Federico L. Baggini nació el 1º de agosto de 1987 en la ciudad de Buenos Aires. Escritor y bibliotecario, ha publicado en forma autogestiva Acariciapájaros y otros cuentos (2012), Iteraciones (2016), Agonías (2016), Tensegridad (2018) y Qualia (2018). Sus producciones están marcadas por un fuerte carácter social, de estilo interpelativo, lírico y marcada lucidez que se refleja también en los múltiples proyectos que ha realizado a lo largo de su carrera, entre los cuales se destaca el longevo Literatura Inclusiva. En esta oportunidad, conversamos con él acerca de sus últimas publicaciones y proyectos, sus modos de concebir la creación artística, la literatura y sus funciones sociales.

¿Cuándo y cómo empezaste a escribir?

El primer recuerdo que tengo de empezar a escribir es en cuarto grado de la escuela primaria. Por supuesto, la calidad de dicho texto era paupérrima, yo era un nene, tenía 9 o 10 años nomás. Me acuerdo que era un cuento sobre una víbora, pero no recuerdo mucho más. Después sí sé que ya en séptimo grado empecé a escribir con mayor frecuencia, lo que a esa edad puede llegar a escribir un preadolescente, también. Y así fue, a partir de ese momento es más consciente y más constante la escritura hasta que después se volvió un hábito y un oficio. A los 20 años, años más, años menos, fue cuando me decidí a intentar vivir de la escritura.

¿Vivir de la escritura es lo que define que sea un oficio?

Sí. Lo que cambia para mí tiene que ver exactamente un poco con eso. Digo “exactamente un poco”, lo cual parece paradójico, pero es exactamente ese poco y otros pocos porque tiene que ver con sentirlo, por un lado. Yo no soy partidario de que cualquiera escribe y cualquier persona que escribe está haciendo literatura y por ende es escritora, escritor, escritxr. Sino que hay un ejercicio creativo y de calidad de lo que se está produciendo. Esto me hace ganar el desagrado de mucha gente, de muchas personas, pero desde mi perspectiva, es un criterio cierto. O sea, yo no puedo decir que todo lo que escribí es buena literatura, que es literatura de peso, de calidad, de contenido, de forma. No, la verdad que hay un montón que es descartable, que es prescindible, que está mal o pobremente escrita, que no alcanza con el poco tesón, vamos a poner esa palabra. Pero lo noto, lo reconozco, me sigo leyendo para ver qué es lo que quiero cambiar y para implementarlo en las sucesivas correcciones. Este año presenté dos libros nuevos y la reedición de los tres primeros, que son reediciones porque no me gustaban. Los cambié, los reedité y ahora sí me son un poco más agradables y puedo decir que me siento más representado por las versiones actuales. Hay gente que dice “¿Por qué lo cambiaste? Tendrías que haberlo dejado igual porque eso es lo que vos sentiste en el instante en que lo escribiste”. La verdad es que no comparto esa noción porque si tengo la posibilidad de modificar algo, voy a disponer de esa condición… es como decirle a la gente: si pudieras modificar el pasado, ¿qué cambiarías? Y todos tenemos algo que cambiaríamos, por más minúsculo que fuera. Bueno, acá es exactamente lo mismo. Lo puedo modificar, lo voy a modificar. Porque las personas que no me leyeron, ¿por qué tienen que leer algo con lo que no me siento representado? Entonces, insisto: si lo puedo modificar, dejo el corpus de base y hago algo nuevo sobre eso. Respeto la idea inicial pero logro una producción de mayor calidad, profundidad, agudeza.

¿Es una corrección o es otra cosa?

No, no, es una reedición. Están reversionados, hay textos que en la primera edición no estaban y ahora están, hay otros que estaban y ya no están.

¿Ese aprendizaje para vos tiene que ver con un camino interno, de conocimiento de sí mismo, o más bien con formarse técnicamente, a través de talleres, por ejemplo?

