Es imposible hurtar la claridad
(de un calabozo)
así como brindar por la vida
(en un cadalso)

Odio a la poesía; me recuerda que detrás de las sillas hay soles muertos esperando a engullirme junto con mi precaria comprensión de la realidad. Nunca hice un gran esfuerzo por ocultarlo, lo cual me volvió una persona complicada, un ser irrespetuoso.

Las luces del oeste se sometieron al demonio que por primera y última vez los proyectó. Iluminaron las pieles en lo alto; su blancura penetró la fractura mental, el infierno.

El temblor interno, orgánico, se descompone en colores a través del faro, la guía que conduce la procesión hacia la cárcel de uno mismo. Allá duermen los condenados a vivir, su peor castigo.

El pulso angelical del enfermo firmó la orden. Cayeron los péndulos sobre los calabozos más temerarios, los creyentes en el final y solo hubo, entonces, principios eternos.

Hoy lo opaco es opaco y lo brillante no existe; en algún escondido vértice veo filtrarse el azul del cielo, explícito y casi pornográfico. Esa visión nos torturaba día tras noche; los recuerdos se invalidaban de manera casi geométrica y nos rendimos.

Escrito por Tina Quintana

Tina Quintana (La Falda, Provincia de Córdoba, 1994) es narradora, ensayista y poeta. Publicó el poemario Heterodoxia en 2014 (Cartonerita NiñaBonita, Zaragoza, y Poetry Will Be Made By All!, Zúrich).