“Sí, esto es muy hermoso, pero no logro comprenderlo del todo. Aquí hasta los pájaros hablan en inglés. ¿Cómo quieres que me gusten las flores si no conozco su nombre verdadero, su nombre inglés, un nombre que se ha fundido ya a los colores y a los pétalos, un nombre que ya es la cosa misma? Si yo digo bugambilia, tú piensas en las que has visto en tu pueblo, trepando un fresno, moradas y litúrgicas, o sobre un muro, cierta tarde, bajo una luz plateada. Y la bugambilia forma parte de tu ser, es una parte de tu cultura, es eso que recuerdas después de haberlo olvidado. Esto es muy hermoso, pero no es mío, porque lo que dicen el ciruelo y los eucaliptus no lo dicen para mí, ni a mí me lo dicen.”

-Octavio Paz, El laberinto de la soledad.

Que nadie me venga a explicar
cómo de grietas se ha librado el mundo.

Que nadie venga a decirme
que a este abismo que habito
también puedo llamarle
Casa.

Si el cuervo y la ardilla
me son ininteligibles,
no es por su presumida
ausencia
en mis libros escolares,

es que cuervo y ardilla,
que aquí son fauna cotidiana,

ocupan un imaginario
ajeno

que dejó de maravillarme
con el primer irremediable,
frío y doloroso

cambio de estaciones.
Un cambio que mi cuerpo
aún no ha sido
capaz de asimilar.

Que no venga nadie
a enseñarme que ‘tradición’
no se escribe con T de Tiranía,

que el aire que respiro ya
me dijo, sin apuro,

que va con calma,
porque al otro lado del mundo
se vale llegar
cansado,
a medias,

como desgajando
las sobras
de un Imperio
Enlutado.

A mí no me vengan con eso,
que yo soy sudaca, ruidosa y
grosera.

Que tengo el cuerpo
bien sexualizado,

que mi piel exuda
movimiento,

que abrazo más
de lo que debería.

Que en mi cara
hay una estampa de
incultura

que me blinda la cabeza
y me da un pase gratis
a la sonrisa educada,
al saludo condescendiente,
a la invitación ausente.

No, a mí de grietas selladas
no me hablen.

Porque cada tropiezo
cada atropello
cada silencio y
cada
caída

se revuelve en mi vientre
con el ruido de una corteza
que aún se
abre y

se quiebra,
tumba y
retumba,

Suena y
resuena
en la oscuridad de mi alcoba.

Dice “It was so nice to meet you”
cuando se despide,

finge maravilla
cuando el sur se le
menciona,

se rodea de norte mientras
se embriaga
en el ruido de una

noche que
siempre carecerá,
siempre añorará y
nunca comprenderá
lo que es verdaderamente
el ritmo.

Escrito por Ana María López Hurtado

Colombiana, lectora, escritora, bailarina e investigadora. Profesional en Estudios Literarios de la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá, Colombia. MPhil en Literaturas y culturas latinoamericanas, europeas y comparadas en la Universidad de Cambridge, Reino Unido. Contacto: aml84@cam.ac.uk