Pasea.
Observa tu entorno.
Escribe un poema. Cuatro versos máximo.
Déjalo reposar.
Vuelve a él y despójalo de:

  • tiempos futuros y pasados
  • anticipaciones y recuerdos
  • símbolos y metáforas
  • clichés, estereotipos y lugares comunes
  • conceptos generalizados

Consigna: Recupera la sensación original, la acción del momento. Transfórmalas para que expresen el aquí-ahora. Despójate de accesorios y encuentra la esencia de las cosas. ¿Estás listo/a?  

*

El siguiente texto es la segunda parte de una pequeña y personalísima crónica del retiro con la escritora Chantal Maillard, en el que tuve la oportunidad de participar, organizado por Entelequia Cultura. Todo el relato está basado en las notas de mi cuaderno, en mis experiencias, emociones y recuerdos.

Si no habéis leído a primera parte, podéis hacerlo en este enlace.

 

Día 2 – parte 2

Por el camino del Haiku

masberenguer2
Uno de los rincones de Mas Berenguer, nuestro alojamiento.

Gris.  El día había amanecido gris y hasta Chantal se lamentaba de haber perdido el sol del día anterior. Nos hubiera regalado más momentos al aire libre, pensamos.

Después de la primera parte del taller, Chantal nos dio media hora para pasear y traer de vuelta un poema —el antes descrito—.  Algunos aprovechamos no sólo para mirar el pueblo de Samalús, también la naturaleza de sus afueras.

Volvimos a reunirnos en el jardín de la masía. El frío había amainado. Colocamos en círculo algunas sillas. La organizadora rápidamente trajo hasta la mesa central unas bandejas con fresas, manzanas y galletas. Algunos participantes visitaron la cocina para servirse té y café. Depositamos el poema en la urna que llevaba Chantal consigo. El azar después decidió con cuál se quedaba cada quien.

Comenzamos a deconstruirlos, uno a uno, en voz alta. Todo el mundo participó activamente en su reconstrucción. Algunos versos eran bastante sencillos de transformar. Otros requerían más debate, más trabajo mental, más hilo.

El que me tocó a mí decía lo siguiente:

Silencio sonoro de campana
ahora, ya no.
La vibración en el aire
El sonido de un motor
penetrando el suave canto de los pájaros
como un arrullo. 

Para empezar, aquí había más de cuatro versos, pero eso era lo de menos. ¿Cómo deshilvanarlo?

Intenté primero entender los tiempos expresados. El pasado: el sonido de las campanas ya diluido y del que sólo queda la vibración. El presente: esa misma vibración de las campanas que, sumada al motor y fusionada con el canto de las aves, le recuerda a la poeta, a un arrullo. Pensar…

Una compañera leyó, de pronto, el que yo había escrito. Llegaba el turno de corregir anónimamente mis versos. Presté atención. El poema decía así:

Alejarme. 
Del tiempo y de las cosas
del níspero y de todas las flores rojas. 
Rescatarme. 

Decidimos entre todos —y con la venia de Maillard—, que:
– Los dos verbos en infinitivo reflejaban no futuro, sino deseo. Deseos sentidos en el tiempo presente del poema. Debatimos un poco sobre si agregar la palabra deseo: “Deseo alejarme”. Pero nos pareció redundante. Se quedaron tal cual.
– Las palabras tiempo y cosas tenían que eliminarse al ser conceptos generales. Tiempo sobre todo. Es una abstracción, no algo que podamos ver o tocar en el aquí-ahora.
– Podemos ver el níspero, podemos ver las flores rojas. Son los objetos que provocan la reacción, el deseo de alejarse y rescatarse.  Se quedaron.

El texto quedó así:

Alejarme
del níspero y de todas las flores rojas. 

Rescatarme.

Mi poema o “poema” no es el mejor ejemplo de esta minuciosa disección que buscaba Chantal, ya que era muy sencillo. Hubo otros más complicados y creo que al menos uno, se quedó a media transformación.

El que me tocó reconstruir a mí quedó más o menos así, según mis notas:

Víbración de campanas, motor, pájaros. 
Arrullo.

Si bien podría no ser un poema como tal, como podéis ver, nos hemos quedado con las palabras que mejor describen la acción concreta que observó la poeta y lo que le provoca.

Con este ejercicio se suponía que ejercitaríamos la experimentación y expresión del presente. Se trata de un camino cercano a la tradición japonesa del Haiku, en el que una acción de la naturaleza y su contemplación provocan un asombro al poeta, quien lo plasma en el verso.

A colación, transcribo aquí unas palabras de Maillard de su libro Contra el arte (Ed. Pre-Textos, 2009), que me parecen muy oportunas para describir los objetivos de esta búsqueda:

“Expresar una experiencia, lograr que el lector oyente llegue a experimentar algo similar a lo que vivenció quien la describe: ése es el arte de la poesía. (…) El lector recibirá el impacto por resonancia. A ese impacto es a lo que se hace referencia cuando se habla de “verdad” de la poesía. Tal “verdad” es más directa que aquella que pasa por el puente de las abstracciones. La abstracción es, en realidad un rodeo innecesario mediante el que se pretende verificar el ser de las cosas”.

Al otro día —y aquí rompo el esquema temporal de las crónicas— ya al final del curso, le pedí a Chantal que nos compartiera un poco de su proceso de escritura poética. (Spoiler: durante todo el retiro, las únicas veces que hablamos de poesía o literatura como tal fueron: durante el ejercicio de los poemas y al final, cuando lancé mi solicitud).