No me parece que haya una vía única o que sea tan esquemática la posibilidad. Al contrario, a mí me da la sensación de que, a la par de ir madurando en otros aspectos de la vida, también fui madurando cuestiones técnicas, incorporando recursos, reconociendo determinados vicios que no me gustaron y que los eché por tierra literariamente hablando. A la vez, asistí a muchos talleres, y en la actualidad concurro a espacios de escritura. Asimismo, doy talleres. Me parece que el ejercicio de ir a un taller como de coordinar es mostrar tu literatura a una persona que no va a ser tan subjetiva como lo son quienes te rodean o que ya conocen tus mecanismos de creación. Entonces, por eso sigo yendo a talleres, porque además obviamente hay consejos, hay sugerencias, hay incentivos que a unx lx movilizan a ir. Y creo que es esa la cuestión, no me da la sensación de que sea sólo un aspecto interno o sólo algo técnico. No, al contrario, a mi entender es un compendio de factores que intervienen, es decir un cúmulo de aristas que si van a la par se va a notar, a percibir por parte de quienes nos leen. Y si no van a la par siempre va a haber desfasaje, un sufrimiento literario, un padecimiento por “querer decir algo” y no tener la capacidad, los recursos o la técnica para decirlo, no ser lo suficientemente maduro (en diversos aspectos) para decirlo. Quienes escribimos queremos decir mil cosas, pero, ¿cuántas cosas somos capaces de decir con la calidad, la forma y la técnica que lo queremos decir? Muy poco. Ese es el eje principal en el que sería menester que nos centremos. Luego, las demás facetas que involucran a un escritor, se decantaran desde dicho punto de partida.

Es muy frecuente en tus trabajos abordar la temática social, política, ¿qué significa para vos la literatura que aborda ese tipo de temáticas?

A mí me pasa que yo conozco escritores que hablan de una cuestión social pero en general no lo hacen desde un lugar netamente literario sino de ensayo. Es raro o muy minoritario las personas que escriben con una finalidad, o metiéndose en problemáticas sociales varias. De todos modos, hoy día hay un gran surgimiento de personas que escriben, mujeres principalmente, acompañando lo emergente de una nueva ola del movimiento feminista, y en esta ola percibo hay mucha escritura vinculada a esa temática, a la deconstrucción, al cuestionamiento, a la reformulación, a la propuesta, a la proposición, a la organización. Pero después, de otras problemáticas no hay mucho material escrito (menos aún a nivel ficcional), y de lo escrito quizá la mayoría sea de poco tenor, libros que no aportan lo suficiente, etcétera. Siempre me refiero a “poco material” teniendo en cuenta la totalidad de libros que circulan y se incorporan al año en el mercado editorial y trazando una comparación con respecto a esto. Por ejemplo, hay mucha poesía que habla sobre temas sociales, pero ¿desde qué lugar lo hacen? A mí me gusta detenerme en la calidad de lo que se escribe, me interesa, además del trasfondo del contenido, el “cómo” se dice, me ocupa que haya un contenido, no que sea un monólogo, un stand up o una sumatoria de palabras básicamente a las que le digo “poesía” por una mera cuestión confirmativa y característica de rotular como “poesía” a cualquier tipo de escritura que no logro encajar en otro género literario. Me gusta escribir desde lo social y trabajar en lo que escribo, porque además es en lo que tengo experiencia y creo que eso es determinante para un/a escritor/a, escribir sobre lo que se tiene experiencia y que haya un campo de hechos que lo sustente. Después obviamente se puede meter en otros ámbitos en los que no se tiene experiencia, investigar…

Con “experiencia” te referís a que tenga que ver con lo que uno vive, digamos…

A lo vivencial, claro, a lo cotidiano. Yo si no viviera en una villa probablemente no me animaría a escribir sobre tantas cuestiones sociales que son arquetípicas de esos contextos. O, si lo hiciera, probablemente lo haría más de oído y haría la pertinente aclaración, porque escribir por escribir, o escribir porque me “agrada” o sencillamente “llama la atención” el tema, es algo que aborrezco.

¿Para vos vivir en una villa fue una decisión, teniendo otras posibilidades?

Sí, fue claramente una decisión. Fue irme a los trece años de mi casa y ahí empezó todo. Después irme a Colombia un tiempo, lograr y mantener experiencias en villas. Después venir acá y ya empezar con el proyecto de Literatura Inclusiva. De esa manera se fue dando todo. No dudé mucho de todos modos, nunca fueron decisiones tan deliberadas. Fueron decisiones conscientes desde una inconsciencia, ¿no? Como instintivas más que otra cosa. Sabía lo que estaba haciendo, no iba inconscientemente, pero también era muy instintivo, muy pasional y siempre con la convicción de hacerlo al cien por cien. Eso, para mí, es clave y elemental. En tantos años de desarrollo y ejecución de proyectos e iniciativas varias, la mayoría de las personas no es responsable a nivel grupal tanto como lo es a nivel personal, y mucho menos reconocen que están faltando a su compromiso.

