Pablo, ¿adiviná qué? Somos dos payasos, tenemos las bocas gigantes pintadas de rojo. Nos ganamos la vida vendiendo globos con formas espectaculares. Justo antes de vender el último de la tarde, se nos pincha… Entonces, te pregunto:

¿A dónde va este aire recién explotado?

PDM: -Al mismo lugar al que va la gente cuando llueve, Yanina.

¿Cómo sería la vida programada/estándar para un globo?

PDM: -Todo globo que se precie vive una vida liviana, a excepción de dos leves preocupaciones: mantenerse lejos de los alfileres y de los gatos juguetones de uñas filosas.

¿Qué forma –globoilógica- quisieras inventar?

PDM: -La de alguien a quien quiera muchomucho, así lo puedo abrazar cada vez que no lo tenga conmigo y me haga muchamucha falta.

Si por cada creación de la globoilogía hubiera un payaso filósofo, ¿qué pensás que diría de nosotros?

PDM: -Que desde Vladimir y Estragón que no se encontraba con dos payasos semejantes.

¿Por qué a la Tierra también le dicen “GLOBO”?

PDM: -Porque en cualquier momento se pincha. Pero a no preocuparse. El gran y respetado Abraracúrcix (el jefe de la aldea de Astérix) ya nos advirtió que “Eso no sucederá hoy”.

¿Por qué me disfrazo de payasa cuando en verdad les tengo terror?

PDM: -Porque si no puedes vencerlos… ¡únete a ellos! (solo por un ratito).

Tragás un poco de helio, hacés la vocecita y me hacés reír.  No entiendo bien qué me decís ¿vos te acordás?

PDM: -¡Claro que me acuerdo! Te estoy cantando una canción. Una de los 80’ que se llama “99 globos rojos”. Está buenísima (bue, por ahí no tanto) y yo justo te cantaba la parte que dice:   “99 globos rojos que yo he tenido,

   Todo está terminado, pero vos y yo seguimos de pie.

   Si yo pudiera encontrar un recuerdo

   solo para probar que el mundo estuvo aquí,

   tomaría este globo rojo,

   pensaría en vos y lo dejaría ir”

Ya todas las preguntas llegan a un puerto de calma. Y respiro armoniosamente. Y vos también. Así, ya muy resueltos nos vamos convirtiendo en especialistas del aire. Esto nos gusta, inventar categorías inútiles para darles formas y colores y liberarlas –siempre por un precio módico-.

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Pablo Di Marco nació en Buenos Aires, en 1972.

Es autor de las novelas Las horas derramadas (ganadora en España del XXI Certamen Literario Ategua), Tríptico del desamparo (ganadora en Colombia de la XIII Bienal Internacional de Novela “José Eustasio Rivera”) y Espiral (finalista en España del XIX Premio de Novela “Ciudad de Badajoz”).

Además, es corrector de estilo y corresponsal en Buenos Aires de la revista Libros&Letras de Bogotá, donde publica su ciclo “Un café en Buenos Aires” en el que entrevista a escritores, editores y libreros.

 

 

Escrito por Yanina Giglio

Yanina Giglio nació en Buenos Aires, Argentina en 1984. Lectora serial que escribe, investiga, experimenta y vuelve a empezar. Incansable. Apasionada por el desarrollo de procesos creativos. Ha realizado estudios en Ciencias de la Comunicación Social en UBA. Obtuvo un PGCert en "Escrituras: Creatividad Humana y Comunicación" por la Universidad FLACSO. Es miembro fundador de Odelia editora. Coordina talleres de lectura y escritura creativas. Actualmente estudia Artes de la Escritura en UNA y el curso universitario superior "Neurociencias y educación: hacia una pedagogía del asombro" en la Universidad de Morón. Publicó: Abrapalabra: licencia para hablar (Entrelíneas UBA, 2014); La Do Te (Editorial Alción, 2015); Recuperemos la imaginación para cambiar la historia -Antología- (Proyecto NUM-Editorial Mansalva, 2017); Liberoamericanas. 80 poetas contemporáneas -Antología- (Editorial Liberoamérica, 2018). Colabora como periodista cultural en www.cineyliteratura.cl y www.liberoamerica.com y como crítica literaria todos los miércoles en el programa "Sentipensantes" por Radio Universidad Nacional Arturo Jauretche.