El día lunes 28 de mayo de 2018, el mundo hispanoparlante despertó con la lamentable noticia del fallecimiento -a los 93 años- de la cantante y actriz madrileña María Dolores Pradera, en su ciudad natal.

Diversas personalidades del mundo artístico, cultural e incluso político, manifestaron públicamente su pesar por el deceso de la nonagenaria intérprete. Entre ellos: Alejandro Sanz, Pablo Alborán, Pasión Vega, Ismael Serrano, María Teresa Campos, Joaquín Sabina, Rosana, Sergio Dalma y la propia Casa Real española.

Pero, ¿cuál es realmente la importancia de la figura artística de María Dolores Pradera?, ¿Qué hace de su pérdida una herida irreparable para la canción en español?

Desde los años 40′, Pradera trabajó como actriz de teatro y -en menor medida- de cine, es en esta ocupación donde conoce al también prominente actor Fernando Fernán Gómez, con quien mantendrá una relación conyugal entre 1945 y 1957. Su desempeño como actriz obtuvo aplausos y respeto entre sus pares, sin embargo, el futuro depararía a Pradera un lugar de prestigio y esplendor en el mundo de la música.

Aunque recién en la década del 60′, María Dolores Pradera se dedicó de lleno a la canción, su voz y calidad interpretativa ya se habían dado a conocer en 1954 y 1958, a través de dos canciones españolas en los filmes “Murió hace 15 años” y “Patio andaluz”, en orden respectivo.

Desde entonces, se erigió como una potente cantante melódica, con uno de los repertorios más amplios, variados y mejor escogidos del cancionero español y latinoamericano; haciendo suyas antiguas coplas (ej. “Las barandillas del puente” ), nanas (ej. “Nana para un niño con suerte”), fados (ej. “Lisboa nao sejas francesa”), pasodobles (ej. “Islas canarias”),  milongas (ej. “Milonga sentimental”), boleros (ej. “Toda una vida”), rancheras (ej. “Pa´todo el año), corridos (ej. “Caballo prieto azabache”), zambas (ej. “Luna tucumana”), candombes (ej. “Negra María”), cuecas (ej. “Las dos puntas”), sones cubanos (ej. “Lágrimas negras”), joropos (ej. “Pajarillo verde”), llaneras (ej. “Caballo viejo”), pasillos (ej. “Sombras”), vallenatos (ej. “La gota fría”), bambucos (ej. “La ruana”),  ritmos afroamericanos (ej. “Facundo”), marineras e isas canarias (ej. “Popurrí de palmeros).

Sin embargo, sus versiones más conocidas son las del vals peruano, inmortalizando clásicos del género como “La flor de la canela”, “Fina estampa” y “Caballo de paso”, de Chabuca Granda; “El rosario de mi madre” e “Historia de mi vida” de Mario Cavagnaro, “Limeña” y “Cuando llora mi guitarra” de Augusto Polo Campos; “Amarraditos” de Pedro Belisario Pérez y Margarita Durán; “Que nadie sepa mi sufrir”  de Ángel Cabral y Eduardo Dizeo; “Clavel Marchito” de Armando González Melbrán, entre muchos otros.

Pradera recorrió como muy pocos la obra de Chabuca Granda, a quien, además, la unía una gran amistad; así como la de prominentes autores y compositores como Atahualpa Yupanqui, José Alfredo Jiménez, Tomás Méndez, Álvaro Carrillo, Horacio Guarany, Alfredo Zitarrosa, Graciela Arango de Tobón, Agustín Lara, Simón Díaz y Miguel Matamoros.

Paralelamente a su amplio repertorio de raíz folclórica, también grabó y colaboró a cantautores, trovadores y compositores de música romántica, entre los que se cuentan Carlos Cano, Violeta Parra, Alberto Cortez, Manuel Alejandro, Rosana, José Feliciano, Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat, Amancio Prada e incluso Juanes.

Considero crucial un nuevo acercamiento y nuevas lecturas a la figura de María Dolores Pradera, pertinente a la contingencia y al auge de los movimientos feministas reivindicativos en América Latina. La artista forjó su vida y su carrera superando la pobreza y la tensión de la posguerra, como ha detallado en numerosas entrevistas; se desempeñó como una importante actriz de teatro y cine en un ambiente fuertemente marcado por los estereotipos; se convirtió en una de las más destacadas intérpretes de autores y compositores latinoamericanos, siendo la primera mujer española en incorporar de lleno la canción ranchera a su repertorio, otorgándole un inconfundible sello femenino; se le reconoció públicamente por su talento y personalidad, alejada del divismo y la polémica, fuera del lente del asedio periodístico, que amparado en su belleza, buscó por largos años endilgarle algún amorío; se presentó con gran éxito en los escenarios más relevantes del habla hispana y se caracterizó por su generosidad y compromiso con l@s artistas más jóvenes, dándole voz a sus obras y colaborando en sus trabajos discográficos.

Esa fue -precisamente- una de las últimas alegrías de la cantante: El proyecto homenaje “Gracias a Vosotros”, dos discos de estudio (2012 y 2013) donde algunas de las personalidades más destacadas del mundo de la música en español, grabaron a dúo con ella una selección exquisitamente elegida de su repertorio.

Discreta, elegante, generosa y con su voz intacta hasta sus últimos días, nos dejó una de las más extraordinarias cantantes en nuestro idioma, no en vano conocida como “La gran señora de la canción”. Sin duda, debemos volver a sus canciones y revalorar su figura como la de una mujer señera, que a punta de su innegable talento, se ganó un lugar en la primera división de la música y los escenarios hispanoamericanos.

Escrito por Marcelo Nicolás Carrasco

Lector y escribiente. Nacido en Santiago de Chile en 1999. Autor de "Catalepsia" (Piélago, 2015). Antologado en "Pánico y Locura en Santiago" (Santiago Ander, 2017) y diversas publicaciones web. Organizador -junto a Carmen Berenguer- del Ciclo Poetas 2020 en la Sociedad de Escritores de Chile.