¿Lo consciente desde una inconsciencia se parece a la creación?

Sí, totalmente. Yo creo que hay muchos actos que son actos creativos, lo que pasa es que no todos son artísticos.

¿Qué define una cosa o la otra?

Pareciera ser que lo artístico es lo que la academia o ciertos “nichos” definen como “artístico”, es decir las convenciones que sean convenientes para ese “momento”. Pero saliendo de esa cuestión, entiendo que la mayoría de los actos, son actos creativos. Cocinar, por ejemplo. Incluso el campo y oficio de la construcción es un ambiente muy creativo, el diseño de interiores, la decoración. Hay un montón de actividades que son mucho más de lo que aparentan.

Siempre estuviste al frente de muchos proyectos de carácter social, entre los cuales está Literatura Inclusiva. ¿Qué es Literatura Inclusiva?

Literatura Inclusiva es un proyecto que empezamos en 2007, 2008. Recientemente ha cumplido diez años, o más. Es una iniciativa que al principio intentó ser de espacios literarios, en todo lo que tiene que ver con formación literaria, interés literario, lecturas orientadas a públicos específicos con problemáticas específicas, recomendaciones, etcétera; en villas básicamente y/o poblaciones rurales. Sin embargo, trascendió ese primer objetivo porque la gente se acercaba por otras necesidades. Había quienes se acercaban por motivos vinculados a lo literario, pero también había quien se acercaba por otras razones. Entonces empezamos a intentar ser suficientes y dar respuesta a todas las necesidades y así se fueron ampliando los aspectos y campos en los cuales trabaja Literatura Inclusiva, que no es sólo ya literario, dado que le queda muy chica esa palabra y no es inclusivo sino que es integrador.

¿Cuál es la diferencia?

El término “inclusivo” me remite a que hay algo que es correcto o normal a lo cual hay que incluirse. E “integrar” significa que hay diferentes aspectos en los cuales algo o alguien se pueden integrar. En otras palabras, hay diferentes formatos donde integrarse y donde integrar. Incluir es un concepto muy unilateral; integral, por el contrario, es algo que puede ser multifacético, células. En la problemática de la inclusión de lxs discapacitadxs, la aplicación del término de inclusión es paradójico porque se habla de incluir a quien no pertenece al rasgo “general” o “mayoritario” a la movilidad que tiene el resto de las personas cuando, en verdad, no termina de ser un accionar coherente y considerado. Es decir, ¿por qué tenemos que pretender adaptar a personas con “capacidades diferentes” a nuestra “movilidad”? ¿Por qué a veces no nos adaptamos nosotrxs? ¿Por qué no hacer algo integral? Es paradójico pero por eso diferencio los términos y aclaro que Literatura Inclusiva no es sólo “literario” y no es solo “inclusivo”, sino integrador e integral. Por otro lado, cabe señalar que es un proyecto que abarca obviamente un montón de aspectos sociales, políticos, culturales… bueno, políticos son todos, ¿no? Pero sociales, culturales, artísticos, laborales, de cuestionamiento, etcétera.

¿Y ese proyecto cómo se materializa hoy en día después de tantos años de haber surgido?

