Hay cuatro Sodomas de las cuales tengo conocimiento: Sodoma como ciudad bíblica; Sodoma como la novela de Curzio Malaparte; Sodoma como obra capital del Marqués de Sade y Sodoma como se llamaba el excéntrico pintor italiano renacentista.

 

Inicialmente, el descubrimiento de cuatro cosas de un mismo concepto fue para mí una entera revelación porque supuso una investigación breve y concisa sobre cada lugar, objeto y sujeto de esa brutal y violenta palabra. Por eso, y como este escrito es de carácter rizomático, puede leerse en cualquier orden sin que por ello se altere el resultado.

 

Gebel Usdum

 

2012-58322-143534_25657_30040_t

 

Agua, fuego, ceniza, no se sabe qué, pero algo llovió sobre Sodoma y Gomorra que destruyó por completo estas ciudades. Hasta no hace mucho, la N.A.S.A. afirmaba que estos lugares fueron arrasados por un bombardeo cósmico, es decir, por meteoritos que cayeron en los lagos de betún (asfalto) que habían allí, incendiándolas hasta la extinción.

Incluso y para reforzar el asunto, se cree que Bera, rey de Sodoma y Birsa rey de Gomorra al huir de la ciudad ante la eminente catástrofe, cayeron en estos lagos y murieron. Es evidente que ésta es una explicación científica y no se desestima, pero en el asunto hay temas más complejos que una simple combustión que arrasó y desapareció cinco ciudades, según el relato original bíblico.

Voltaire dice erróneamente que estas tierras históricas eran tan pobres que no producían trigo, ni frutas, ni legumbres y que carecían de agua potable[1]. Pero no hay duda de la extrema riqueza de los habitantes de Sodoma y Gomorra, que les permitió sumergirse en las delicias del vicio y en los placeres disolutos, últimos refinamientos de la lubricidad propia de las naciones ricas y decadentes. Esto lo certifica Lot, el sobrino de Abraham que fue prosperado con bienes, pero no pudo disfrutar de ellos como lo hicieron libertinamente los lugareños, sino antes bien, perdió su esposa Edith, al ésta convertirse en estatua de sal por desobedecer el mandato de los ángeles.

Y respecto a esta estatua, hay un cierto punto de semejanza con la historia griega de Orfeo y Eurídice, que por su indiscreción de mirar hacia atrás, quedó atrapada en los infiernos. Pero avancemos.

Hoy, la colina más representativa de Sodoma, o la polvareda que queda de ella y de su hermana Gomorra, se llama Gebel Usdum, o monte de sal, que no es nada más que la propia estatua de Edith, mujer de Lot, como ya dijimos. Flavio Josefo dice en el libro primero de las Antigüedades que vio ésta estatua, pero Voltaire en su diccionario insiste en afirmar que el testimonio del historiador es una leyenda sin sentido. Incluso hay un poema de Sodoma que se le atribuye a Tertuliano y que dice: “Dicitur, et vivens alio sub corpore, sexus mirifice solito dispungere sanguine menses” y cuya traducción es: “La mujer de Lot, aunque se volvió estatua de sal, sigue siendo mujer y menstrúa”.

A propósito, el término sodomita (el cual muchos desinformados al oírlo se guardan la espalda y se persignan) aplicado a las personas con inclinaciones sexuales heterogéneas, es erróneo, porque la misma biblia dice que el pecado de los habitantes de Sodoma y Gomorra fue la soberbia, la saciedad de pan, abundancia y ociosidad.

Lo del sexo “contra-natura”, anal, homosexual, fifty-fifty, o como quiera llamarse no fue nada más que un gusto sibarita, entre muchos otros que los habitantes de aquellas ciudades se procuraron y que no es necesario traer a mención. Como dijo Curzio Malaparte: “Porque todos sabemos ya qué era lo que pasaba en Sodoma, pero… ¿en Gomorra? ¿Qué hacían los de Gomorra?“[2]

Quienes turísticamente visitan Jerusalén no les interesa investigar sobre la existencia de esta ciudad. Quizá por su mala e infundada fama. Hoy, el lugar donde antes se emplazaba la ciudad de Sodoma, es un desierto infestado de árabes nómadas que lo recorren hasta Damasco. Con tristeza, la ciudad fue reducida a un campo de ortigas, minas de sal, asfalto, azufre y se encuentra actualmente en un asolamiento perpetuo a las riberas del mar Muerto.

