Liberoamérica celebró su segundo evento de Escrituras Abiertas en Bogotá. El pasado 30 de junio nos reunimos en Ato Centro Cultural, un espacio nuevo en el norte de la ciudad, y contamos con la presencia de Revista La Caída, que compartió sus fanzines.

En esta ocasión, tuvimos una lectura de poesía a cargo de las poetas Rocío Cely, Ana María López, Paula Vargas, Diana Sánchez y María Alejandra Zorro. Organizaron Jorge Piragua, Fabio Romero y Estefanía Angueyra. Además, realizamos cadáveres exquisitos, una actividad colaborativa con el público para crear distintos poemas en conjunto.

A continuación, les dejamos una muestra de nuestra lectura.

Paula Vargas (Bogotá, 1998)

PISCINA

Las aguas negras
crecen al tiempo
que el fusil
pronuncia palabra.
Las aguas negras
se introducen en los poros
y ahí se quedan a dormir.
Las aguas negras
absorben el aire
con un pitillo
y se convierten
en oxígeno.
Las aguas negras
se beben
la inocencia
porque los adultos
aún pueden nadar.

Rocío del Pilar Cely (Bogotá, 1995)

SIN POR FAVOR NI GRACIAS

Una mañana me despertaré y seré yo misma.

Se me habrán quitado las ojeras,
escondite perfecto del aburrimiento.

Me levantaré sin una nube de complicaciones
pegada a las pantuflas.

Desayunaré con el pan de cada día
y el himno nacional a cuestas.
Saldré a la calle sin arroparme
con la obediencia y la resignación.

Seguiré habitando mis constelaciones de lunares
y en mí permanecerá el misterio
de cargar un triángulo
sobre la yugular

.

Dejaré de guardar pañuelos entre el bolso
por si de repente hay que decir adiós
o derramar una que otra lágrima
por la patria.

Volveré a levantarme un poco más ligera.
Y así como hoy,
habré encontrado mi alma pintada de azul
sobre el colchón de la cama.

Ana María López (Bogotá, 1993)

FETAL


La sangre quiere sentarse.
Le han robado su razón de amor.
-Alejandra Pizarnik

El cuerpo se me contrae
de nuevo.

Y no en función
de las pulsiones diletantes
del último encuentro

entre mis manos y una humedad
oscura
que es mía,
me pertenece.

Me contraigo con un ritmo
de coágulos inciertos,

al filo del corrientazo que va y viene,
que me habita ahora
más allá del vientre.

Un latigazo que me recorre,
que se adhiere a
la espina dorsal de
abajo para arriba

y me tiempla
y me dobla.

Si me vieran,
se preguntarían
cuándo me pensó Fibonacci.

Tal vez
el desagarro interno es
como un llamado de la tribu.

Una pulsión
que reniega el desarraigo,

una necesidad certera
de unir cabello y rodillas,

como resguardando,
como sintiendo que se es
de nuevo
reguardada.

Como buscando
la tibieza
de una madre
ausente.

El cuerpo se me contrae.
Otra vez.
Sin tregua.

María Alejandra Zorro (Bogotá, 1995)

ABANDONO

Cuando acaba el mar, hiere la tierra,
Se cuela por las entrañas este aire seco,
Corroe hasta los huesos el salitre espeso
Se acumula en los pulmones la arena.
Y no hay nada.
Nada.
No hay más que el sordo sonido que quiebra la tierra,
Árboles mudos que en este paisaje no prosperan.
——Hay nada.
Nada.
No crece en la tierra más que esta vida de ojos muertos y
Este cultivo de almas secas.
——nada.
Nada.
No palpita más que el hambre en aquellos cuerpos marchitos que ni siquiera se lamentan

Nada.
No camina nada en el desierto, sólo un mohíno calor que no flaquea.

Diana Sánchez Barrios (Bogotá, 1989)

QUIZÁS DEBIMOS CONCEDERNOS EL SILENCIO

Quizás debimos concedernos el silencio,
regalarle a la palabra una tregua
para que se volviera canto
———————————-de una voz
que sale de la boca
solo para darse a luz en otra.

Canto,
de cuerpos que se llaman
para que la vida
le ceda a la muerte un instante:
Deseo
———inevitable de no ser borrados de la tierra,
canto de la sangre latiendo sobre la sangre.

Quizás debimos concedernos el silencio,
digo quizás, para que la certeza no venga a matarme.

Siento mucho que estas sean también,
solo palabras.

Escrito por Liberoamérica · Bogotá

Liberoamérica - Clúster Bogotá.