Cuando garabateé por primera vez mi nombre
aquella sílaba que aún me resulta indescifrable
nadie acudió con la vara a golpearme el dorso de la mano
a llamarme al orden o a anunciarme
que podría quemarme en aquel fuego
tan sólo el sibilante tentador curvó su rostro
en las cortinas que desvelaban junio
¬ «Sé un buen poeta
disfruta del verano en una clínica
del invierno en una casa ciega con latas de café
por compañía
mantén siempre tu maleta despojada
de trajes que no sean la carne viva
y limpia con ánimo y minucia tu espalda
para que quien te apuñale se convierta en tu amigo
permite que las piedras se posen sobre ti como los pájaros
y a tu amor egoísta
a ese mezquino deseo de hallar comprensión y recibir cariño
fustígalo con ayuno y ortigas
déjalo en la habitación azul del horno
que no te haga sentir menos maldecido»
Aquellas artes de repente aprendidas
son una copa que se bebe hasta el fondo
pues qué dulce
qué dulce
qué dulce es su infortunio.

 

Entre poemas no hay cómo equivocarse:
ningún registrador pondrá su sello
para asociarles con una enfermedad de la garganta
ningún modisto les dirá que es exclusivo
lo que se vende a 3×1 calle abajo
entre poemas vivir no es algún síntoma
que pueda superarse
porque si dos poemas se miran
se lanzan uno hacia el otro del borde

al abismo de la herida
y su abrazo es de sangre
de estrella perforada

 

 

Cuánto debe esperarse para que la noche resuelva su algoritmo
y las calles húmedas y estrechas desaten entre humo la bestia
de sus inhibiciones
los ángeles de la guarda se interponen entre la curiosidad y la cortina
el silencio de las lámparas se enquista en los nervios de las pieles
guardadas bajo llave
eternamente en tu papel de legionario ciego al abandono
tu oído se hace táctil
lanzas una moneda en contra de la suerte
y la efigie en espera sale de su parálisis
«No hay sirena que cante como esta
que vuelve a emparedar su callejón a tu salida»

 

 

Con sumo cuidado se consume lo consumado
¡yo no soy partidaria de algo así!
¡quiero morir agitándome como una bandera
sin memoria de flores en mitad de la desgracia!
la realidad políticamente correcta
está para ponerla en la sala o en el comedor
para iluminar el buen decir y el buen comer con su naturaleza muerta
¡yo me uno a la vida en cada asalto
y sudamos y caemos
y emanamos palabrotas desde nuestros puntos ciegos!
ese ring encharcado
esa piel trajinada de llevarse a la mano
es mi perennidad y mi sobrevuelo

 

 

Corazón dentro
Ciervo rojo en la mira
¿qué secretos de sí en ti ha puesto el tiempo?
podrías pacificarme… ¿por qué la tierra nos abona
y el viento frío es quien cosecha nuestros dedos?
cada uno se ha privado de su más espesa música
compasión es el pago
el arco que nos une
al corredor extenso de la lluvia

 

 

En su boca había una isla escondida.
Me acerqué con la única
inocente presunción de ver su campanario de cerca.
Al retirarme se me acusa
de haber adrede confundido los verbos:
avistar (cumplido con los ojos abiertos) y
besar (sentido con los ojos soñados).

 

 

Ser poeta, enlistarse en el frente de los alucinadores.

 

Escrito por Yeni Zulena Millán Velásquez

Poeta, ensayista y docente universitaria. Ha publicado en diarios regionales como La Crónica del Quindío y El diario del Otún y en las revistas Cazamoszcas, Ítaca y Palabra realizada. Ha sido colaboradora en la Revista Corónica y coautora en los libros Carmelina Soto. Poesía reunida (2016) y Témpora: jóvenes poetas del Quindío (2017).