¿Qué significa ser humano? De entrada, traspasar las barreras establecidas y buscar el placer. El ser humano es un animal que huye del aburrimiento a través del juego y el estímulo de los sentidos. Un humano es esencialmente vida. La vida no busca refugio en la religión, no se consuela con la ciencia. La vida sólo se sienta satisfecha con un incremento de su voluntad, con la afirmación de cada instante vivido.

En abril de 1866 Nietzsche describe así la impresión que le produce una tormenta: “¡Cuán distintos son el relámpago, la tempestad, el granizo, que son poderes libres, sin ética! ¡Qué felices, qué fuertes son, voluntad pura, sin perturbaciones por causa del entendimiento!”

Influenciado por las ideas de Schopenhauer, Nietzsche  descubre que la vida puede ser redimida a través del arte, particularmente de la música. El filósofo alemán, que siente una fuerte pasión musical, está a la espera de una oportunidad que le permita conjugar la filología y la música. Esa oportunidad se presenta con la tragedia griega.

En una de sus primeras conferencias,  como “El drama musical griego” de 1870, Nietzsche desarrolla la tesis de que la tragedia griega nace a partir de las fiestas dionisíacas. Por medio de esta tesis es que intenta comprender el delirio de estas fiestas, queriendo analizar cómo el exceso y el éxtasis conducen a la tragedia.

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La tragedia permite el tránsito de la embriaguez de las fiestas dionisíacas al orden social; es decir: el individuo pierde la conciencia de su individualidad en el tumulto de las masas excitadas; luego, vuelve el instante del despertar y se produce la ineludible transición a la vida cotidiana de la ciudad.

La representación de las tragedias al final de las fiestas dionisíacas no es otra cosa que este ritual de transición al orden establecido. Es esa fuerza expansiva de la música de las fiestas la que cede el protagonismo al poder de las palabras de la tragedia.

Un libro enmarcado en lo dionisíaco es Party Animals (Conarte, 2017), del poeta regio Sergio Pérez Torres, mismo que fue declarado ganador del Premio Nacional de Poesía “Carmen Alardín”, 2017, y convocado por el Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León (CONARTE).

A lo largo de poemas breves que atraviesan la historia de la noche, su festividad y su tragedia, Pérez Torres nos adentra en el abismo de la tragedia amorosa, la juventud y los excesos llegando al éxtasis de la intóxicación por medio de la poesía.

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Fotografías de Mafe Cano

Fiestas y encuentros: El lenguaje como pólvora de la pasión

10:00 p.m

Abro los ojos

para resplandecer

al entrar en esta noche.

Con estos versos inicia la travesía de la voz poética pero la hora, enmarcada como título del poema, da inicio del viaje al fin de la noche en donde el poeta busca encontrarse a sí mismo, y al amor, el deseo, en medio de la agitación de los otros y las pieles cubiertas de diversos nombres.

Un elemento clave del poemario es la brevedad de sus versos y la estructura en verso libre. También lo es la reminiscencia con un poema, del poeta mexicano Rubén Bonifaz Nuño, titulado Para los que llegan a las fiestas.

Sin embargo, el libro del poeta regiomontano interpela a su circunstancia particular, y  actual, en donde el ligue en las fiestas y el erotismo juegan un papel crucial en el lirismo de los versos:

12:25 a.m.

Como impulsos eléctricos aumentando su voltaje

su nombre entra en mi boca.

¿Quién lavará la sangre que él lleva dentro del nombre?

Él de mi devastación

él de mi gloria

Lo que comienza como un flirteo, deviene en el deseo de dos cuerpos que, mientras la noche siga su curso vertical, tratarán de saciar su hambre. Es ahí entre las horas de la madrugada, y el alcohol derramado por las venas, que la tragedia comienza a figurarse en verbos condicionados a la voluntad del otro, el objeto del deseo:

03:30 a.m.

Debería irme“,

lo que su boca dice contradice su respiración

 

sólo puedo responder en esta lengua de romance:

Quédate esta noche

no sea que la muerte se enamore de mí“.

