Jesús, ¿adiviná qué? Estamos en Salvador de Bahía, somos dos bateristas, este es nuestro primer carnaval como profesionales. Justo antes de comenzar a tocar me agarra una especie de pánico escénico y te pregunto:

¿Cómo es que tenemos el ritmo en las venas?

JI: –Porque somos el ritmo. Escuchá… Escuchá: eso que suena acompasado no es el corazón, es la melodía que fluye desde nosotros hacia ellos.

¿Por qué decimos “tocar” un tema si en realidad estamos golpeándolo?

JI: –Nos gustan las texturas extrañas. Si no palpamos cada nota no disfrutamos de las formas breves, de los sonidos de cada golpe: cada uno es único e irrepetible.

Creo que tengo miedo de lastimar una canción, ¿alguna vez te pasó?

JI: –Sí. Cuando batimos el parche demasiado fuerte. Por eso siempre les hablo antes, nunca recurro a la violencia. Y generalmente me pasa cuando tocamos Lula Livre, fora Temer; me entusiasmo demasiado con el Surdo.

¿Dónde sentís la música?

JI: –En la garganta: si vibra, hay música, sino, es apenas una notita que se escapó, de traviesa nomás.

¿Es sólo cuestión de tiempo y armonía o hay además algún ingrediente secreto? 

JI: –Sí. Pero es secreto. Si tomás mi taller de percusión te los doy. Tengo una familia de Redondas, Corcheas, Semicorcheas, Fusas y Semifusas que mantener. Y una Negra hermosa (con la que me casé) que es pasista: laburo raro el de ella… Todo el día midiendo el tamaño de los pasos de los peatones; el que se pasa de la medida tiene que ir a la Academia del Paso y volver a sacar el carné (por supuesto que, previamente les dictan los cursos correspondientes y rinden examen).

¿Por qué la gente se contagia con nuestra batucada?

 JI: –Porque somos un resfrío musical, vamos contagiando la influenza-ritmicus hasta que nadie queda sin moverse. La gira una vez que comienza, no se puede parar. Y te digo un secreto: por suerte, para esto no hay vacunas.

Apretás tus manos con las mías, te siento con fuerza, me das ánimo. Toda tu energía musical me trae de regreso a uno de los días más esperados de nuestras vidas. Esto nos gusta, poder ir y volver de ciertos estados, vibrar las performances de nuestros cuerpos con apenas un batir de palmas.

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Jesús Iribarren nació en Coronel Pringles, Provincia de Buenos Aires en 1985.

Actualmente reside en Olavarría, provincia de Buenos Aires. Es abogado, poeta y escritor. Decidió abandonar su profesión y dedicarse a la literatura, mientras trabaja como empleado de correo.

 

Publicó como finalista del III Premio Internacional de Poesía Jovellanos su poema “Los fracasos llevan tiempo“, incluido dentro de la antología de Ediciones Nobel (España). 

 

Tiene dos libros publicados en poesía: “Vergüenza” editado en 2017 (Zindo & Gafuri Ediciones), y “Pasó el reviente” editado también en 2017 (El ojo del mármol).
Colabora en la plataforma www.liberoamerica.com.  

Escrito por Yanina Giglio

Yanina Giglio nació en Buenos Aires, Argentina en 1984. Lectora serial que escribe, investiga, experimenta y vuelve a empezar. Incansable. Apasionada por el desarrollo de procesos creativos. Ha realizado estudios en Ciencias de la Comunicación Social en UBA. Es miembro fundador de Odelia editora. Coordina talleres de lectura y escritura creativas. Actualmente estudia Artes de la Escritura en UNA y el posgrado "Escrituras: Creatividad Humana y Comunicación" en FLACSO. Publicó: Abrapalabra: licencia para hablar (Entrelíneas UBA, 2014); La Do Te (Editorial Alción, 2015); Recuperemos la imaginación para cambiar la historia -Antología- (Proyecto NUM-Editorial Mansalva, 2017); Liberoamericanas. 80 poetas contemporáneas -Antología- (Editorial Liberoamérica, 2018). Colabora como periodista cultural en www.cineyliteratura.cl y www.liberoamerica.com