Yanina Giglio nació en Buenos Aires, Argentina en 1984. Lectora serial que escribe, investiga, experimenta y vuelve a empezar. Incansable. Apasionada por el desarrollo de procesos creativos.

Es miembro fundador de Odelia editora. Coordina talleres de lectura y escritura creativas. Actualmente estudia Artes de la Escritura en UNA y el posgrado “Escrituras: Creatividad Humana y Comunicación” en FLACSO.

Publicó: “Abrapalabra: licencia para hablar” (Cuento. Entrelíneas UBA, 2014);  “La Do Te” (Prosa poetica. Editorial Alción, 2015); “Recuperemos la imaginación para cambiar la historia” (Antología. Proyecto NUM-Editorial Mansalva, 2017); “Liberoamericanas. 80 poetas contemporáneas” (Antología. Editorial Libroamérica, 2018)

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El objetivo de esta charla es que te distiendas, y respondas libremente. Así que ahí vamos:

¿Qué libros te marcaron para bien, o para mal?

Todos. No leo (ni leí) nunca por obligación. Toda la literatura que he leído ha sido por placer. Si paso una determinada cantidad de páginas y no estoy conmovida, marcada, inmediatamente lo aparto, aunque para la crítica y el planeta entero se trate del mejor libro del universo.

Puedo nombrar algunos de mis preferidos (van en orden de aparición en mi vida): El otoño de Freddy la hoja de Leo Buscaglia; Cuadernos de un delfín de Elsa Bornemann; Bajo el viento de la Camarga de Federica de Cesco; El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes; Yerma y Bodas de sangre de Federico García Lorca…

Hasta aquí llegamos a la adolescencia, luego en mis veintes: Cerca del corazón salvaje y Aprendizaje o el libro de los placeres de Clarice Lispector; La plenitud de Claudia Masin; Juana I de Ana Arzoumanian; Escrito en el cuerpo de Jeanette Winterson, Hija de perra de Malú Urriola…

Y lo más cerquita en el tiempo: Amora de Natalia Borges Polesso; Modus operandi de Carina Maguregui y Muriel Frega.

Si agarrás un libro: ¿sos de las lectoras que si no le gusta la primera página lo deja, o insiste con abnegación hasta el final?

Como te decía justito Jesús, no leo si no siento placer, goce, deseo… Para eso debo pasar al menos 15 o 20 páginas, digamos que dejar a la primera es muy poco changüí.

Y  además, para “insistir con abnegación” está la vida misma… No la ficción.

Sos poeta, editora y azafata: ¿Cómo es un día tuyo?

Soy también correctora de estilo en un multimedio, ensayista, periodista, estudiante de una carrera de grado y de un posgrado, ama de casa, mamishulay de dos gatos pretos, tallerista y productora.

Un día mío es un día dedicado ferviente y amorosamente al trabajo. Al trabajo con la palabra, con los distintos lenguajes, con la justicia, con el respeto. Al final del día me habita el cansancio, sí, pero también una especie de calma infinita, como una entrega íntima que se vuelca a tiempo… Y se vuelve a recargar para el día siguiente.

Ser parte de la antología de 80 poetas contemporáneas de Liberoamérica, ¿qué expectativas te generó? ¿Cómo te sentiste siendo parte de un primer libro de una editorial naciente?

Creo que hay en la edición un cuidado y un amor y un cooperativismo tal que me he sorprendido desde el día cero. Es un proyecto soñado y que comunica además de excelente poesía y multiplicidad de sentido― una esperanza, una fe en mi propia generación.

Sentirme parte, ser parte es algo que me es muy difícil de sentir. Generalmente tiendo al ostracismo cuando no trabajo. Y Liberoamérica (además de darme la posibilidad de publicar) también me da este sentido de pertenencia, en una generación como la nuestra, marcada por el individualismo y la autosatisfacción y la indiferencia. Liberoamérica es una experiencia que en mí, se replica en el corazón.

Como editora tenés que lidiar con la frustración constante de quienes aspiran a publicar en el catálogo de Odelia. Desde tu lugar cómo lo ves y lo manejás.

Odelia es una editorial formada por 8 mujeres que venimos de disciplinas muy distintas. Cuando leemos un manuscrito casi que somos todo un focus group. Si el manuscrito es votado unánime, tenemos grandes probabilidades de que pase lo mismo fuera de Odelia, con los lectores. Esto nos da mucha seguridad a la hora de publicar.

Igualmente tengo una deformación profesional: un pie como autora y otro como editora, así que siempre estoy leyendo desde un lugar anfibio, versátil, empático y consciente del esfuerzo que implica editar un libro.

Creaste las entrevistas Patafísicas, un formato alocado de escribir a cuatro manos. ¿Cómo surgió?

Surgió como toda creación artística, a base de imaginar, buscar y mezclar elementos. La intención era poder hablar con un otro a la distancia, conectar desde los imaginarios y fantasías, y como si estuviéramos escribiendo y experimentando en el taller (“Flash Fiction”).

Hace muchos años (15 te diría ya) conocí y leí distintas manifestaciones de la patafísica francesa. Quedé siempre fascinada. Hace 5 años, más o menos, escribí un programa de TV en el que se “entrevistaba” a una persona X (podía ser famosa, o no) y se trataban temas filosos y filosóficos con cierto humor, generando una situación espiralada, de esas “que una cosa llevó a otra y…”

Obviamente para evitarme las frustraciones, de las que hablabas recién que tenemos muchos autores, esto de llevar a todos lados una idea y ser ninguneados, se me ocurrió (hace unos meses) adaptar este formato a una entrevista escrita, y así descentralizar el deseo de la idea original (el medio no siempre es el mensaje, al menos no en la patafísica).

¿Te aburriste? ¿Cambiarías alguna pregunta?

¡Noooo! Si me aburriera al hablar de mí misma estaría en graves problemas. Y por suerte no, estoy muy contenta con esta etapa de mi vida, en la que puedo plenamente vivir de acuerdo a lo que escribo y a cómo escribo.

Muchas gracias, Yanina. Te dejo las últimas palabras a vos:

Si me las tomo al pie de la letra, ¡me las guardo pues!

¡Gracias a vos, Jesús!

Escrito por Jesús Iribarren

Jesús Iribarren nació en Coronel Pringles, Provincia de Buenos Aires, en 1985. Actualmente reside en Olavarria, Provincia de Buenos Aires. Es abogado y escritor. Publicó como finalista del III Premio Internacional de poesía Jovellanos el poema "Los fracasos llevan tiempo", incluido dentro de la antología de ediciones Nobel (2016, España). "Vergüenza", se editó en 2017 (Zindo & Gafuri Ediciones). "Pasó el reviente", se editó en 2017 (El ojo del mármol)