 

Curzio Malparte, el fachista

 

2014+01gray1

 

Curzio Malaparte, que en realidad se llamaba Kurt Erick Suckert (nombre sospechoso para un italiano), fue, a mi percepción, la versión europea de Ernest Hemingway: Periodista, mujeriego, aventurero, corresponsal de guerra, escritor político comprometido con una agitada vida intelectual y literaria, católico a su manera y metrosexual.

Y entiéndase por metrosexual aquel narcisista engominado, dandi y seductor que cuando vino por primera vez a América en 1952 enamoró a Rebeca, la sobrina del escritor chileno José Donoso y a Victoria Sacheri, la mujer argentina del escritor ecuatoriano Marcelo Chiriboga[3], y que como siempre, abandonaba a sus mujeres para evitar dependencias amorosas. Pero dejemos los fisgoneos personales del buen autor y entremos en materia de la obra que nos atañe.

Exiliado dos años en París y Londres, Curzio Malaparte (el autor adoptó este seudónimo porque decía: “Bonaparte ya hubo uno”), escribe una serie de historias cortas y elegantes que fueron luego recogidas y publicadas bajo el nombre de Sodoma e Gomorra (1931). El autor, que en partes de la obra se presenta como narrador y en partes como personaje, realiza un viaje imaginario junto a nada más y nada menos que el propio Voltaire por tierras palestinas, desde Jerusalén hasta Sodoma, pasando por el mar Muerto y Jericó.

Un viaje que lleva al autor y al lector a reflexionar sobre la existencia y el sexo de los ángeles, el amor entreguerras, la traición nacionalista, la religión, el comunismo soviético, el judaísmo, el deporte, el arte y la contra-lectura del tema del trágico fin del héroe épico. Todos, temas, que apasionaban en gran manera al escritor italiano.

La “poderosa” personalidad de Malaparte se deja ver en este libro desde la primera hoja hasta la última. Además de narrar con una gran fuerza descriptiva que, junto a un marcado sentido de lo trágico y la ironía, la humanidad y la vanidad, deja rastros biográficos por doquier. Pero no hay que perder de vista que la centralidad de esta obra es revivir los episodios oscuros acaecidos en las dos ciudades hermanas y por eso sorprende específicamente que Voltaire salga de su época y ciudad original y se inserte en una tierra tan violenta como lo fue Sodoma o Gomorra y hable con los ángeles.

Eso, diría un crítico, es una entera provocación, porque el mundo puede ser algo, menos volteriano. Y esta obra, indudablemente, fue (y es) un grito a la actitud de un mundo que hace apología de la guerra, la xenofobia y el antisemitismo. De ahí que sus críticos lo acusaran en algunas ocasiones de panfletario. Pero si algo amaba Curzio era contar historias ya que poseía una fantástica imaginación.

Podría hacer un inventario y me quedaría corto, de todos esos personajes históricos de los cuales Malaparte echa mano para hilar su narrativa en Sodoma e Gomorra. Henry Ford, Voltaire, Artajerjes, Gozzoli, Moisés, Trotsky, Hércules, Livingstone, Rousseau, Garibaldi, Magnolfi, Cleopatra, Chejov, Pedro el Grande, Chopin, Miguel Ángel, etc.

Y por último, no puedo dejar de mencionar los títulos que componen tan bella recopilación de historias de este clásico de la narrativa italiana: La Magdalena de Carlsbourg, La hija del pastor de Born, La mujer roja, Historia del caballero del Árbol, El negro de Comacchio, El “martillador” de la vieja Inglaterra y la Madonna de los patriotas. Relatos ambientados en lugares tan diversos como África, Bélgica, Escandinavia, Jerusalén, Rusia, Italia y Polonia.

Maurizio Serra en la biografía que publica en Tusquets dice: “Toscano maldito, artista y mártir, es el perfecto ejemplo del buen escritor que paga su talento con los defectos y aun los vicios del ser humano: mitómano, exhibicionista, persona ávida de dinero y de placeres, camaleón dispuesto a servir a todos los poderes y a servirse de ellos, una especia de Clagiostro de las letras modernas”[4].

Las 37 noches del divino Marqués

 

58dbd5884c5d4

 

El libro cumbre del Marqués de Sade, “Las 120 Jornadas en Sodoma” o “La escuela del libertinaje”, está considerado como uno de los más difíciles de leer por la forma cruda y grotesca del exceso de la corrupción y el abuso de poder. Y aunque es una obra inconclusa, tiene un valor completo ante los críticos, lectores y mal pensantes de hoy.

