Nacido en 1991 en la Ciudad de México, Aldo Vicencio poeta y ensayista nos presenta una prueba de su más reciente trabajo poético. Fundador del colectivo poético Naufragio, es autor del poemario Piel Quemada: Vicisitudes de lo Sensible (Casa Editorial Abismos, 2017) y el video libro Anatolle. Danza fractal (El Ojo Ediciones, 2018). Su obra ha sido
publicada en diversas revistas literarias en México, como Periódico de Poesía y Punto en
Línea de la UNAM, entre otras.

¿Cuál es la importancia de la poesía joven en estos días?

Me parece que vital. Más que por el hecho de que la poesía joven “está renovando” la lírica de Occidente, pienso que su importancia radica en su voluntad de construir un discurso que haga explícitos los senderos de lo poético, es decir, que construya la luminaria que alumbre los diferentes niveles en que se puede desarrollar la poesía fuera de la textualidad y los soportes tradicionales. Dentro de este crisol me parece ya evidente a estas alturas, la ingente cantidad de propuestas individuales y colectivas que recorren diferentes temas y sentires generacionales e históricos. Si los poetas jóvenes son –somos- capaces de desprendernos del onanismo autoral, y de ciertas ilusiones acrónicas, podremos habitar la sombra de un nuevo árbol lírico más verde, amplio y diverso de lo que ya es actualmente.

Sobre tu video libro Anatolle, cuéntanos ¿a dónde pretendes llegar al explorar las artes audiovisuales a través de la poesía? ¿Y cuál consideras es la esencia principal del libro?

A decir verdad, con Anatolle es la primera vez que hago explícita una ambición que albergo desde que empecé a escribir poesía: la de la vivificación total de la imagen en el poema. Mi punto de partida fue la noción de fenopea propuesta por Ezra Pound, y el constante flujo de la poesía villaurrutiana en mi propia escritura la ha ido alimentando constantemente, además de la atenta lectura de la obra filosófica de Gilles Deleuze. Debo admitir que ambiciono integrar en el poema, en medida de las posibilidades, la potencia de lo real, es decir, del mundo sensible en sus dimensiones material y virtual. Que un poema no solo se pueda leer, sino también observar y sentir. Para esto, creo que es indispensable seguir explorando y agotando todos los caminos que ofrecen las artes audiovisuales. En ese sentido, creo que Anatolle es un primer gran paso para dicho propósito, y no solo un paso propio, sino el de todo el equipo editorial de El Ojo Ediciones, el hacedor del videolibro.

¿Qué poetas son tus referentes o de cabecera?

Me es algo difícil decir quiénes son mis referentes, ya que no dejo de maravillarme con muchos poetas, tanto pasados como presentes. Sin embargo, haciendo un esfuerzo, hay algunos que me marcaron, y otros que me están marcando. Los que me marcaron: Ovidio, Sor Juana Inés de la Cruz, Xavier Villaurrutia, José Gorostiza, Octavio Paz, Paul Valéry, Federico García Lorca, Leopoldo María Panero y Sylvia Plath. Los que me están marcando: Ocean Vuong, Sergio Loo, Alejandro Tarrab, Esteban López Arciga y tú misma, querida Ingrid. De hecho, tú y Esteban han sido dos de mis últimas lecturas, con Objetos imaginarios y Nowhere Zen New Jersey, respectivamente. En otros sitios lo he dicho, y me gustaría recalcar lo importante que me parecen sus registros poéticos para el quehacer lírico actual. Creo que ambos están haciendo explícitas nuevas formas de construir, por no decir que de reinventar el lenguaje a través del cuerpo indiferenciado, el frenesí flemático y la reflexión doliente. El lenguaje es sentido, reflexionado y proyectado. Hay una nueva integridad poética en el registro de los dos, bastante novedosa, que maravilla por su melodía y ritmo, por su sinergia y claroscuros retóricos. Generan un constante asombro, y conmueven por lo capaces de ser empáticos con los otros. Las experiencias de sus personas son auténticas y honestas, y parecen vivir en sus escrituras.   

¿Consideras que las redes sociales ayudan a la emancipación y descubrimiento de nuevas escrituras?

Por supuesto. A pesar de las paradojas que han surgido a raíz del uso masivo de las redes sociales, es tangible el hecho de que éstas han puesto a flote proyectos y registros escriturales que, de haber estado en el siglo pasado, difícilmente hubieran podido ver la luz pública. Han logrado construir un entorno literario comparable al de la industria editorial tradicional, e inclusive, ésta última ha acudido al primero para “descubrir” nuevas promesas en la poesía. El mejor ejemplo de ello es el caso de los Perros románticos y su notable presencia mediática. Sin embargo, suelo ser algo cauto respecto a la fuerza emancipadora de las redes sociales. Como dije, su naturaleza es la de la paradoja, y la de la ilusión. Se revoluciona la comunicación y sus medios, pero no el mundo. Al igual que el lenguaje, sus posibilidades siguen estando acotadas a lo efímero, a las fronteras generacionales, y al sinsentido de la existencia. Más que tendencias, también hay capricho en su comportamiento, y no solo lo ideal incide en ellas, sino también lo pragmático, es decir, intereses económicos y políticos.  La nueva poesía, la poesía de la era digital, difícilmente puede ser indiferente a estas circunstancias, y creo que llegará un momento donde deba hacer mucho más intensa su relación con todas las realidades, hacer un ejercicio de inmersión en ellas, salir del confort y ejercitarse hasta despellejarse, y mostrar un sentir a carne viva, expuesta al Sol de la hosca posmodernidad.

