Desplazamiento

                                              A las tejedoras de Mampuján

Tras el golpe de omisión
en el vientre de la tarde
Mampuján anochece
con un terco afán de dormir.
No hay tiempo,
susurran doce cuerpos en los labios,
hay que cargar hamacas y vasijas,
hay que dejar que la hierba seca
sea el huésped que habite la casa,
hay que silenciar.

Lejos,
en lo profundo de una habitación,
una mujer peregrina aguarda
entre hilos y retazos que convergen en sus manos.

Tejer es su forma de nombrar
la ausencia de arraigo
en la punta de los dedos.

 

Laura Castillo, del libro Prolongación de la Lluvia (2017)