O

 

Imagine un caballo.

Un caballo gordo.

O mejor, ¿ha visto usted alguno?

Piense en cualquier animal,

cualquier animal gordo.

¿Recuerda otra cosa más lamentable y horrenda?

 

 

Nadie habla de ello.

Quizás un impertinente que se encuentra con el amo de un animal gordo

le pregunte que porqué tan gordo pero

por practicidad,

no se pregunta.

Y digo practicidad

porque el animal gordo no habla y su amo lo ve

como a un hijo, a un peluche. Sería cruel

como hablar del aspecto de un recién nacido. No es

una discusión de iguales. Es estéril.

Porque nadie puede excusar o explicar su gordura

excepto este pobre animal redondo que no habla que camina extraño come de más se duerme todo el rato y hace ruidos exasperantes de enfermo. Que uno escucha y piensa y pide

que si un día depende de su agilidad

no viva más el pobre animal gordo.

 

Esa inútil morbidez por cortesía la callamos pero

con el hombre gordo, no.

Porque el hombre gordo nos roba.

Paz y dinero, nos roba.

 

El hombre gordo depende –y lo niega el muy obeso- de nuestro delgado auxilio.

 

El animal gordo,

más que gordo,

es tonto. Y es lo extraño

porque los animales no cometen ciertas tonterías.

Por esto mismo es que un hombre gordo es normal. Normal por repetición.

Pero no le podemos dejar pasar,

no así de fácil,

lo gordo.

 

El gordo

aunque normalísimamente gordo

debe explicar su gordura. Escoger

entre una gama de justificaciones ciertas o no —a quién le importa—

pero que se disculpe, por gordo.

 

Necesitamos su aflicción, su pena

—si es que espera algo de nosotros—

que no le vamos a mirar y ya

como si fuese un animal gordo. Nosotros

le borraremos el nombre.

Le llamaremos gordo.

Construiremos artefactos donde entrará

incómodo

en toda fofés

aunque nos diga porqué

tiene estrías

flacidez

celulitis. Por qué

se rebana su cuerpo cuando lo viste,

van a los lados sus carnes cuando se sienta

Por qué tan raro.

Por qué tan gordo.

Normal, gordo, pero por qué.

Aunque sea infinitamente ocurrido y concurrido,

recita algo que nos explique

que eres gordo porque naciste gordo

porque siempre fuiste gordo

aunque estás más gordo, gordo.

O es la medicina que te ha puesto gordo.

O quizás la edad que te ha hecho más gordo.

Y te has descuidado

Te quedaste gordo

¿Qué te dice quién te coge?

¿Estás seguro que te quiere?

Pero, ¿tú te has visto cómo estás de gordo?

Vamos a ver si haces algo ya

que estás muy gordo.

 

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Maily Sequera. Maracay, Venezuela, 1984. Poeta, escritora, comunicador social, publicista, diseñador gráfico y docente en las áreas de publicidad y diseño. Administra el blog Todo es violeta, donde publica su trabajo poético desde 2006 y donde mantiene sus libros y compilaciones para su lectura y descarga

 

 

 

 

 

Escrito por Virginia Moreno Goitia

Poeta y docente. Licenciada en Educación, mención Lengua y Literatura, por la Universidad de Carabobo. Ha participado en diversos talleres de escritura y creación poética en el Departamento de Literatura de la Universidad de Carabobo. Textos suyos han sido publicados en diferentes revistas digitales como Digopalabra, POESIA y La Caída. Participó en el I Encuentro de Poetas Jóvenes de Venezuela, de cuya antología forma parte. Autora del libro Retorno (NSB, 2016).