El libro está construido como el infierno de Dante: en círculos consecutivos de placer y castigo y está dividido en cuatro partes, a saber: Las pasiones simples, las pasiones complejas, las pasiones criminales y las pasiones asesinas. Además, claro, de una introducción descriptiva de los personajes, el contexto histórico del relato, y de cómo todos los que no eran los cuatro protagonistas y sus respectivas esposas fueron reclutados[5].

En síntesis, cuatro hombres ricos y libertinos desean poner en práctica sus deseos sexuales durante 120 días en el castillo de Silling. Reúnen a sus víctimas y cómplices y a cuatro veteranas prostitutas que narrarán las historias más extravagantes para ponerlas en práctica.

Los personajes son: el Duque de Blangis, un viejo aristócrata de cincuenta años matricida con una fortuna mal habida; el Obispo, hermano de Banglis, un hombre de cuarenta y cinco años apasionado con el sexo anal y la pedofilia; el presidente de Curval, un hombre de sesenta años flaco y sucio y Durcet, un banquero de cincuenta y tres años afeminado que prefiere la sodomía antes que nada.

Esta obra fue escrita en un lapso de 37 días (o noches) cuando el divino Marqués tenía cuarenta y cinco años y estaba preso en la Bastilla, el presidio donde pasó mayormente recluido. El incidente que marcaría su vida, fue sin duda, cuando transferido repentinamente de la cárcel, no tuvo tiempo de llevarse consigo el manuscrito de “Las 120 Jornadas de Sodoma” que había copiado en una larga cinta de 12,10 m de largo, formada por pequeñas hojas de 12 cm pegadas una tras otra.

Hasta su muerte, Sade creyó que este escrito, que consideró siempre como su obra maestra, se había perdido irremediablemente[6].

Estilísticamente hablando, Sade es un genio al aliar el lenguaje de la calle con el argot típico de los salones franceses. Y aunque esta su obra sea un texto inacabado (y justificado por la constante tensión en la que vivía el autor en la cárcel), posee estructura, movimiento, emoción y un cálculo casi matemático con el cual el autor narra al final de la obra sus víctimas, verdugos y personal de servicio. Manía numérica que refleja la obsesión que Sade tenía y que lo llevó a realizar extraños cálculos para predecir la fecha de su liberación de la Bastilla.

Algunos consideran “Las 120 Jornadas de Sodoma” una novela de género gótico y otros simplemente un escrito enteramente pornográfico, al punto que en bibliotecas como la Británica sólo se puede adquirir sus escritos bajo la consigna “categoría especial” y con el código de búsqueda PC 25b 22. Pero hoy en pleno siglo XXI, El Márques de Sade sale lentamente de su ostracismo literario con la ayuda de la libertad de expresión y elección, a la cual se abre el mundo paulatinamente. Simone de Beauvoir acotó: “comprender a Sade sin atenuantes es traicionarlo… su mérito reside en el hecho de que no se resignó… de que puso en duda todas las respuestas fáciles… El valor supremo de su testimonio se encuentra en su capacidad para inquietarnos”.

IL Sodoma

 

image

 

 

Sodoma fue el apodo de Giovanni Antonio Bazzi, un pintor italiano que nació en 1477 en Vercelli y murió en 1549 en Siena a los setenta y dos años y en la más completa pobreza. Roberto Bolaño en sus entrevistas breves tituladas “Entre Paréntesis”, menciona como fue que descubrió la existencia del polémico pintor, charlando con el poeta español Pere Gimferrer.

Fue mientras hablaban de un cuento llamado “Sodoma”, que Gimferrer le preguntó al autor de “2666” si el tema era sobre la ciudad bíblica o sobre el pintor, a lo que Bolaño contestó que jamás había oído hablar de un pintor llamado así. Al principio pensó que se trataba de una broma, pero al investigar descubre que Giorgio Vasari le dedica unas páginas en su libro canónico “La vita dei piu eccellenti architetti, pitori et scultori italiani”[7].

El sobrenombre del pintor se refiere exclusivamente a sus excéntricos gustos sexuales. Estaba rodeado de niños y jóvenes lampiños, a los que profesaba un gran cariño y lo que le valió el apodo de Il Sodoma. Primero, cuando este volvía de su taller, los niños de Siena le gritaban “Sodoma”, después fueron las mujeres las que lo llamaban así, luego las lavanderas de la ciudad y finalmente todo el mundo lo conoció por ese nombre.

Cosa que no le molestaba a pesar de la brutal fama de la Sodoma bíblica, antes bien se vanagloriaba escribiendo versos sobre el asunto. Sobrenombre que correspondía en alguna forma con su pintura, hasta el punto en que empezó a firmar sus obras con ese desagradable apodo que asumió con orgullo y que sostuvo con carácter festivo hasta los últimos días de su existencia.

