Nicaragua vive en estos momentos una Revolución Cívica, encabezada y liderada por jóvenes (mayoritariamente) entre 19 y 25 años de edad. Sin embargo, el Gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo, tras más de dos meses de estallido social, lo único que han recetado es represión: persecución, muerte, saqueos, incendios, calumnias, difamación, amenazas. Las víctimas mortales de este actuar casi alcanzan ya una cifra de 300, incluyendo bebés. Es por todos y cada uno de ellos que mantenemos una perenne convicción de alcanzar la justicia y un estado democrático, librando una ‘batalla’ entre propuestas, diálogo, soluciones contra armas.

En la ‘lucha’ hemos estado todos, desde diferentes espacios y momentos, y por eso habría de ser natural estar escuchando constantemente distintas voces. Pensando en ello, me contacté con Juan Bosco Torres Colomer, un destacado joven activista, para hablar un poco sobre la participación de los jóvenes en la política y en la revolución que estamos viviendo.

Juan Bosco tiene apenas 22 años de edad y está por culminar su segunda carrera universitaria. En nuestro primer encuentro, por videollamada, deja entrever su humilde y risueño carácter detrás de una voz que habla con firmeza sobre sus convicciones. Me cuenta cómo desde 2015 se ha involucrado en el activismo a través la universidad en la que estudiaba, y cómo después vino haciendo el camino con varias iniciativas propias, que lo llevaron a participar en plataformas como AEISEC, la Red Nacional de Jóvenes por los Derechos Sexuales y Reproductivos, el CENICA, hasta Jóvenes Iberoamericanos y Fundación Botín; de tal manera que en 2017 fue nombrado Coordinador Nacional en Red de Servidores Públicos Centroamérica y el Caribe (REDCA).

De tez clara, con el cabello castaño recogido detrás de las orejas, y con una sonrisa de niño que no desaparece, encuentra, en algún punto del suelo, un portal espacial-temporal que lo transporta a algún momento de su adolescencia, del que reflexiona cómo ha sido esta trayectoria también una transformación interna para él. Encontró libertad frente a su introversión a través del ejercicio íntimo de la escritura. Dice no considerarse poeta o artista, pero coincidimos en que la poesía nos ha traído revolución.


Has sido el primer nicaragüense en cursar el Programa de Fortalecimiento de la Función Pública en América Latina, facilitado por la Fundación Botín. ¿Qué misiones o compromisos personales tenés con el ámbito político del país, ya que, claramente, sentís vocación por ello?

Algo que enfatizaron con insistencia durante el Programa fue la naturaleza un verdadero servidor público: la proactividad, la vocación de servicio y el emprendimiento. (Preocupado) En este sentido, creo que en Nicaragua estamos en pañales; no sólo por lo que estamos viviendo en estos momentos, sino por lo que hemos venido arrastrando a lo largo de los años. Yo, como joven, quiero tratar de transformar, tratar de incidir en distintos espacios, y que la gente realmente trate de desmitificar lo que es la participación ciudadana, la política y los partidos políticos. Sin embargo, todos los jóvenes tenemos esta tarea, de retomarnos estos espacios y empoderar a otros jóvenes. A la vez, esto haría que los partidos existentes (y los futuros) cuestionen sus prácticas y el papel que jugamos nosotros en esas prácticas.

“A la conciencia de la sociedad le urgía que Nicaragua estuviera bajo nuevas perspectivas, y esas perspectivas están siendo de la juventud.”

¿De qué se trata tu trabajo ahora mismo en Jóvenes Iberoamericanos?

En Jóvenes Iberoamericanos, cada uno de los integrantes delegados por país, se establece una agenda de acción (basada en el estado de derecho, la institucionalidad, la participación ciudadana, etc.) y en nuestro caso, nos estamos enfocando, obviamente, en la situación, y en tratar de visibilizar lo que estamos viviendo para que haya mayor presión a nivel regional o internacional.

