Los sueños se acuosan,

si eso se puede…

(pero ellos pueden)

Y se vuelven vapor

y llueven

y se hacen charcos.

 

Los sueños se calcifican

dentro de las botas,

se vuelven pies

y piernas

de puro hueso,

de tanto sueño.

 

Los sueños nos hablan

o susurran

y suplican

que los lleven de paseo,

a jugar al parque

y abrazar árboles.

 

Los sueños, los he visto,

acarician las cabezas

de transeúntes,

de quienes están quietos

y se les montan sin aviso

para dejar de ser sueños.

Escrito por Diana Taborga Montes

Araña tejedora de palabras, eterna amante del arte y los placeres de la contemplación, de la búsqueda del espíritu en todas las cosas de este vasto Universo. Aprendiz de maga y cazadora de momentos.