El papa Julio II encargó al artista la pintura de uno de los aposentos de Nicolás V en el Vaticano, pero pasaba tanto tiempo justificando su apodo que el viejo papa no tardo en despedirlo. Tiempo después, León X, que sucedió a Julio II, restableció a Sodoma en el favor pontifico. Il Sodoma pintó para el alegra papa una desnuda Lucrecia que se mata apuñalándose; León X lo recompensó bien y lo nombró caballero de la Orden de Cristo[8].

Su taller personal, que realmente era su casa, era de lo más cómico y variopinto. Lo que debía ser el taller de un pintor renacentista, se asemejaba más a un zoológico (Vasari dice que parecía una verdadera arca de Noé). La arquitectura no decía mucho, pero detrás de la puerta de su casa, había un gran pasillo oscuro, que daba la impresión de ser un establo o un garaje por lo espacioso y ancho. Al fondo había un cuervo parlanchín que anunciaba las visitas que cruzaban el largo pasillo de la casa de II Sodoma.

El timbre con el que el cuervo anunciaba el visitante era “Sodoma, Sodoma, Sodoma”. Se desconoce cómo pudo aprender a decir tales palabas con precisión, porque son los loros los que hablan, y los cuervos solo graznan, pero el plumífero variaba en ocasiones graznando: “visita, visita, visita”. También había un mono que II Sodoma había comprado a un viajero africano, y que se movía por toda la casa colgándose especialmente de las ventanas. Y así, completaba el cuadro con asnos enanos (teológicos, según su dueño), caballos, gatos, perros, ardillas, pájaros de todas las especies, y tigres que criaba desde pequeños y que abandonaba al hábitat cuando se hacían grandes.

Pero el animal que era el centro de atracción era indudablemente el cuervo, el cual los amigos de II Sodoma querían oír hablar. En ocasiones, quizá intuyendo el pájaro la morbosidad de las visitas se sumía en un mutismo obstinado durante días enteros. Bolaño le agrega de una forma cómica, que el ave podía recitar versos de Cavalcanti para entretener.

Su otra obra pictórica, aparte del arte religioso en monasterios e iglesias de Italia, es poco conocida; aunque en galerías de Siena, Londres, París, New York, se puede encontrar esos trazos carnavalescos que plasmaba en el lienzo antes de la borrachera, la orgia y el desenfreno. Y no es que su obra fuese estéticamente patética, sino que su línea manierista le llevaba a trabajar las expresiones en claro oscuro, influenciado por la técnica del “Sfumatto”, propia de Leonardo Da Vinci y del liso acabado de delicada gracia de Rafael.

Roberto Bolaño sólo pudo apreciar una de sus obras en Florencia, en la galería de degli Uffizi y quedó extasiado por presenciar una obra que combinaba lo más brutal de II Sodoma con lo más noble de Bazzi. También descubrió Bolaño, que en Villa Farnesina de Roma hay unos frescos suyos que la crítica considera extremadamente excelentes. Su obra más conocida es la llamada Jesucristo atado a la columna.

 


[1] Voltaire. Diccionario Filosófico. Librodot. Pág 703.

[2] Malaparte, Curzio. Sodoma y Gomorra. Plaza & Janes. En la traducción de Eduardo Bittini. Pág 16.

[3] Ruiz, Barrera, José Luis. “La noche que Curzio Malaparte le robó la novia a Marcelo Chiriboga”. Internet. http://www.ovejabienegra.wordpress.com/2015/04/13/la-noche-que-curzio-malaparte-le-robo-la-novia-a-marcelo-chiriboga/ Acceso: 13 de Abril 2015.

[4] Serra, Maurizio. Malaparte, vidas y leyendas. Tusquets Ediciones. España.2002. 560 Págs.

[5] C.S.F. Introducción a las 120 Jornadas de Sodoma. Ediciones Akal. Madrid. 2004. Pág XIV.

[6] Sade, Marquéz. Elogio de la resurrección. Ediciones el viejo Topo. Madrid. 1988. Pág 7.

[7] Bolaño, Roberto. ”Entre Paréntesis”. II Sodoma. Madrid. Miércoles 9 de Mayo de 2001.

[8] Durant, Will. El Renacimiento. Historia de la civilización en Italia de 1304 a 1576. Editorial Sudamericana. Buenos Aíres. Tomo 1. Pág. 341.

Escrito por Diego Firmiano

Escritor, Periodista, Viajero.