Prólogo del libro que recoge la historia del Condominio Social de Conchalí Eusebio Lillo, así como su experiencia en el programa de recuperación de espacios “Quiero mi barrio”.

Las anécdotas y estados de avance del proyecto que se relata en las siguientes páginas, el programa “Quiero mi barrio”, aplicado en el condominio social Eusebio Lillo de la comuna de Conchalí, corresponde a una micro-historia dentro de un relato mayor.
Cuando se nos enseñaban en el colegio los acontecimientos, las proezas, las fechas de la historia de un país, una región o del mundo, todos esos datos quedaban fosilizados en los libros, en cuya superficie sólo se traslucía el esqueleto de un gigante tan grande que no éramos capaces de ver por completo con nuestra reducida visión. Ahí se inscribían nombres grandilocuentes de próceres nada más que como una muestra de la totalidad del organismo del gigante, sus hazañas, fracasos, triunfos y el de su territorio. Estos nombres y sus anécdotas sólo representaban una parte de la historia, pero ¿Quién cuenta la historia de los microorganismos más ocultos que oxigenaron las células del gigante para que éste realizara las hazañas?

El presente libro menciona a los pobladores que fueron protagonistas de su propia historia. Menciona los cuarenta y cinco años de vida del condominio social Eusebio Lillo. Un lugar pequeño dentro de un país gigante llamado Chile. Sobre sus habitantes se hace una proyección de sus sueños futuros y el proceso de mejora que está en construcción, en los ámbitos físico, cultural y social, por medio del programa “Quiero mi barrio”. La construcción de una historia que desde el pasado mira hacia adelante, cómo avanzar hacia una mejor calidad de vida de un condominio en el sector norte de Santiago.
El hombre es un animal político, y como tal, se involucra en las decisiones correspondientes a su entorno, en tanto le afectan en el día a día. De ahí se desprende el esfuerzo de los pobladores y dirigentes de muchos lugares del territorio nacional por ser partícipes y adjudicarse un rol clave en la configuración de la toma de derechos de la vivienda, que viene de desde principios de siglo XX: desde entonces que la burguesía rentista especula con los precios de la residencia y los terrenos, lo cual hace muy difícil alcanzar el anhelo de la casa propia.

Esto afecta el acceso a la vivienda propia hasta el día de hoy, pero veremos cómo por medio de la lucha, el esfuerzo y la constancia, pobladores y dirigentes lograron levantar primero el campamento Juan Araya para vigilar desde allí el condominio Eusebio Lillo que después habitarían. Fueron momentos de crisis: hambre, frío, adversidad, pero esta misma adversidad fortaleció los lazos de cooperación entre los vecinos.

Para ello tuvieron que confluir, en momentos tanto de armonía como tensión, con diversos organismos institucionales, por medio de los cuales han sido capaces de encauzar sus demandas. Esto sucedió en los gobiernos de corte socialista como fueron los Radicales; allí se creó la institucionalidad específica para atacar el problema de la vivienda, o el de Salvador Allende; época en que por medio de la toma de terreno pudieron defender su morada, bajo el estandarte del derecho social básico. En ambas ocasiones debieron manifestarse, e influyó la capacidad de los dirigentes para negociar y luchar por sus objetivos, entre los pobladores y las instituciones.
A pesar del tiempo de esterilidad en la lucha por los derechos sociales bajo la dictadura de Augusto Pinochet, donde además cambió la actitud asociativa y solidaria de los vecinos por uno más individualista, así como el consumismo y ciertas drogas permearon las conductas de la población, además como el aislamiento y la desconfianza; actualmente existe una actitud distinta y ésta es la que se ha intentado rescatar por medio del presente programa: urge una necesidad concreta de cambio y colaboración entre los vecinos.

El programa “Quiero mi Barrio” ha adquirido un carácter inclusivo y de respeto a la autonomía de pensamiento de los pobladores, donde éstos han tomado su propia voz para comunicar sus necesidades en asamblea, cuáles son los cambios materiales que necesitan en el condominio.

Pero además, Acompañado de talleres de dirigencia vecinal, en un intento por darle sentido a la asociatividad y que todos sean parte de la solución de las problemáticas, este programa viene a hacerse cargo del espacio común, y darle solución a algunas problemáticas asociadas; no sólo en la mejora de las condiciones materiales, sino que también en el fortalecimiento de las habilidades de los dirigentes para que sean capaces de comprender las necesidades de la gente, puedan dialogar entre las autoridades y los vecinos para que sus verdaderas necesidades sean atendidas.

El sentido es crear una consciencia crítica autónoma, donde los vecinos sean capaces de organizarse fuera del aura del paternalismo estatal, y por sí mismos comprender la importancia del conocimiento de los derechos y deberes asociados al uso, goce y administración del espacio. Un desafío no menor, para una población que estuvo tanto tiempo fuera de las organizaciones sociales debido a la parálisis que produjo el terror de la dictadura.

La construcción que se desarrolla entonces no sólo es material; los barrios no sólo tienen calles, árboles, aceras, sino que además toda una historia que se expresa a través de fotografías, recuerdos, nombres de calles, que podemos ver a través de las siguientes páginas. Entonces, de ese modo, la recuperación de la memoria colectiva sería capaz de consolidar un relato que se traspase a generaciones futuras, y de transformar estas luminosas palabras en fuente de conocimiento, constatación de la experiencia, en acción presente y también en futura acción.

 

Escrito por Javier Ossandón

Javier Ossandón (1990, Santiago) Poeta, profesor, bibliotecario y gestor cultural. El 2012 obtuvo la Beca de Creación de la Fundación Pablo Neruda. Ha participado en antologías, revistas impresas y electrónicas de Santiago, Valparaíso, Córdoba, Lima y Francia, donde fue traducido. Ha participado en diversos encuentros y recitales poéticos entre los que destacan el "Seminario Nueva Poesía Chile" (2014) y el "Festival de Poesía La Chascona" (2017). El 2015 libera el poemario "Mejilla Ceniza" (Fuego y Rizoma) en la web. El 2016 publica su primer libro impreso, "Christi" ( Alarido Ediciones). Actualmente tiene otro proyecto en proceso de edición que lleva por título "Continente Aureal" e imparte talleres de poesía.

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