recuerdo que cuando era niño me desnudaba frente al fuego

y otras cosas sin forma durante horas

otras veces jugaba a la muerte

totalmente rígido envuelto en las sábanas de la bisabuela y

su olor a anacardos con los brazos bien pegados al torso infantil

aún blando y los pies juntos ocultando un tambor entero de sangre

tan solo la vibración desprevenida de los ojos me delataba

era divertido jugar a la muerte cuando aún no había enterrado a nadie

 

un día sin querer maté a mi madre

recuerdo sus manos caer sobre el sofá como dos serpientes descomunales

-papá he matado a mamá

y mi padre se reía en el marco de la puerta la madera crujiendo

sus dientes asomando por la boca la tripa colgando en su cuerpo de hombre

invencible para un niño el macho proveedor de la tribu

 

al poco tiempo mi madre volvió a la vida

parecía muy feliz más feliz que antes

sin duda jugar a la muerte era divertido

 

después de aquel día intenté jugar a estar vivo

 

cuando hacía sol montaba en bicicleta mientras mis padres

y los padres de mis amigos se emborrachaban y veían la televisión

a veces me caía y me arrastraba miserablemente hasta su mesa

aguantándome las lágrimas y los mocos para que pudieran

ver tranquilamente el partido de fútbol sin que les molestase

el resto de niños se reían desde sus bicicletas inalcanzables

sus ruedas relucientes nunca dejaban de girar

parecían jinetes de otros tiempos más sencillos

 

los días de lluvia bajaba al descampado que había debajo de casa

recogía insectos sobre todo caracoles lombrices y escarabajos

después los guardaba a todos juntos en una caja de zapatos

para que no pasaran frío ni me escucharan llorar

mis preferidos eran los escarabajos

no hacían nada salvo comer con paciencia los trozos

de lechuga fresca que les regalaba

hasta que de un momento a otro se cansaban para siempre

y se tumbaban boca arriba muy quietos

 

jugar a estar vivo era cruel y daba miedo

yo prefería jugar a la muerte

cerrar los ojos y ver meteoritos, láminas de agua,

hermosas flores púrpuras sobre la frente de todos,

y permanecer inmóvil como el vientre de un alfiler

 

era divertido jugar a la muerte cuando aún no había enterrado a nadie

Escrito por Juan Ángel Asensio

Juan Ángel Asensio nació en Madrid, el 28 de septiembre de 1994. Autor de ''locos//santos//salvajes'' (ed. Chiado, 2017), graduado en Literatura General y Comparada y, sobretodo, miembro del colectivo Vitalismo, grupo de poetas salvajes, con los que recorre las ciudades manchándolas de poesía hasta el hueso. Para él, la vida (las heridas, el éxtasis) siempre fueron antes que el poema.