¿Cómo se dio la escritura de Anatolle?

Anatolle se desarrolló a partir de dos obsesiones personales: el espacio y la alteridad. Es decir, Anatolle es un poema del espacio como alteridad del yo. En su escritura fue reiterativo mi deseo de proyectar mi sombra, la cual es una eterna enamorada del vacío. Mi sombra, mi hermano, mi hermana, Anatolle, su nombre, tiene los signos de la muerte y el fin, de la fantasía y la irracionalidad. Imagen y objeto, dios y humanidad, mujer y hombre, Anatolle me atraviesa en el poema hasta agotarse y agotarme, se vuelve un hogar y un mundo en perpetuo crepúsculo. El movimiento que pretendí darle al poema tenía la finalidad de colocar al lector en el ir y venir de mi voz conversando consigo misma, conversando para sí misma, y conversando fuera de sí misma. Creo que hay un momento en el poema donde Anatolle adquiere una presencia casi palpable e indiferenciada de mí. También fue vital toda una serie de metáforas y alegorías en el poema para sostener no solo su potencialidad lírica, sino también su fuerza visual y emocional.

¿Entre tus proyectos futuros has pensado en la escritura de la narrativa?

No, no he contemplado la escritura narrativa por una simple razón: la respeto demasiado como para atreverme a ejercerla sin mayor cuidado o pretensión. Me considero un narrador de ocasión, y poco atractivo. Mi prosa está vertida casi exclusivamente en el ensayo. En él aún lidio con el lenguaje académico proveniente de mi profesión, la historia. Algo similar me pasa con la dramaturgia, y creo que en ella ha logrado incursionar con éxito un querido amigo y poeta, Alejandro Massa Varela, pero difícilmente yo podría -y me atrevería- a una empresa con una exigencia tan distinta a la de la poesía.

 



Despertar entreabierto

ya la clara puerta
se achica, y asoma neón saturno

complica mi vista
el lienzo de la rendija

un ritual es lucir a oscuras el silencio

me pregunto qué tanto
puede el sudor imitar
a las estrellas y las cigarras

me lo pregunto,
y la rendija mira inquieta
el súbito despertar de mi rostro;

ha visto caer una voz que dice
“este desierto se levanta”


 

Vasto caer

No me basta la vastedad

No me sosiego en ella

Lo que duerme mi inquietud
es más hueco que abundante

Faz perenne

Tecleo una reducida
botella de menta

Ardor frío

rEduCir

  REcreAr

redUciR

   reCrEaR

[reducto]

     {reconstrucción}

Sinergia adherente

Como quiero querer,
no aúllo,
           callo

Se complican cuando hablan
de vivir sufriendo

Sufrir se elige

(es más fácil
mirar tras la ventana
que arrojarse de ella)

El dolor está,
             es,
                s o m o s
o
y

Nunca se elude
(paisanos del viento
que nunca han visto
la palabra  c o m i d a )

Atmósfera inquieta

Caer sabe a café hirviendo

El arbitrio de los animales:
           f a t a l i d a d…


 

En mi cuarto

En esperar, espero,
viendo como se mueve el barco en el pasto

Espero viendo
a los pájaros atravesar el cuarto,
                           cuando sus ventanas están cerradas

¿El silencio es el juguete de mis ojos?

En el piso la ciudad en tránsito,

en el piso la hormiga que atraviesa
                                              el río de coches

Hoy la tarea es la plana de la s,

s en forma de pato,
       pero me gusta más la s en forma de serpiente

Va hacia  a d e l a n t e  y hacia atrás,
o de arriba abajo,
                 y abajo arriba

Parece siempre moverse en el renglón,
con el lápiz o los crayones

Luz naranja en el árbol,
estrellas que bailan en ella

Geometría para colorear cuando sonrío

Apilo uno a uno bloques con letras que desconozco:
repiten las constelaciones
que adornan mi armario

¡Hacia los bosques y las naves!

Willy es tímido,
Anthony le abraza en un trazo,
y me abrazan también,
porque no puedo evitar sonrojarme
cuando personas invisibles vienen a asomarse a mi cama

Un ojo negro
sobre las ramas del pino
que baila tras mi ventana  

No me dedico en decir cosas a los demás
¿Quién podría escucharme, si apenas puedo hablar?

Miro saltar un ramillete de pájaros:
Se recogen en este cielo tan desconocido

Hay piedras de corazón
en las fotos de mamá y papá,
y un pequeño broche dorado para mi hermano,
                                  pero nada más me gusta
que el viento mueva
la melena de mi león en el librero

Que las nubes bajen de la montaña
y hagan bailar a las cebras y a los búfalos,

nada más quiero que eso,
después de comer y cerrar la puerta de la recámara.

Escrito por Ingrid Bringas

Ingrid Bringas (Monterrey, N.L, México, 1985). Autora de La Edad de los Salvajes (Editorial Montea, 2015) Jardín Botánico (Abismos Casa editorial, 2016) Nostalgia de la luz (UANL,2016) Objetos Imaginarios ( Pinos Alados, 2017)