“Quien sabe sus doctrinas entiende la Ley Sagrada, lo Útil y el Amor, tiene confianza, conoce el mundo y no obra sólo según su pasión.”

Kama Sutra

 

 

Una media luna marca la uña en el ombligo del amante que regresa.

En la pared botellas rotas para que no pasen los gatos.

El sol destiñe los colores secundarios; lagartijas de piel transparente al tacto se apuran.

De las casas sale olor a sopa. Pasa por abajo de las mecedoras en la ventana una línea de luz.

Sombrillas con palmeras cubren las caras de los comerciantes.

 

 

*

 

 

Los dientes forman la línea de joyas donde se juntan los muslos. El amante de pasión intensa debe proceder. Compacta como un buñuelito de fríjol se espera. Extiende hacia mí la aureola aceitosa de la servilleta entre la multitud de la avenida.

Me abro paso en el calor de los demás, mientras mastico.

Gajos de sombrilla al sol.

 

 

*

 

 

Salvo el labio superior todo puede besarse. La nube quebrada, con intervalos rojizos, como un mordisco de jabalí. El tajo en el vestido revela un triángulo de piel sobre el encaje. Bajo el farol lagartijas acechan insectos.

Corta el aire un silbido, pasan hombres de bigotes tarareando cumbias.

Un amor producto de la variedad de medios. Esta algarabía que decrece.

 

 

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Cinco marcas con las uñas cerca del pezón. Como un salto de animal el cielo gris plomo se dispara. Una luna afilada agudiza la presión.

 

 

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Si el amante llega a altas horas da el beso que despierta. La chica de los caramelos convida a los mariachis. Se escucha sobre el adoquín el trote del caballo, se pierde el canto triste del cochero. Sobre un vidrio triangular maúlla un gato. Una puede simular que duerme, o que tiene los ojos colorados por la sal.

 

 

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Una unión suspendida. Contra la pared los amantes imitan el movimiento animal. Blusas fucsias y amarillas, virgencitas que brillan a oscuras, patas de cangrejo. Sobre el estómago, contraídas. A la luz del nuevo día se liberan del embrujo. El maquillaje corrido, la opresión del jean elastizado. El silencio en los andamios comidos por la sal tras la muerte de un obrero. La calle caliente. Achiote para el almuerzo que bulle en la cacerola.

 

 

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Un pellizco moderado, para cerciorar que no sueña. Por Getsemaní luces amarillentas, faroles que titilan. Cortinas de metal de talleres cerrados. El puente infectado de risas destinadas a llamar la atención de los clientes. Ojeras de trasnochada en la palidez de la extranjera. Triangulito de tanga en el balcón.

 

 

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Se reaviva en plano lateral un tono de piel distinto. En el pecho una huella de pavo real. El dedo que la roza, delicado, cuando sube hasta la habitación el bullicio del día.

La lluvia dejó charcos alrededor de los puestos, nubes de mosquitos sobre vestidos fallados. Antiguos uniformes de empleadas, chaquetas de enfermeras muertas, el glamour de las supersticiones.

El vientre abierto de una iguana, un corte seco.

 

 

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Simétricos en el espejo los encantos naturales. Plantas de pies morenos en posición confusa. El colchón con manchas del cuarto arrendado. Mecedoras contra la pared para que no se hamaquen espectros. Sueños donde el amante la toma por la espalda en un jardín, a la muchacha que estornuda a causa del Baygón, para colocarle una guirnalda.

 

 

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Sin mirarse uno al otro irán por separado al baño. Frases espontáneas en la puerta, con birome. Las rodillas sosteniendo la bombacha estirada. Desde el lavamanos el recorte de los pies torcidos. Los altos decibeles del contexto encapsulados. Queda en el ambiente, dulce, la colonia.

 

 

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Sea por influencia de un espíritu malo, o circunstancias accidentales, las pérdidas tienen por resultado gastos sin compensación. Visto a través de la red de una media perfumada, el paisaje se desmolda, soñoliento, recortado, convertido en un cliché entre brisas de tormenta. Un exceso de confianza o de simplicidad, pereza, mujeres ojerosas que no se acuerdan del frío.

 

 

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Según el país se adoptan o no las prácticas. Collares de macramé o reventa. Un monedero recuerdo de Mar del Plata en la cartera de la secretaria en migraciones.

No hay patrón que nos contenga pero las huellas se imprimen.

 

 

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La opresión de los dedos es ligera. El pie pequeño se escapa. Gotas que caen del pelo sobre las piernas cruzadas de la mujer que ríe. Tienden a confundirse con truenos, otra vez, los helicópteros. Boca arriba en los patios los niños absueltos del uniforme escolar se refrescan. La ciudad en suspenso como si algo se nos fuera a revelar.

 

 

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Deben conocer los tiempos y lugares convenientes para hacer cosas distintas. Los floristas, los taberneros, los traficantes, nunca revelan secretos. Intercambian miradas los hombres, camisas pegadas al cuerpo, sudor de aguardiente. Se cruzan al salir del baño, las manos en el cinturón.

 

 

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Fácilmente puede ganarse la vida la mujer que sabe utilizar sus armas. Una onda expansiva en las cocinas de las casas, gente por la mitad en imágenes vía aérea. El Piel Roja consumiéndose en el cenicero de la desmovilizada. Un flash informativo en medio del culebrón.

 

 

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Juegos mecánicos. Arriba y abajo, camuflado, el mundo animal transgrede la censura. Extiende las alas un gallinazo, sobre la cúpula, contra un mar como papel metalizado que se arruga por el peso de un velero.

Constantemente vigilados los ciudadanos se rascan hasta ulcerar la piel.

 

 

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Ocho formas de golpes deben ser devueltas por quien las recibe. Una luna artificial rige el vaivén de la marea.

Si ella está habituada a los suspiros, volará las viejas velas de los botes.

Un oscuro borde donde el ímpetu se aviva.

 

 

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Ni un rasguño, siquiera, un signo que acortara la distancia.

Una pista

donde patinar después de la tormenta.

Eléctrica, intermitentemente iluminada.

Falda blanca, collares

de diente de tiburón.

 

 

 

 

 

de Leva, 2008 (Editorial Literal, Méjico, 2014)

 

Escrito por Andrea López Kosak

Nací en Bahía Blanca, Argentina, en 1976. Publiqué Bailar sola (Editorial de la Universidad de La Plata, Argentina, 2005), La Tarea (Manual Ediciones, Chile, 2011), Le dan hueso (Cinosargo, Chile, 2012), Leva (Literal, Méjico, 2015), Indor (El ojo del mármol, Argentina, 2015)