Hubo muchos años de crecimiento. Los tres primeros años de crecimiento muy lento, los siguientes cuatro años de crecimiento veloz y los últimos tres años volvió a ralentizarse dicho crecimiento. Ahora es muy tenue y limitado lo que se ha podido avanzar. Estamos en una meseta, lo sabemos, lo reconocemos y no negamos que esto es acompañado también por un momento político-social de muchas transformaciones y reformulaciones. Antes, hace cinco o seis años era muy jodido también hacer cosas en las villas pero había algo más de posibilidades que ahora para quien no quería participar de un proyecto como el que proponíamos, es decir más allá de nuestro colectivo. Entonces unx no se tenía que encargar de todes sino que se encargaba de las personas que se acercaban al proyecto, porque ciertos otros aspectos estaban supuestamente cubiertos. Ahora unx se ve rodeadx de personas que se acercan y de quienes están bollando y por quienes no podemos hacer la vista gorda, y por lo tanto nos responsabilizamos. Y todas esa variables y factores que siempre tuvimos previstos, pero que nunca llegaban a sucederse, finalmente ocurrieron, y eso implica no poder seguir creciendo al ritmo que lo veníamos haciendo. Por ejemplo, desde 2015 no pudimos abrir más espacios, ni ampliar significativamente los ya existentes. Hay más de treinta espacios pero no todos son multiaristas, y en muchos casos las problemáticas que abordan son las elementales del contexto en el cual están insertos. Algunos de dichos espacios son sólo comedores con otra actividad que funcionan con tal modalidad todo el tiempo, por lo cual además de brindar la posibilidad de una comida, se convierte en un lugar de contención; otros son salitas y así sucesivamente. Del mismo modo es que hay otros espacios, como por ejemplo en el que vivo yo, que es el primero en orden cronológico, que son muy grandes, diversos, y multifacéticos. En estos se abordan aspectos y problemáticas de todo tipo con los pormenores y trajines que eso conlleva, a diario, cotidianamente. Pero lo enriquecedor es que se materializa… y lo que más nos enorgullece es que abunda la autogestión, el concepto de comunitarismo, cooperativismo y mutualidad. Autogestión entendida como autosuficiencia, autonomía económica, autonomía en muchos aspectos que son la prueba cabal de que se puede accionar de forma genuina, novedosa, enriquecedora, beneficiosa y contemplativa.

En relación a la literatura, ¿cómo sería esa autonomía?

Tenemos primero un costado más interno que tiene que ver con que nosotrxs no somos muy limitantes de ciertas lecturas, no somos tipificadores de lo literario. Intentamos proponer material novedoso, lecturas que aborden problemáticas e intentamos que si se va a desarrollar algo en torno al oficio de la escritura sea del mismo modo. Y después tenemos una imprenta en el barrio que se encarga de editar e imprimir libros sin marca editorial. Es decir, la persona nos acerca los textos y nosotrxs la ayudamos en todos los pasos que son necesarios para la conformación de un libro, desde la maquetación hasta la impresión, atravesando todas los pasos intermedios. Y lo distintivo radica en que, como cooperativa que somos, no ponemos nuestro nombre en nada. ¿Por qué? Porque entendemos que la mayoría de las editoriales son un gran negocio, te hacen creer que la tarea que hacen es “imponderable, enorme, colosal”, cuando en verdad lo único que tienen, a diferencia de la persona que recién hace sus primeras huellas en lo literario, es el contacto de una imprenta que les hace un buen precio. Remarcan ese buen precio, y ahí tenés la ganancia de las editoriales como meras intermediarias. Y sólo por ese dato lucran, ganan dinero de forma sumamente inactiva y ponen el nombre de su editorial en un libro de cuyo contenido no escribieron nada. Del contenido y la autoría intelectual no hicieron absolutamente nada y sin embargo figuran en la tapa, en el lomo, en el cuerpo interno y eso, a nosotrxs, no nos parece justo en lo más mínimo. El contenido intelectual es del autor, todo es trabajo, tiempo, esfuerzo, compromiso y dedicación entera del autor. Nosotrxs tenemos las máquinas y podemos imprimir. Entonces no nos interesa ir más allá de beneficiar de algún modo a la persona que está imprimiendo a costos muy bajos, con una calidad muy buena. Por supuesto que llegamos hasta ese punto, a lo que refiere a la impresión. Siempre aclaramos que después no tenemos servicio de presentación de libros, de distribución, de prensa, eso ya queda en manos de quien acudió a nuestra cooperativa. Nosotrxs podemos asesorar, aconsejar, recomendar, contactar, trazar algunos vínculos con ciertas personas que sabemos que llevan a cabo esas “áreas” de lo que implica publicar un libro, pero no más de eso, y siempre sin pedir nada a cambio por esa gestión de generar lazos.

Recientemente empezaste otro proyecto que se llama Sesiones de Poesía Compartida , ¿cómo es?

