El astro que nos da luz
es ciego.
Y la luz ya no es para todos.
Algunos,
en tinieblas,
le sienten
y el sol solo puede
tocarles los hombros.
Palmada,
quedita palmada,
nos dice,
te doy un palo,
pero también
te doy más piel
y más orejas
para ver.
Te doy asfalto rugoso
y un tráfico descomunal,
la crisis no me deja
darte alas.
Te doy una sola soledad,
ver dos sería mucho.
Y pienso en ti
como un padre
amarillo
que ha superado
los bochornos del clima
bebiendo café a las 5
de un verano
en constante apogeo
mientras te dice
cómo sobrevivir en este camino,
aunque él mismo no lo vea.

Escrito por Karen Elizabeth

Lic. en Cultura y Arte | labcdos | Colima, México.