Perdone usted que hable poco, pero hace poco casi ni vivía.
Cuesta un ojo por diente anunciarse entre tanta noche .
Y para cuando se puede al final termina una por aullarse sola,
recoger la ceniza, vestirse, irse.
Y la noche no pasa.

Capitulemos.
Como dijo él: Hace tiempo que espero un milagro,
(¿Porqué no?)
un montón, entre el polvo.
(Tiéndame una mano)
Un gorgoteo de piel espumosa y leudante.
(Le prometo despertar)
Un jardín almo de puerta verde cerrada por fuera.

Sirio no sabe cuanto brilla y Orfeo no cesa de mirarme.

Erbarme dich, ten piedad.
Dales el descanso eterno.
La luz perpetua.
El acantilado, la nieve y el bronce.

Déjales entrar de una vez a este lago de luna roja
que se derrama angustioso ocre
que no aparece
pero que no cesa de llamar con su viento intraducible,
su aroma cuajado de pólvora y melaza.

Y el corazón, esa bestia atada.
Durmiendo.

Shhhhh.

 

 

 

 

 

Escrito por Almendra Galindo

Nació en 1992, en Valparaíso. Actualmente estudia Filosofía en la Universidad de Chile. Ama a su gato Catulo.