Sesiones de Poesía Compartida (SdPC) es un proyecto que fue craneado hace bastante tiempo, más de un año por lo menos. En general, todos mis proyectos e iniciativas tienen mucho tiempo de planificación, de pensado, de elaboración, de cocción y de comestibilidad posterior, haciendo una analogía. SdPC lo empecé a desarrollar durante 2017. Todo 2017 fue el tiempo para organizarme en torno a la idea principal y esa proyección se maduró a fines de ese año. Para explicar un poco el origen, me basé en un canal de Youtube que se llama SDMA: Sesiones de Micrófonos Abiertos. Y hacen algo que a mí gustó, es muy interesante y atractivo, suena muy bien, se ve muy bien, es muy reconfortante como está hecho y llevado a cabo cada aspecto. En el caso de ese canal, son músicxs, cantaautorxs en general, que muestran lo que hacen. Yo tomé la idea principalmente de cómo está grabado (tanto a nivel visual como sonoro) y le propuse a una pequeña productora de estudio fotográfico y audiovisual si se animaba a grabar las lecturas a dúo. En mi caso, la idea es ésta: se llama SdPC, Sesiones de Poesía Compartida. ¿De qué se trata? Yo convoco a diferentes escritorxs, poetas y básicamente les propongo co-escribir en conjunto un texto (inédito, para dejarlo en claro). Una vez que lo consideramos cerrado, estipulamos una fecha y nos juntarnos a grabarlo a dos cámaras, en ciertos ámbitos específicos, con determinada puesta en escena, en donde la poesía sea lo que se escribe, lo que se ve y lo que se escucha. Las lecturas pueden ser a dúo, con alteraciones en la lectura. Cada texto producido en conjunto tiene un matiz lúdico. Y Sesiones de Poesía Compartida además es un campo que espero que se abra, ya que creo que es un campo que puede explotarse de muchas formas posibles, lo que pasa que hay que tener el tiempo para hacerlo, evidentemente, o hacérselo y dejar de procrastinar.

¿Cómo podría abrirse?

Esta es la primer temporada, tengo ganas de que la segunda temporada se caracterice por interactuar con personas (poetas) villeres, de las villas o de contextos de encierro, darle ese matiz. Después poetas de diferentes ámbitos, que sean personas que han atravesado o atraviesan contextos sumamente vulnerables y/u hostiles y que tienen algo para decirnos.

Vamos a los libros. Este año sacaste dos, Tensegridad y Qualia. ¿Qué significan, qué son esos nombres?

Primero, antes que responda a tu pregunta, dejame aclarar que las personas siempre que estoy en vísperas de presentar libros me dicen: “guau, cuánto que escribís”. La verdad es que yo escribo todos los días, tengo un montón de material, lo que a veces me pasa es que internamente me digo “bueno, tengo intenciones de publicar”. Entonces reúno textos, compilo textos con ciertos criterios, los nucleo bajo un nombre y los publico. Como me autopublico, es decir que me imprimo yo, me corto yo, hago todo yo en resumidas cuentas, a decir verdad no es muy complejo. Sobre estos dos nuevos libros, cabe señalar que Tensegridad son diez cuentos, a diferencia de Qualia que son poesías o prosas poéticas para ser más exacto. “Tensegridad” es un concepto de un arquitecto estadounidense que lo que propone es que una estructura sólo conformada de cables se puede mantener en pie si todas las partes que la componen mantienen la misma tensión. Cuando una de las partes que compone la estructura cede en la tensión que ejerce, la estructura entera se viene abajo. Desde mi punto de vista, es una gran analogía de lo que es la organización en distintos ámbitos sociales, el compromiso, etcétera. Y “Qualia”, por definición, es la capacidad que tienen algunas muy pocas personas de percibir con un sentido lo que le corresponde a otro. Por ejemplo, vos tenés ahora un buzo rojo, yo no lo veo solamente rojo, sino que huelo tu buzo, huelo el color rojo. Le atribuís una serie de efectos que no son de ese sentido pero que lo sienten las personas que presentan esta condición. Como verás, es un concepto muy poético per se.

Bueno tengo una última pregunta, ¿qué es para vos crear?

Una forma de no morir.

 

 

Escrito por Celeste Viedma

Celeste Viedma (Buenos Aires, 1989) es socióloga por la Universidad de Buenos Aires y becaria doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Investigadora en formación, poeta por atrevimiento y futura ensayista, si todo sale como lo desea. Publicó recientemente su primer poemario titulado Juncos de Papel (Peces de Ciudad, 2018).