir, la no-identificación con el pensamiento, la pura observación. Apareció pues en mí una voz descriptiva. Me hizo gracia la comparación: pensé en un partido de fútbol visto en la tele. Alguien narra la acción que está sucediendo a la vez que ésta sucede.

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Recordé todas las veces que me ha pasado esta especie de desdoblamiento. Sobre todo, cuando las emociones están siendo muy nuevas o muy intensas. Es como si hubieran la yo que está llorando y la yo que está viéndome llorar existiendo a la vez. Recordé también todas las técnicas de meditación que he practicado a lo largo de mi vida: observar los pensamientos que nos alejan del mantra, no pelearse con ellos, dejarlos ir. Yo no lo sabía, pero a esto iríamos más tarde en el taller.

¿Quién es el observador?, preguntó un participante, uno de los más jóvenes. Chantal prometió que la respuesta aparecería más tarde. Yo temo que aún no la sepa y puede ser que esa incertidumbre sea parte de la respuesta. Al final, según dijo la misma poeta, el proceso es parte del todo, no sólo la secuencia de imágenes de la pantalla. Vivir, sentir y ser conscientes de esas sensaciones: todo es parte de la experiencia.

 

HILOS – el proceso mental

Maillard usa la palabra hilos para describir el proceso mental, compuesto por recuerdos, asociaciones, razonamientos, juicios, percepciones, emociones e imágenes, entre muchas cosas más.

Hilos es el título de uno de sus poemarios, publicado en 2007 por Tusquets editores. En este libro, la escritora sigue y expresa el pensamiento despojado de todo lo que no es esencial. Verdades y experiencias puras.

He vuelto a leer el libro tras la experiencia del retiro. Es reiterativo decirlo, pero, ha sido una lectura mucho más consciente, profunda y con mayor entendimiento de su mensaje y expresión.

A continuación, os muestro algunos fragmentos y poemas que más han resonado en mí tras la experiencia:

 

 

 

 

 

Ir a la segunda parte…

Escrito por Ale Oseguera

Periodista de oficio, escritora de oficio y performer sacada de quicio. Autora del poemario "Tormenta de Tierra". Nací en Guadalajara (MX), vivo en Barcelona.

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