No sé si alguna vez a vos te pasó, pero para mí era muy común escuchar de nuestros mayores: “no te metás en la política, no vale la pena”. ¿Qué me podrías decir frente a esta aseveración?

Creo que debemos trabajar, como jóvenes, en reconquistar estos espacios, porque son muy esenciales. Muchos dicen que “la política no te da de comer”, que no tiene nada que ver con vos, que no tenés incidencia como joven, etc. Pero creo que un auto-conocimiento de potestad y ciudadanía, te empuja, como sujeto de derecho, a que trabajés en ello. La política implica todos los espacios en que nos movemos y debemos crear una conciencia social-colectiva de ello.

-Por otro lado, el adulto-centrismo y el sistema machista, ha impedido que podamos pasar a una sociedad del siglo XXI. Estos estereotipos y estos escotomas sociales no dan lugar a que vengan los nuevos pensamientos y nuevos paradigmas y que se cuestionen las prácticas tradicionales. Y espero, también, que los nuevos líderes no caigan en estos mismos patrones de conducta.

¿Dirías que los jóvenes algún día sí fueron apáticos?

¿Que si fueron apáticos?

Sí, porque viste que así se nos catalogaba a nuestra generación. Y en las primeras semanas de protestas, mucho se hablaba de la gran ‘sorpresa’ de que fuéramos nosotros quienes lleváramos la voz en esta causa, como si fuera un “gran despertar”. O como si fueran exigencias nuevas, a sabiendas de que los campesinos, por ejemplo, eran uno de los colectivos que desde hace varios años ha estado levantado para exigir justicia.

Así es. Creo que los jóvenes nunca van a ser apáticos. En la medida en que ellos van tomando conciencia, en la medida en que se van construyendo, ellos se van agrupando y acuerpando, y van generando nuevas ideas de lo que es hacer revolución y de cómo debería hacerse la revolución. Conforme vamos evolucionando, también van surgiendo nuevas dinámicas sociales, y nuevas demandas sociales; así, van creándose nuevas y más fuertes banderas sociales, como la del medioambiente, la del feminismo, la de la diversidad sexual, la de los pueblos indígenas y afrodescendientes.

Hay una cierta cantidad de jóvenes que tienen grados de participación ciudadana, otros que están desde sus propias trincheras, como los activistas o los ciber-activistas, otros que su labor está en la calle. No hay una apatía, sino una diversificación o una multipolaridad de las demandas sociales en los jóvenes.

Siempre ha habido participación juvenil. Todos estaban en sus trincheras, todos estaban luchando por sus banderas. Pero llegó el momento en que nosotros nos unimos, -cada uno de los colectivos sociales y políticos-, nos acuerpamos por una sola bandera: Nicaragua.

En uno de tus artículos mencionás que los roles políticos deben “adaptarse a los espacios de las juventudes, no imponer lineamientos tradicionales de participación ciudadana”; esto se contrapone totalmente las costumbres adultistas que hemos visto en el país por tantos años. Proponés que la política se amolde a la sociedad juvenil en vez de que los jóvenes tengan que buscar ‘encajar’ dentro del sistema político imperante. Pareciera lo más lógico y natural; sin embargo, no ha sido considerado así en los lineamientos del gobierno.

Muchos analistas políticos han estudiado las causas de la gran desafección, el desinterés, la falta de motivación por los partidos políticos, el por qué hay mucha desconfianza, o por qué no hay una verdadera articulación de estas competencias electorales. Y es que, ante las nuevas dinámicas sociales no están dando una respuesta a los nuevos elementos, a las nuevas generaciones. Creo que si las estructuras políticas continúan con sus viejas prácticas y sólo con sus herramientas y estrategias  tradicionales, -que no están funcionando para las acciones de los jóvenes-, esta falta de participación ciudadana y política va a aumentar. Si no hay una innovación, también hay una tendencia a que los nuevos candidatos o funcionarios continúen ejerciendo las mismas prácticas, que son justo las que están desbaratando la institucionalidad, desbaratando los procesos sociales y políticos, y desbaratando las relaciones que deben existir entre los funcionarios públicos-servidores públicos y la ciudadanía.

