Cuando estuve en esa oscura habitación, alguien más estaba conmigo. Ya sé lo que estás pensando, pero mi confinamiento no me hizo perder la cordura. Primero vino la opresión en el pecho, después el frío a pesar de que la ventana se encontraba cerrada, luego una respiración. Si me concentraba lo suficiente, podía escuchar un leve gemido. Te repito, Sergio, no estoy loca. Lo recuerdo con claridad. Sé que lo olvidaré en algún momento, por eso lo cuento. Necesito contar lo que sucedía cada vez que mi hermana me lanzaba a ese lugar. ¿Sentí miedo? Sí, por supuesto, pero también sentí una extraña curiosidad. Necesitaba saber qué era lo que sentía y escuchaba. ¿Mi abuelo? ¿Su abuelo? ¿Mi prima? No sé si lo recuerdas, pero hace años te conté que mi abuelo murió en esta habitación, también su abuelo y mi pequeña prima Marta. Mi madre solía decir que era el sitio de los muertos, que no me atreviera a entrar ni a tocar nada. Está maldito, Verónica. Me insistía con regularidad. Desde pequeña vi y sentí cosas, aunque les quité la importancia por la falta de creencia. ¿Ahora lo creo? No lo sé, pero el terror era real. Mis gritos también lo fueron.

Esas experiencias nunca se detuvieron. Fueron constantes, a través del tiempo, mi hermana dejó de encerrarme en esa terrible habitación. Nuestra amistad se ha roto y aunque intente remediar lo que nos hemos hecho, mis fuerzas se debilitan. Las dos cambiamos desde la muerte de nuestros padres. Lo que vivimos nos pudo salvar, pero en cambio nos  envolvió en un estado de sopor y angustia. Siento alivio al saber que pronto todo acabará. No te sientas triste, amor. Te llevo conmigo.

¿Recuerdas al escritor que hablé en una de las cartas? Salimos muchas veces. ¿Somos pareja? Creo lo que somos. Me trata como a una novia. Sé que me engaña, ¿sabes? Sé que tiene a otra. Lo vengo sospechando desde hace varios meses. Sin embargo, sigo sonriendo en nuestros encuentros. Sigo sonriendo cuando nos reunimos con mi familia o con mis amigos. A los ojos de ellos, somos la pareja perfecta. ¿Qué pienso yo? Bueno, que no quiero morir sola. Que quiero ser amada, es el deseo de pertenecerle a alguien. Soporto su engaño, Sergio. No tengo muchas alternativas. El amor no es lo que siempre esperamos, buscamos tanto para recibir tan poco, pero es ese pequeño grado de felicidad, el que nos mantiene esperanzados. Nos hace creer que a pesar de tanta mierda, alguien nos está esperando.

Hoy olvidé comprar la comida y también lavar la ropa. No recuerdo dónde dejé las llaves, ni el vestido que me quité anoche. Es desesperante, Sergio. Saber que pronto olvidaré todo, lo recordaré y lo volveré a olvidar. Quisiera regresar el tiempo y tener un momento más contigo. ¿Por qué no te disculpaste? Era lo único que esperaba. Una disculpa. Después de todo, yo estuve ahí, ayudándote. Recuerdo nuestra última pelea y la escribiré antes de que la olvide. Estabas enfermo, Sergio. Postrado en una cama con pocas habilidades para levantarte y hacer tus necesidades. Yo estuve cuidándote, te arropaba en las noches, te llevaba el agua y todo lo que necesitabas. Estuve a tu lado, ¿lo recuerdas? Yo sé que sí. Luego invitaste a un médico a verte, te hizo una simple observación y te recomendó descanso. Cuando te recuperaste, le dijiste a todos que gracias al médico, estás vivo. Me hiciste a un lado, sin agradecer mis esfuerzos y me ignoraste. Te lo recriminé con decepción, ¿recuerdas tus palabras?

Hiciste el papel de una simple enfermera, Verónica. Pero él es el médico de verdad. Dijiste.

Lo sé, pero yo te ayudé. Él es un médico, con doctorado y todo, ¡pero no estuvo contigo todos los días! ¡No te cocinó ni te dio de beber cuando apenas podías sostener el vaso! Te dije.

Eres una envidiosa, Verónica. Vanidosa y soberbia. Quieres el éxito de los demás. No te di el mérito porque no lo tienes. Me reprochas con odio cuando yo solo alabé los esfuerzos de un experto. Si quieres ser enfermera, te falta demasiado por aprender. Fue tu sentencia.

Estabas equivocado. Mi problema no era tu discurso patético y sobrevalorado sobre el médico, mi rabia provenía porque me hiciste sentir desprestigiada. Ese era el verdadero problema. Que nunca valoraste mi ayuda, ni fuiste amable ni agradecido. Tu preferencia fue darle las gracias a un desconocido y atribuirle tu mejora. ¿Y yo? En el olvido. La mujer que supuestamente amabas. Eso fue lo que rompió mi corazón. La falta de sensibilidad. Tiraste mis esfuerzos a la basura, como algo insignificante y sin demasiada importancia.

Me fui y no miré atrás. Por varios días, me aferré a la idea de que reconocieras el error que cometiste, sin embargo, solo dejaste entrar al orgullo. Me esperaste. Pero yo no regresé, no porque no quisiera, sino porque después de tanto, merecía tu arrepentimiento. Fue la excusa perfecta para irte a París sin la necesidad de lidiar conmigo, ¿Verdad?. ¿Después de lo que me dijiste esperabas recibir mi disculpa y mi atribución a la culpa? No seas tan cara dura, Sergio. El dolor fue el golpe que me hizo regresar a la realidad, a una solitaria, llena de mentiras y engaños. Regresé a ese dolor y lo hice de la peor manera.

Escrito por Yoselin Goncalves

Yoselin Goncalves nació en la ciudad de Barquisimeto, Venezuela, el 21 de mayo de 1993. Comenzó escribiendo relatos de índole romántica, pero después se inclinó por la fantasía y el terror. Se graduó de bachiller en ciencias en 2010 y en 2017 culminó su Licenciatura en Publicidad y Mercadeo con énfasis en imagen corporativa en la UIP (Panamá). Ha trabajado en distintas áreas de marketing, ventas y administración. En 2016 realizó el taller Escriba y Publique su Libro, dictado por Ileana Golcher en la USMA. En 2017 cursó el taller de Formación de Escritores PROFE del INAC en la misma institución. Los libros de la bilogía El acecho de los inmortales (volúmenes I y II) fueron publicados en Amazon y otras plataformas digitales, tanto en formato físico como digital, entre los años 2016 y 2017, y fueron presentados en la Feria Internacional del Libro en Panamá 2017. En septiembre del mismo año, la autora obtuvo una mención de honor en el Concurso Venezolano de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción SOLSTICIOS, por su relato «La mujer del lago» en la categoría «fantasía». En marzo de 2018, su cuento «Te llevo en mis venas» fue FINALISTA del II Concurso Internacional de Cuento Breve TODOS SOMOS INMIGRANTES de México. Sus escritos aparecen publicados en diferentes medios.

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