Recorrías la alfombra a pie descalzo

peinando la piel los filamentos raídos

Te detenías a mitad del camino

a rozar la oscuridad con ojos cerrados

Mientras agitabas las manos:

aletas de mariposa siguiendo el fuego

 

Bailar sumergido en la noche

era el regalo preciado de la vida

Enjuagabas la rutina

recogiendo música como cascada

Dejabas caer los hilos que tensan

tu cuerpo de bisagras y madera.

 

Escrito por Diana Taborga Montes

Araña tejedora de palabras, eterna amante del arte y los placeres de la contemplación, de la búsqueda del espíritu en todas las cosas de este vasto Universo. Aprendiz de maga y cazadora de momentos.