“No hay una apatía, sino una diversificación o una multipolaridad de las demandas sociales en los jóvenes.”

El recurso más grande en el discurso del gobierno es la manipulación y la tergiversación. Con la era digital, este viene siendo como nuestro ‘siglo de las luces’. ¿Creés que sea ésa nuestra gran herramienta para cambiar las cosas de una vez por todas?

Sin duda alguna, las nuevas herramientas que son utilizadas en la política en Europa, por ejemplo, como lo que se llama la “Política 2.0” o la “Participación Ciudadana 2.0, o 3.0”, han venido a tratar de legitimar las prácticas de las instituciones públicas, pues ya no sólo se trata de una comunicación unidireccional, donde sólo los gobiernos establecían sus comunicaciones y no había nadie que cuestionara sus procedimientos o medidas. El espacio digital viene a ser una buena herramienta, tanto para tratar de desmonopolizar los medios de comunicaciones, de desmonopolizar la opinión pública, como para desmonopolizar la participación ciudadana, -que por lo general se ha enfrascado en la zona urbana.

Sin embargo, creo que las redes sociales no deberían venir a sustituir las viejas herramientas que tenemos. Creo que hay que utilizar ambas: tanto los medios físicos como los medios digitales, si queremos ser estratégicos.

Hablando de la manipulación, es bien sabido que el gobierno mantiene una permanente campaña de desinformación, y hay algunas personas que, envenenadas por este contenido, creen fiel y absolutamente en el discurso del “comandante y la compañera” y todos los actuales funcionarios. Cuando el régimen Ortega-Murillo caiga, ¿qué va a pasar con estas personas? ¿Creés que habrá medidas o consecuencias sociales?

Creo que todo depende de la resiliencia social. Si nosotros tratamos de revivir los viejos patrones, tratamos de discriminar a estas personas por seguir de acuerdo con esta ideología caudillista, creo que no estaremos aportando nada para tratar de transformar Nicaragua, que es, en verdad, lo necesario. Creo que la sociedad ha tenido buenos frutos al seguir con la resistencia pacífica y no irse a las armas, y eso te arroja cuáles van a ser los siguientes pasos. Debe haber tolerancia de ambas partes, y abandonar las malas costumbres para formar parte de la nueva sociedad que queremos construir.

“La mayor lección: En Nicaragua hay esperanza”

Y a la vez viene para nosotros la tarea de seguir trabajando por la educación y por deconstruir muchísimas cosas, ¿no?

(Sonreímos con complicidad) Exactamente. Es muy necesario seguir trabajando en el activismo.

Juan Bosco, se habla mucho de varias necesidades primordiales para cambiar al país, que pasan por elecciones adelantadas, la independencia de los poderes del estado, hasta el juicio de todos los implicados en los crímenes más recientes, y ya ni se diga la renuncia de Ortega y Murillo. Entonces, para vos, (suponiendo que lleguemos a los días en que ya habremos conseguido todo esto) ¿cuáles son los aspectos esenciales de ‘las nuevas formas de hacer política’ para la Nueva Nicaragua?

Lo primero debe ser la educación, como vos decías, para reflexionar y analizar cuál es la nueva Nicaragua que queremos. Y las ‘nuevas formas de hacer política’ empezarían por abrir esos espacios de participación ciudadana, y que los funcionarios públicos se desenvuelvan en los sistemas de valores éticos.
Las ‘formas de hacer política’ nos competen a todos. El gobierno tiene que trascender a lo que se llama Gobierno Abierto, que se basa en la utilización de medios electrónicos y herramientas tecnológicas y que garantice una muti-direccionalidad de políticas para realmente incidir en todos los sectores de la sociedad, y que las personas puedan empoderarse para ejercer su ciudadanía. Entonces tiene que ser por las dos vías: tanto la sociedad civil debe jugar un papel más protagónico, como los gobiernos y funcionarios públicos deben dar apertura a esos espacios para la ciudadanía.
Creo que, como jóvenes, debemos demandar esa transformación, empezando por empoderar a los demás jóvenes.

