Hoy me siento a escribirte porque no tengo a nadie con quien hablar. El desgaste emocional que llevo arrastrando conmigo, pesa demasiado. Aunque intente hacer las cosas bien, algo lo arruina. Siempre hay alguien que me recuerda mis defectos, que inclina la balanza hacia mis errores y mi pasado. ¿Recuerdas cuando hablábamos de ello bajo el árbol que está detrás de tu casa? O estaba. Ha pasado tanto tiempo. Ojalá puedas recordarlo. Lo intento, pero al intentarlo, también estoy fallando.

Olvido mis tareas y soy un desastre. Mi hermana termina de hacer las cosas que dejo a medias y está cansada. La entiendo. Yo también lo estoy. Quisiera hacerla sentir menos desdichada, pero estoy tan agotada, Sergio. Siento un desgaste emocional que no me permite seguir. Estoy estancada en esta ciudad, estancada de todos los logros que me propuse. Me miro al espejo y no me reconozco. ¿Dónde estoy? ¿Quién soy realmente? ¿Dónde estuve? ¿Adónde voy?

He bebido más de la cuenta y el alcohol ha sido el impulsor del olvido. A veces quiero olvidarlo todo. Dejar de sentir, dejar de recordar de dónde proviene el dolor. Estoy rota desde hace mucho tiempo, no sé cuándo o en qué momento me rompí, pero desde ese entonces, no he vuelto a ser la misma. Soy otra mujer. Una que lucha todos los días por intentar sostener lo poco que le queda en sus manos. Esas intensas emociones, esa felicidad que brotaba, se ha apagado. Ya sé que me dirías que busque un voz interior que me guíe, pero… ¿Y si esa voz también se apagó? El dolor rompe fuerte en mí.

La única forma que tengo de hablar contigo es por medio de estas cartas. Te digo que es una manera de soltarlo, pero no es suficiente. Me siento tan sola, Sergio. Lo peor de estar en soledad, es que nadie te escucha mientras estás gritando. Porque lo hago. Grito y grito, pero nadie escucha o no le interesa escuchar. También lo puedo entender. ¿Quién desea lidiar con los problemas ajenos? Escuchar las quejas de una persona puede ser tan tedioso como intentar aconsejarla. Me acuesto todos los días con una sensación de desasosiego en mi corazón. Luego me despierto en las madrugadas, miro por la ventana, recordando que el correo está cerrado y ninguna carta de tu parte llegará y entonces regreso a la cama con la misma sensación.

Antes de sentarme a escribir esta carta, caminé una hora por el parque. Necesitaba estar sola para pensar. La lluvia cayó sobre mí con fuerza e intenté taparme con el abrigo, pero terminé empapada de pies a cabeza. El agua me corría por el rostro y no pude caminar más. Entonces me senté en un banco y lloré. El cielo se iluminó con un trueno, luego otro y otro. Yo seguía llorando. Intentaba entender cómo me dejaste de amar. En qué momento todo se acabó. Cuando me rompí, y cuando dejé de luchar. Temblaba, pero seguía llorando. Cuando el frío se hizo insoportable, regresé a casa arrastrando los pies. Me tiré a la cama y me quedé dormida. Desperté horas después y aquí estoy. Apagué las voces de mi cabeza para poder escribir.

No malinterpretes mi carta. No busco tu lástima, Sergio. Es lo que menos deseo. Solo estoy buscando una forma de quitarme este peso que llevo conmigo no sé desde cuándo. Pensé en ir a verte. Ir a París. Lo sé, te parece una locura. Hay una gran posibilidad de no ser recibida. Además, París es inmenso. ¿Cómo voy a encontrarte? Abandoné la idea por lo obvio. No puedo llegar a un lugar en el que no he sido invitada. No puedo intentar meterme de nuevo a tu vida sin antes saber cómo reaccionarías. No es buena idea. En mi ausencia, ¿aún el sol entra en tu habitación? Miénteme y dime que algo queda entre los dos.

Creo que todas las mujeres, en algún momento de nuestras vidas, nos sentimos vacías y desganadas. Es parte del proceso, ¿no?. De lo que se llama vida. Nos encontramos, nos amamos, nos soltamos y nos odiamos. Ese es el verdadero proceso de todo. Intentamos entenderlo, pero no se trata de entender, sino de soportar. De seguir luchando con toda la mierda que nos cae encima. Seguir, Sergio. Seguir aunque el mundo se nos esté cayendo a pedazos.

Yo siempre encuentro una forma de regresar a ti y esperé por tantos años, que también hubieras encontrado el camino hacia nosotros.  Te encontré través de cartas, de trozos de historias, pensamientos y conversaciones. Es lo único que tengo. En todo este desastre, a mí solo se me ocurre amarte.

No nos abandones,

Te amo, Sergio.

Escrito por Yoselin Goncalves

Yoselin Goncalves nació en la ciudad de Barquisimeto, Venezuela, el 21 de mayo de 1993. Licenciada en Publicidad y Mercadeo (Panamá). Ha trabajado en distintas áreas de marketing. Participó en diversos talleres de escritura y sus textos han sido publicados en diferentes medios. Es egresada del primer Programa de Formación de Escritores (PROFE) promovido por el Instituto Nacional de Cultura (INAC) en el 2017. Obtuvo una mención de honor en el Concurso Venezolano de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción SOLSTICIOS, por su relato «La mujer del lago» en la categoría «fantasía». En marzo de 2018, su cuento «Te llevo en mis venas» fue finalista del II Concurso Internacional de Cuento Breve Todos Somos Inmigrantes de México. Su primera novela fue la bilogía El acecho de los inmortales (volúmenes I y II). No apagues la luz es su primer libro de cuentos de terror.