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Fotografías de Mafe Cano

Si lo Aponlíneo, según Nietszche, representa por medio de la belleza lo elevado, lo racional; Dioniso, dios de la vendimia, del vino, representaría lo terrenal, la sensualidad desatada. Estas dos figuras son antagónicas, pero son conceptos inherentes a la vida e imprescindibles en toda creación dramática, como lo es Party Animals.

En el libro hay un juego de tensiones entre el lirismo de los versos y la crudeza de la realidad que nos muestra: la soledad, el vacío del otro, la melancolía de recordar los tiempos que han sido y no volverán a ser.

Nietzsche asocia al sueño -no la pesadilla- en donde la realidad vaporosa y vagamente se nos presenta como cumplimiento de nuestros deseos cuando lo apolíneo se adueña de la obra; sin embargo, frente a este impulso onírico y tranquilizador, lo dionisíaco (representado por la embriaguez), se manifiesta como una explosión de vitalidad salvaje en la que desaparecen incluso los límites de la individualidad.

Dionisos, dios del vino y del éxtasis, celebra la danza orgiástica de las bacantes, de los danzantes de San Vito o San Juan, o de los cultos afrocubanos. El sujeto lírico, en el libro de Pérez Torres,  es arrebatado por el baile, la música, el alcohol y pierde la noción del yo fundiéndose en la vorágine vital que es la esencia del mundo.

Al final, el sujeto lírico vuelve al mundo cotidiano. Vuelve añorando las luces neón, la embriaguez de los cuerpos y las voces, cuando se anuncia a través de las horas que ha terminado el viaje hacia la noche y vuelve el sueño apolíneo, la luz del día:

07:00 a.m.

Duermo,

aunque él se despierta aquí dentro

como los sueños se apagan para que emerja

el sol.

76

 

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Sergio Pérez Torres

Party Animals

104 páginas.

Colección del Premio Nacional de Poesía Carmen Alardín

CONARTE

1a Edición, Noviembre de 2017.

Sergio Pérez Torres (Monterrey, 1986). Publicó Caja de Pandero (EDÉN, 2007), Mythosis (EDÉN, 2009), Los nombres del insomnio (Cuadernos de la Serpiente, 2016), Barcos anclados al viento (La Cosa Escrita, 2016), Cáncer (NadaEdiciones, 2016), Cortejo fúnebre (Proyecto Literal / Instituto Sonorense de Cultura, 2017) y Party animals (CONARTE, 2017). Ganador de los siguientes premios: Certamen de Literatura Joven Universitaria 2009, Los Juegos Florales del Carnaval de La Paz 2016, IV Certamen Literario “Ana María Navales”, XXVI Premio Nacional de Poesía “Ydalio Huerta Escalante” 2016, XXIV Premio Nacional de Poesía Sonora 2016 “Bartolomé Delgado de León”, Premio Nacional de Poesía Carmen Alardín 2017, Concurso Palabras Migrantes y la 4ta Convocatoria “Se busca escritor”, en el área de narrativa.

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Escrito por Esther M. García

Esther M. García (Cd. Juárez, Chihuahua, México, 1987) Radicada en Saltillo, Coahuila. Licenciada en Letras Españolas. Ha publicado cinco libros de poesía, uno de cuentos y una novela juvenil. Ganadora del Premio Nacional de Cuento Criaturas de la Noche 2008, Premio Estatal de cuento Zócalo 2012, Premio Municipal de la Juventud 2012, Premio Nacional de Poesía Joven Francisco Cervantes Vidal 2014, Premio Internacional de Poesía Gilberto Owen Estrada 2017, Premio Estatal Chihuahua Cambiemos el cuento 2018, y Premio Nacional de Literatura Joven FENAL-NORMA 2018. Fue finalista del V Premio Internacional de Literatura Aura Estrada. Ha sido becaria del PECDA Coahuila y del FONCA JC. Sus poemas han sido traducidos al inglés, francés, italiano y portugués.