Los ornitorrincos son animales extraños: sean una broma de la madre naturaleza o criaturas prodigiosas – por ser vestigios de una fauna extinta -, esta peculiar especie de marsupiales han resistido sin apenas haber evolucionado. Curiosamente, los poetas también son seres igual de extraños: exóticas criaturas que se mueven entre las turbias aguas de la literatura con más o menos soltura, como supervivientes natos. Pocos son los valientes que se lanzan a mojarse en estos controvertidos cuestionarios de respuestas concisas que, a partir de este momento, se publicarán en Revista Liberoamérica, de manera mensual.

Bienvenidos, por tanto, a esta nueva sección, singular aventura inaugurada por nuestro primer autor escogido: Alfonso Vila Francés llega a nuestro sótano para enfrentarse a las veinte preguntas de esta entrevista minimalista, preguntas sencillas a priori, para conocer un poco más a nuestros poetas españoles contemporáneos. Disfrutad de la breve lectura.

Alfonso Vila Francés es poeta, narrador y fotógrafo. Ha vivido en Orihuela, Madrid, Bruselas y Debrecen (Hungría). Como buen currante, ha trabajado como monitor de tiempo libre, bibliotecario, archivero, profesor de secundaria, etc. Ha colaborado en revistas tales como Calicanto, Acantilados de papel, La bolsa de pipas, Fábula, Ágora, Hojas Iconoclastas, etc. Ha ganado multitud de premios literarios por sus obras poéticas y narrativas. Autor de varios libros, entre ellos, Acto de clausura, Tiempo Muerto (ambos de poesía), La vida mientras tanto, Velas (relatos), etc.

¿Qué no es poesía?
Cualquier cosa que no merezca la pena.

¿La poesía sirve para algo?
No. Es tan inútil como la vida.
 
El momento más vergonzoso de tu vida como artista fue…
Ser artista ya es una gran vergüenza. Mejor no indagar más.

¿Dónde están las musas?
Donde no las encuentras si ellas no quieren ser encontradas. Es decir: en todas partes y en ninguna.

¿Qué libro te hubiera gustado escribir?
En el camino, de Jack Kerouac. No, mejor dicho, escribirlo no: vivirlo.

La palabra más hermosa del diccionario es…
Soledad. No me preguntéis por qué. Supongo que porque uno nunca se encuentra si no está solo.

¿Amor o desamor como tema universal poético?
Desamor. El amor es sólo un paso previo al desamor.

¿Libro impreso o libro electrónico?
Impreso. Aunque sea un lujo y algo que debe desaparecer por el bien del planeta. Como tantas otras cosas.

Último libro leído.
Uno que leí por trabajo. Últimamente leo poco por placer. Aunque me los sigo comprando, para cuando tenga más tiempo.

¿La literatura da de comer?
No. Ni falta que hace. Sería terrible tener que escribir para poder comer. Uno acabaría escribiendo cualquier cosa…

¿El arte ha muerto?
Por supuesto que sí. Desde el principio de la humanidad. Desde el mismo momento de llamarse “arte”.

Un libro que no recomendarías bajo ninguna circunstancia.
Mis novelas. Tengo mis motivos. Eso sí: mi opinión en esto no es de fiar. Es más, mejor no hacerme caso (que luego los editores y mis amigos me echan la bronca).

¿La pastilla roja o la azul?
Pido el comodín del público…

¿Protagonista o secundario?
Según el momento del día o de la noche.

Si fueras un personaje de ficción serías…
Un escritor.

Una serie recomendable y una película olvidable.
No hay series buenas. Contrariamente a lo que se piensa. O al menos a mí me acaban aburriendo todas. Películas olvidables: la gran mayoría.

Un director de cine y un disco de cabecera.
Hay muchos. Los primeros que me vienen a la cabeza son Lars Von Trier y October, de U2. Pero digo October porque lo estoy escuchando ahora. La semana pasada hubiera dicho otro, y lo mismo ocurriría con el director. A lo mejor otro día vuelvo a ver 9 songs y digo Michael Winterbotton.

Si existiera la posibilidad de resucitar a una celebridad por un día para tener una interesante conversación, ¿a quién elegirías?
A nadie. Seguro que me llevaba una desilusión. Mejor dejarlo así. Y además, si ellos preguntaran, yo no sabría que decirles. O preferiría no decirles cómo está el mundo…

Un momento histórico.
La Guerra Civil, pero sólo si me dejan cambiar el final. O mejor dicho: sólo si me dejan pararla a tiempo.

Un consejo para no tener en cuenta.
Cualquiera de los que doy yo. Sería un desastre si me hicieran caso.

Mil gracias, Alfonso.

Próxima entrevista: José Pastor González.

SOBRE LA CULPABLE DE ESTA SECCIÓN MINIMALISTA: ANA PATRICIA MOYA

Estudió Relaciones Laborales y es Licenciada en Humanidades por la Universidad de Córdoba. Ha trabajado como arqueóloga, bibliotecaria, documentalista, etc. Actualmente, se busca la vida como puede y dirige el Proyecto Editorial Groenlandia. Su obra más reciente es Píldoras de papel (poesía; Huerga y Fierro, 2016). Sus textos aparecen en distintas publicaciones de Europa e Hispanoamérica, digitales e impresas, así como en antologías literarias; también ha obtenido algún que otro premio por sus despropósitos lírico-narrativos, siempre como la eterna finalista. Ha sido traducida parcialmente a varios idiomas.

Escrito por Periquilla Los Palotes

Juntaletras del tres al cuarto. Editora por vocación tardía. Ermitaña, huraña, misántropa.