Quizás no es el arte de mover el lápiz sobre el papel el que elije la mayoría. Sin embargo, sí es uno que al igual que la pintura, la música, o cualquier otro ámbito artístico o acto creativo, desbloquea tanto nuestros canales internos como aquellos que nos conectan con el exterior. No es la que todas eligen para expresarse, pero sí creo que todas tenemos el potencial de usarla, igual que el arte en sí mismo.

La escritura, el lenguaje.

Desde niñas bombardeadas con las letras, con poner palabras a nuestros sentimientos, emociones, pensamientos, con nombrar las cosas. Aprende a leer. Aprende a escribir. ¿Para qué?

Mi vida y visión de la misma cambió el día que el revuelto de pensamientos se vertió sobre el papel. Fue entonces cuando los lápices comenzaron a afilarse solos, cuando la necesidad de expresión y el fluir de la lengua quisieron salir al exterior.
Vierto sobre el papel todo lo que sé o puedo articular con mi lenguaje. Mi mano danzando dibuja sobre el folio en blanco, sobre la nada. Ni siquiera me da tiempo a pensar, muchas veces no lo quiero. El bolígrafo va mas rápido que mi conciencia, y el inconsciente aprende a fluir entre mis dedos, buscando desahogarse, así es como leo entre líneas mis miedos y mis pasiones, cerca de las letras.

Estaba buscándome entre las horas, minutos y días del calendario, tratando de hacer frente a mis incoherencias, a mis dudas y contradicciones, a mis realidades. Creía que me conocía pero aun hoy se desvelan lugares aquí adentro mío que no han sido alumbrados. Cuando agarré un bolígrafo con la responsabilidad e intención de poner en palabras lo que siento, observo y soy, cuando realmente tomé de un trago el valor de dejar correr la tinta sobre el papel, lo innombrable fue nombrado y las líneas difusas tornaron sentido. Escribir diariamente una o dos páginas con cualquier contenido o tema, lo primero que se viniera a mi cabeza sin calificarlo sólo dejándolo salir y ser. No era la primera vez que escribía mas bien fue la primera vez que me comprometía con una tarea que únicamente tuviera que ver conmigo misma, nada que esperar de los demás, ninguna idea que compartir, ningún cuento que vender, ningún jurado.

Desde que recuerdo me ha gustado la lectura, autores como Herman Hesse, Milán Kundera y un largo etcétera han removido mis entrañas y los hilos de mi imaginación. Solía pensar que la escritura era una tarea de intelectuales, genios o literarios encerrados en sus burbujas viviendo en una constante inspiración y tomando té sentados en su escritorio. Ahora la defino, sin embargo, como el tener algo que decir y además querer hacerlo, aunque no haya nadie de espectador.

Plasmar en el papel todo lo que sale de la mente, buscar un mindfulness gramático. Encontrar un poder el cual todos tenemos que es aquel de generar nuestra propia historia, nuestros propios cuentos, nuestras propias revoluciones. Jugar a crear, a inventar mundos nuevos, a seguir siendo niñas. Pintarnos enteras y volcarnos sobre el papel.
De esta manera escribir se convirtió en una necesidad que no daña, otras es una alternativa a una realidad desoladora y triste que abruma. Una manera de liberarme de la represión, de la tiranía, de la sumisión, del machismo, del control, de lo antinatural, de la autoridad. Poder pronunciarme en cada uno de mis derechos que no son sólo míos, desde luego. Una alternativa que ayuda a generar otras realidades la cuales puedo formar, modelar y deformar cuantas veces quiera, quizás luego darles vida sacándolas del papel hacia la práctica. Compartir también es una manera de escribirse.

Cuando transformo mi pensamimento en tinta, letra sobre papel, un caos se torna orden, una mezcla se torna separada. Y no es la intención, más bien una canalización que recorre mis venas desde mi cerebro hasta mi mano derecha y me permite suavemente sembrar todo aquello que escondo, todo aquello que me queda por conocer, acercándome cada día un poco más a mi verdad.
Abecedario limitado pero infinitas conexiones hacen que no se vuela cansado. Aún sigo escribiendo como la forma más pura que encontré para auto-descubrirme y auto-observarme, incluso con el paso de los años. No es solamente un proceso o un acto creativo, es la terapia a través de la cual me analizo, un espejo a través del cual me observo.

Escribir para conectar con lo que soy.
Escribir para conectar con lo que me pasa.
Escribir para digerir lo que me sucede.
Escribir para descifrar los enigmas.
Escribir para invocar lo que no puedo ver.
Escribir para transportar.
Escribir para mostrar.
Escribir para descubrir.

La escritura se ha convertido en mi manera de volar. Descubrí una alas, una amiga, una utopía, una confidente…que al final también eran yo.

¿Y tú, para qué escribes?

Escrito por Miryam Viera Díaz

Miryam Viera (Islas Canarias, 1992). Graduada en Psicología y Máster en Orientación Educativa (ULL). Jugando a escribir el espacio desde 2012. Escritora por gusto, por crítica, por terapia y por necesidad.