Maillard había mencionado, en algún momento del segundo día, que cuando escribe poesía es muy rigurosa, se toma su tiempo, lima, corrige, reescribe. Para responder a mi petición, comentó que su proceso comienza siempre por la prosa. Escritura libre, espontánea, entendí. Luego, pule. “Es un método más de tipo escultórico”, añadí casi a manera de pregunta. “Sí, puede decirse así”, contestó ella. Y específico que un primer trabajo con su prosa es el de limpiar. Limpiar, recalcó. Librarla de todo lo que sobra, de lo que no es concreto, real, presente. A esto, le sigue el trabajo de pulir, probar palabras, ritmos, sonoridades, lenguaje, reconstruir.

Un trabajo de escritura que, debo decir, yo también ejercito. No por imitación o inspiración, sino de manera intuitiva. Y vaya, porque es esta parte del proceso de la que más me divierte a la hora de escribir. Para mí significa un juego, un puzzle, un reto. Me encanta.

Sonreí.

Sonrío.

Voy a resultar una groupie después de todo.

 

Husos – las emociones

husosChantal Maillard utiliza husos como palabra para definir los estados anímicos. Husos. Notas al margen (Ed. Pre-Textos, 206) es el título de uno de sus libros. Se trata de un ensayo filosófico.

Los libros Husos e Hilos están intrínsecamente ligados. No sólo en cuanto a imagen: de un huso pueden jalarse uno o varios hilos, siendo esto una metáfora de los pensamientos unidos a las emociones. También están ligados por su origen.

Ambos libros están escritos desde el dolor, según ha revelado Maillard públicamente: el de una cruda enfermedad y el provocado por la muerte de su hijo. “Son cuadernos de duelo”. Así los describió en una entrevista publicada en El País en 2016.

Seguramente a alguien más le pasó lo que a mí leyendo el poemario Hilos. Muchos de los versos y pasajes me hacían revivir las escenas mentales y sensoriales de mi propia depresión. Yo desconocía el contexto de su creación hasta hace unos cuantos días. Tras saberlo, todo ha resonado en mí de manera distinta. Supongo que me he identificado, apelando a mi YO y a mi propia historia.

Pero olvidemos mi tema personal y olvidemos también el Chantal Maillard. Vayamos a los Husos.

Recordemos el título del taller impartido: “Entre Hilos y Husos – Estrategias de observación y deconstrucción del proceso mental”.

Una vez concluida la comida, la sobremesa y el descanso para paseo/charla/siesta, entramos a la segunda mitad del retiro. Si con Hilos hablábamos del proceso mental, con Husos hablamos de las emociones.

Para diferenciar las emociones de los sentimientos, hay que definir que:
– Un sentimiento es lo que ocurre después de una emoción. Es lo que miento sobre lo que siento, expone Maillard. Es decir que, para definir un sentimiento, tenemos que haberlo ya pasado por los filtros de la experiencia previa (el pasado), los prejuicios, las conceptualizaciones, ideologías, etc.
– El sentimiento es una reconstrucción de la emoción y hay una identificación del YO con él. Hay poderes atribuidos a los sentimientos y siempre esperan una correspondencia.
– Los sentimientos pertenecen al mundo de los hilos, del proceso mental.
– En las emociones-husos no tenemos que creer. Las emociones están dadas de manera natural. Hay tradiciones filosóficas y espirituales que incluso acotan estas emociones a apenas unas cuantas, como por ejemplo: pena, alegría, amor, asombro, odio, miedo y repugnancia. Calma, incluso ha sido incluida como una emoción básica; aunque otros hablan de la calma como la ausencia de las emociones.

El tema es que para poder identificar los husos hay que nombrarlos, dice Maillard. Y una vez nombrados, podemos poner distancia entre el YO y su emoción con el fin de entenderla. Los husos no son estáticos. Mutan, aparecen fusionados. Hay que observarlos sin identificarnos con ellos para poder reconocerlos.

 

Nuestra casa

Para ejercitar el reconocimiento de los Husos, Chantal nos propuso un ejercicio bastante lúdico y divertido en el que no ahondaré, porque lo que escribí durante el ejercicio y las emociones que experimenté harían este post interminable. Mas resumo la dinámica: Con cinta blanca trazamos cada uno un cuadrado en el suelo para delimitar nuestra “casa” (imaginaos el escenario de Dogville, la película). Durante varios minutos permanecimos solos, escribiendo lo que percibíamos (sonidos, olores, imágenes, pensamientos).

Después de una señal, tendríamos que ponernos en pareja. O bien porque salieras de tu casa a buscar a alguien. O bien porque alguien viniera de visita contigo. Con el compañero/a había que jugar a conversar en un lenguaje casi infantil. Como vocal, sólo podías utilizar la i.

El huso que experimenté en este momento con mi compañera fue el de la alegría. Con todo y que compartimos ideas profundas y personales, Irene y yo no parábamos de reír. (Lo preverbal nos acerca más a la “cosa”, recordemos. Y los lenguajes “infantiles” son más cercanos a lo preverbal.) Este rato y la charla posterior en el que todos compartimos dudas, reflexiones y emociones, fueron grandes momentos de la tarde que me dieron mucha tela para pensar, sentir, escribir. Hilvanar. Habían pasado muchas cosas en el interior de cada uno y estábamos aprendiendo a reconocer y nombrar todo eso que habíamos vivido sin caer en la trampa de la identificación. Observar el YO, el MÍ.

Esa noche, tras la deliciosa cena, cayó una tormenta. Nos fuimos todos a dormir con el retumbar de las gotas sobre el tejado y los cristales, el olor de la tierra húmeda que alcanzaba a colarse por la ventana y la sensación de que no habían pasado dos días, sino bastantes más.

 

Continuará…
Ver parte 1.

Escrito por Ale Oseguera

Periodista de oficio, escritora de oficio y performer sacada de quicio. Autora del poemario "Tormenta de Tierra". Nací en Guadalajara (MX), vivo en Barcelona.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s