Los jóvenes y el movimiento campesino: ¿Preveías esta unión de fuerzas? –Qué implicaciones creés que traiga esta nueva hermandad en la Nueva Nicaragua?

A como te decía, cada uno de los grupos sociales estaban en sus banderas. Sí veía venir esta alianza, porque todos los movimientos tenían que unirse para ser una sola voz por Nicaragua; y esto viene a ser una ventaja muy estratégica para nuestro futuro, porque ya hay una articulación en todos los frentes, desde la verticalidad hasta la horizontalidad, desde lo nacional hasta lo local, lo que puede ser muy fructífero en los espacios de cabildeo, en los consejos municipales, -desde una simple ordenanza municipal hasta la participación en alguna iniciativa de ley.

“La política implica todos los espacios en que nos movemos y debemos crear una conciencia social-colectiva de ello.”

Desde tu experiencia personal, ¿por qué los jóvenes deberíamos cada vez más involucrarnos en el activismo?

¿Por qué los jóvenes? Creo que los jóvenes tienen ideas muy nuevas, por estar cercanos a su infancia. (En tono conmovido) Cuando uno es niño tiene muchas bondades; mucha creatividad, imaginación, que muchas veces, por las situaciones socio-políticas y el entorno donde uno vive, se van apagando. Y creo que es necesario que nosotros impulsemos esas cualidades, porque nunca va a ser tarde para hacer cosas nuevas, cosas ‘locas’, pero que sabemos que vienen a beneficiar a la colectividad. Los jóvenes, por tener frescas estas características de pureza, debemos participar; y contrarrestar a aquellos sistemas que nos quieren menospreciar por el hecho de ser jóvenes o por ‘no tener experiencia’. Acuerpados todos y trabajando juntos, podemos aportar muchas mejoras a las estructuras y dinámicas que existen en la política.

Personalmente, como joven nicaragüense, y como profesional ¿Cuál es la mayor lección que te deja esta situación que estamos viviendo?

Creo hemos dado un gran paso, no sólo para el país, sino a nivel latinoamericano; porque posicionarse, ejercer presión, estar en una mesa de diálogo, es algo que no se ha visto en Latinoamérica. Realmente me llena de alegría la confianza y la apertura que hemos tenido para con nosotros.

(Se le ilumina el rostro) La mayor lección: En Nicaragua hay esperanza. Creo que nunca me hubiera imaginado que, -a pesar de que nuestra cultura política está muy adolorida y no hay un sistema de valores construido-, íbamos a alcanzar lo que hasta ahora tenemos. Me ha encantado que, a pesar del adultismo, las ideas que han tenido los jóvenes hayan sido escuchadas y legitimadas, y que la sociedad haya confiado en esas propuestas. A la conciencia de la sociedad le urgía que Nicaragua estuviera bajo nuevas perspectivas, y esas perspectivas están siendo de la juventud.

 

“Todos los jóvenes tenemos esta tarea, de retomar estos espacios y empoderar a otros jóvenes.”

Foto de Portada: Jorge Eduardo Mejía.


Otros datos sobre Juan Bosco:

  • Originario de Granada, Nicaragua
  • Graduado de Relaciones Internacionales de la American College, con mención honorífica Summa cum laude
  • Cursa el Programa de Fortalecimiento de la Función Pública en América Latina de la Fundación Botín -2017
  • Coordinador nacional en Red de Servidores Públicos Centroamérica y el Caribe – REDCA desde 2017
  • Actualmente, estudiante de último año de Derecho en UHISPAM-Granada

Escrito por Kerstin Miranda Murillo

Managua, 1999. Estudiante de Arquitectura. Me apasiona la música y las artes visuales; pero las letras... por ellas existo.

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