Al sur del mundo se encuentra la provincia de Temuco. En ella se esconde la comunidad de Kechurewe, la que ha sido la cuna de un poeta mapuche que crecerá al margen de la tradición literaria de Chile. Allí, en 1952, nace Elicura Chihuailaf, quien vendrá a ser una de las voces más profundas de la poesía chilena, ya que manifestará un verdadero rescate de la cultura de su etnia de origen y una lectura actual de ella.

Elicura aparece como una voz poética intrínsecamente unida a la naturaleza a partir de su primera publicación El invierno y su imagen en 1977. Por esta obra, la crítica literaria lo sitúa en la generación de los años setenta, junto a autores como Raúl Zurita, aunque también se le vincula a aquellos poetas que publican después del golpe de estado sucedido en Chile en 1973, generación que ha sido llamada De la diáspora y el exilio interno. Desde entonces ha escrito 16 libros, entre ellos De sueños azules y contrasueños (1995), Recado confidencial a los chilenos (1999), La vida es una nube azul (2016), etc. Su obra ha sido traducida a diversos idiomas, y sus poemas se presentan en formato bilingüe, en mapudungun y español.

A simple vista, los poemas de Elicura parecen simples, sin embargo, su obra esconde una profundidad y complejidad que es reflejo de la cosmovisión en la que fue gestada su palabra poética. En este ámbito, una de las grandes novedades que Chihuailaf ha traído al canon literario chileno es la noción de oralitura, término que fusiona las palabras literatura y oralidad y al cual el poeta ha otorgado un nuevo significado: esta palabra permite remitirse a la importancia de la palabra hablada en la cultura mapuche, ya que nuestra existencia está marcada por la manera en la que nuestros antepasados nos transmitieron la sabiduría de boca en boca. En este sentido, Elicura se llamará a sí mismo un Oralitor que transmitirá su palabra poética situándose en un espacio entre lo oral y lo escrito:

«cuando caminamos va un pie adelante y otro atrás ¿quién nombra ese espacio que se produce entre ambos pies? ¿Quién nombra el trayecto que hay entre la oralidad y la escritura?. Yo habito en ese espacio que no es ni la oralidad ni la escritura. De momento, la oralitura visibiliza esa realidad. Este neologismo, que es distinto en su contenido al acuñado por los antropólogos estadounidenses en África (años 80), que dice que la oralitura es todo escrito generado desde o en torno a lo nativo, para nosotros es la escritura hecha desde o al lado de la memoria de nuestros antepasados, intentando alcanzar su profundidad y sostener su emoción y musicalidad, mediante la vivencia y el diálogo lo que la hace universal, más que por la investigación. La oralitura incluye, no excluye ni reduce».

De esta manera, la oralitura de Chihuailaf, como podemos ver en gran parte de sus obras, se tiñe de un color azul que le otorga a sus palabras el tono místico y ancestral propio de la cultura mapuche. El poeta siente tal cercanía a este color que en su obra Recado confidencial a los chilenos denomina a su hogar de origen «La casa Azul en que nací», en donde fueron sus mayores quienes le enseñaron oralmente la sabiduría de su pueblo y su unión fraterna con la naturaleza.

En este relato, el poeta también nos explica el carácter sagrado que adquiere el azul en su cultura, manifestando cómo este color puede ser considerado el verdadero origen de la vida: «Fue entonces que el primer espíritu Mapuche vino arrojado desde el Azul. Soñando miraba éste la superficie inmensa, deshabitada, de la Tierra que ahora andamos» (30). En este ámbito, y como explica el poeta, este primer espíritu se origina en el azul del oriente, donde se levanta el sol que transmite una energía que habita a todas las personas.

Este aliento azulino que inspira a Elicura Chihuailaf aparece en una cantidad no menor de poemas. Podemos observar, por ejemplo, este breve pero hermoso poema llamado «Iniciación» :

«Mi sueño se ha convertido
en la energía que vive y abre
las puertas de mi alma
Su aire estas palabras
el Azul que su canto sostiene».

También, este color aparece en el poema «Desde tus sueños Padre Azul»:

«desde los ulmos que brotan
en la cordillera
del gran Río del Cielo
me llegó, Padre Azul, la miel
de ternura
Silba, canta, mi corazón
pasa volando
en los ojos ya vacíos
del invierno
Canto y silbo yo también
como un ave posado
sobre el Árbol del Contento
Y luego anuncio y entro jubiloso
Mi espíritu soñándose
en la casa de tu Primavera».

Así, el color azul pasa a ser más que un adorno estético y nos sumerge, a través de las palabras del poeta, en una cosmovisión extraordinaria y única, que ha sido silenciada por años, pero que Elicura Chihuailaf se ha mantenido firme en su intención de reivindicarla. Es de interés seguir leyendo a autores como Elicura, pues se trata de un testimonio vivo de una unión íntima con la naturaleza, basada en el respeto y la admiración. Así, estas creaciones literarias se vuelven realmente urgentes en un mundo en el que abundan las selvas de cemento, aquellas en las que la naturaleza es vista como bien desechable. En este ámbito, la cultura mapuche y de los pueblos originarios en general, son un tesoro que debemos rescatar y al cual debemos dar un lugar en nuestra sociedad.

Si quieres leer y aprender más sobre este poeta, puedes recurrir a los siguientes links:

http://www.foroliterario.org/2011/es/invit/3/elikura-chihuailaf-p.html

http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-100609.html

http://www.paula.cl/reportajes-y-entrevistas/la-mapuchidad-segun-elicura-chihuailaf/

http://www.carcaj.cl/por-un-espacio-entre-la-oralidad-y-la-escritura/

 

Escrito por Cote Verdugo

Cote Verdugo: nació en Santiago de Chile, el 17 de junio de 1994. Es licenciada en Letras Hispánicas y profesora de Lenguaje y Comunicación (PUC).