Cuerpos resilientes: “De mis cicatrices, de ellas estoy enteramente tejida” de Hélène Gugenheim

“One says Icons are not painted but written, we do not look at them we read them, from the shadow to the light. In this way, each image is both a mirror and a support for the experience of healing.”

 

“Mes cicatrices Je suis d’elles, entièrement tissé” es una intervención artística que inició en 2015; esta obra ha dibujado desde entonces un mapa poético de caminos no lineales y territorios de batalla. En un recinto parecido a una fábrica abandonada, con paredes descarapeladas por el tiempo y talladas por el polvo, los participantes comienzan su ritual de sanación. Algunos caminan preguntándose en comunicación introspectiva, mientras su cuerpo se desteje de prendas, pasan los minutos necesarios y entonces la artista toma un pincel y remarca con tinta dorada sus cicatrices, o más bien, recuerda los relatos de su piel.

Me interesa hablar de esta obra, pues pienso que propone algunos criterios de análisis en torno a la materialidad de los cuerpos en su transitoriedad por el mundo contemporáneo. Precisamente, en una cultura de mercado definida por el desecho de los cuerpos imperfectos y de la producción masiva y consumo vertiginoso de nuevos imaginarios corporales, esta intervención de grabados y cicatrices constituye una forma diferente de concebirnos en el aquí y el ahora, a través de procesos de sanación, reivindicando el valor de la resiliencia.

La resiliencia ha sido un mecanismo siempre presente, en mayor o menor grado, e intrínseca a todos los cuerpos. El cuerpo como organismo se adapta al medio y desarrolla sus propias estrategias para transformarse y transformar el mundo, en este sentido, los cuerpos como la materia son continuamente construidos y reescriturables. Así vemos cómo la intervención corporal, en una cultura fundamentalmente visual, configura cuerpos premoldeados y preconfigurados para la disposición de otras miradas, muchas veces ávidas de violencia o de muerte.

Es curioso que la palabra resiliencia provenga de una disciplina científica como la física, que la define como la capacidad de resistencia que tienen los cuerpos materiales a la aplicación de energía de deformación; esta capacidad se basa en llevar el material hasta su límite elástico con el fin de que se recupere. En realidad, este escrito, como la propia intervención de Gugenheim, es más que nada un ritual de sanación donde se ponen en juego mecanismos como la resignificación; pienso en mi propio modo de habitar el mundo desde este cuerpo, desde esta piel, con estas cicatrices, la manera en que experimentamos el contacto con el entorno, con los otros, y sus huellas sobre nuestra memoria física.

Esta intervención artística, nos habla de cuerpos transitando el dolor, la vergüenza, el miedo, el mundo, así en presente continuo, como expresa la propia artista “Mi proyecto es valorar la cicatrización, más que la cicatriz”. La resiliencia es, justo, un proceso de mantenerse con vida. A partir de la misma inspiración de Gugenheim, la técnica japonesa conocida como “kintsugi” no desecha la cerámica rota, la repone; en esta reposición, se incorporan las mismas piezas de su constitución material, se redibujan nuevas líneas, cada vasija como cada cuerpo cuentan su historia y narran su accidente por el mundo.

Para mirar la recopilación de sus intervenciones: http://helenegugenheim.com/?paged=10&cat=4

 

Escrito por Teresa Valdés (México, 1991)

Tiene una licenciatura en Literatura Comparada y una especialidad en Familias y Prevención de la Violencia. Ha realizado investigaciones sobre economía y arte feminista y ha sido promotora de los derechos sexuales y reproductivos de las jóvenes (Ddeser). En 2012 fue becaria de la FLM, y también ha publicado en diversos medios como Oculta Lit y Debate Feminista. Actualmente estudia una maestría en Ciencias Sociales.
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