Su llanto desbordó el caudal de mis oídos. El metro estaba abarrotado a esas horas, más aún la línea azul, que, con estaciones como Hidalgo o Pino Suárez, logra producir una sensación de cansancio y abatimiento típica de las horas pico de la capital de la República. Los ojos de las personas están dormidos, perdidos incluso, descansan en algún paraje lejano, en algún pueblito anhelado o en una reconfortante cama aterciopelada con música sensual. Se sostienen apenas sobre la esperanza de ver la sonrisa de sus hijos o de besar al ser amado; algunos, los menos afortunados, lo hacen creyendo que algún día, por un golpe de suerte, sus vidas cambiarán, serán ricos y poderosos y entonces no tendrán que andar partiéndose el lomo en el gusano anaranjado, sino que recorrerán la ciudad a bordo de un ave de hierro que engrandezca aún más sus nombres.

Todos van dormidos o, mejor, todos vamos dormidos, soñando y deseando, viendo correr el mundo ante nuestros ojos, en aquél sótano de olores podridos y esperanzas marchitas. Cierro los ojos y olvido. Pero la oigo, desgarrando el viento con el paso de su voz. Escucho la muerte que se asoma a través de su garganta, arroja y escupe fuego, pero un fuego helado, lleno de saliva y mocos, cuajado desde sus entrañas, pero fuego al fin. Cada berrido es una bala en mi corazón, en mis sueños perforados. Me aturde. Ella llora, llora a bocajarro. Se desquita con la vida, se desquita con el mundo, pues sólo a través de semejante escándalo la venganza cobra sentido…

Uno camina por las calles de la Lagunilla, mezclado entre la gente, atento a sus pasos. El sol es aterrador, sofocante. Uno lo ve brillando allá, en lo más alto, indiferente a los problemas de uno. People are strange when you’re a stranger. Faces look ugly when you’re alone. Uno está solo, desamparado, olvidado por todos. Y es que ese uno se ha decidido a no ser más un simple “uno”, ahora quiere ser todos o más que todos. Por eso es que uno ha empezado a asaltar, a matar y a secuestrar, pero no es fácil; uno fue un buen ciudadano alguna vez, quiso sobresalir por las buenas, hacer algo por su sociedad, estudiar y trabajar, pero sobre todo hacer algo con su suciedad; quitársela, bañarse, andar bien limpiecito, perfumado, conquistar a alguien bien parecido, cuidarlo, seguir trabajando, tener hijos y todo lo que sigue después. Uno quería eso y mucho más. Pero “nadie” no lo dejó, sino que le hizo la vida imposible, le arrebató lo poco que tenía, lo dejó en la calle, preso de la soledad involuntaria, ésa que se transforma primero en miedo y luego en locura. Nadie le quitó a uno sus sueños. Fue entonces cuando uno se dio cuenta que la vida no es fácil y que las buenas intenciones no bastan, que en esta vida hay que llorar y llorar sangre, pero mire que de que uno llore sangre a que la llore otro, pues pa’ qué le digo más. Uno lo tiene bien clarito y ahí va. Uno se hace del primer infeliz que pasa, le baja todo, lo baja a los chivos y pa’ luego es pronto, la primera víctima. Luego dos, tres, veinte y la cuenta sigue. Para entonces uno ya tiene su dinerito, un poco de buena ropa, ésa que pudo haber sido el fruto del trabajo honesto, pero ¿qué se le va a hacer a estas alturas? Después viene una nave chida, besos robados a punta de billetes ensangrentados. Y uno sigue, siempre tiene que seguir.

Hace dos estaciones que me debí bajar, pero no pude, ya no puedo más, ese canto infernal ha terminado por atraparme. Soy un Ulises atrapado en los vagones del Inframundo. Una sirena me ha apresado en la más profunda desolación, en su voz destazada. Veo correr de sus ojos lágrimas rojas. Cierro los míos, imploro que alguien me despierte algún día.

Escrito por Slaymen Bonilla

Licenciado en Filosofía (ULSA) y en Ciencias Políticas y Administración Pública (UNAM), Maestro en Filosofía (CIDHEM) y Doctorante en Filosofía (COLMOR). En 2011 entra al Diplomado en Creación Literaria del “Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia” (INBA), en el que tiene la oportunidad de tomar clases con profesores de la talla de: David Olguín, Pablo Mandoki, Mónica Brozon o Jaime Augusto Shelley. Ha ganado cuatro certámenes de poesía: Grau Miró (España), Calaveras Literarias (México, FCE), CECIL (México, UAM-I) y Alejandría (México). Su Ópera Prima, El Cantar de Quetzalcóatl, Ehécatl, fue publicada, en su primera entrega, en 2014 por el Sello Editorial “Ediciones y Punto”. Ya para agosto publica Poemología (Textosterona), Rimisurdos –al lado de su gran amigo y hermano, el pianista Jorge Hernández Medrano– (Ediciones y Punto) y un ensayo sobre la Filosofía Náhuatl (Filosofar en tiempos de crisis, DelaSalle Ediciones). En 2015 da a luz su primer libro de aforismos filosóficos, Distófrasis, al lado del Colectivo de Los Filósofos Malditos, del cual es cofundador. Tras el éxito obtenido con el Cantar de Quetzalcóatl, prepara la edición completa del primer tomo. Además, es autor de más de treinta publicaciones (poesía, cuento, ensayo, etc.), tanto en revistas digitales como impresas, nacionales e internacionales. En 2018 fue elegido por el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM para integrar el Diccionario de Escritores Mexicanos, Siglo XXI (de próxima publicación).