Conjuro contra los nombres que tienen ojos

Aprieta bien los dedos hasta que las uñas empiecen a gemir.
Coge su nombre
-cuidado, quema,
pinzas de cristal-
y esparce bicarbonato sódico. Una dos tres cucharadas.

Remueve. Agita bien.
Sobre la cama,
el grito. Ese grito de raíces que se agarran a la tripa
en un torbellino de pájaros reventando la ira en sus alas.
Rodea el vientre para mantener la rosa
y extirpar únicamente el nombre,
prendido en una espina.

Escupe el nombre.

Saliva.
Bicarbonato y saliva. No olvides que los ojos
deben empezar a caer,
arrastra las pestañas con el puño y borra los párpados a golpes.
Golpes.
Siente las sienes pulverizadas entre todas las arrugas del grito,
plegadas.

Grito.

Que las pupilas se olviden el color de tus pies.
Mira. Ha quedado un pelo.
Abre la boca. AAAAH. Cuchara y aguja de coser
con todas las sílabas
-se reconocen con facilidad:
son como queso en polvo-
y ponte la mano en el pecho. Así. Los dedos abiertos,
el mar en la bañera
y esos huesos, flotando…en una burbuja.

Escucha.

El nombre se va borrando. Su nombre.
Bicarbonato y nitroglicerina líquida.
El grito saca el dolor y resbala por la garganta,
negro, con plumas de golondrina, recorre la cama vacía,
tinta en el cabello. Sílabas. Ya se va borrando…
con un gesto de atleta o de pez empuja la ventana.
Que se caiga. Que se muera. Que se estampe contra el suelo.
El grito.

Y su nombre,

allí abajo.
sin ojos,
devorado por hormigas.

Escrito por Alicia Louzao

Exácticamente, soy doctora y licenciada en Filología Hispánica y licenciada en Filología Inglesa. He sido profesora en la Universidad Complutense de Madrid y ahora soy profesora de Lengua y literatura en un IES. Mi primer poemario individual: "Manual para la comprensión del insomnio" (El Transbordador, 2019). Pronto se publicará el segundo, "El circo volador" (Versátiles Editorial). Colaboro con alrededor de 80 artículos publicados en diversas revistas: Ocultalit, Quimera, Culturamas...Uno de mis versos decora la ciudad de Madrid (proyecto de Versos al paso). Mi relato "Pausa para una tostada" fue publicado en La gran belleza (nº5).
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