Para los japoneses, lolicon vendría a ser la contracción de la frase ‘lolita complex’ [complejo de lolita], la cual hace referencia a la atracción sexual o erótica que siente un hombre adulto por las niñas o jóvenes con características infantiles (Younker 2011:107). Así también, este término se utiliza para aludir a la historieta [o manga] y a la animación [o anime] que representa dicha temática.

La manga y anime lolicon nacieron a consecuencia de la promulgación del artículo 175 del Código Penal [1907] que establece la censura para representaciones obscenas de vello púbico y genitales realistas, decreto que el gobierno japonés promulgó frente a la acusación que le hicieron algunas naciones occidentales como un país que si bien estaba modernizándose, aún mostraba rasgos de ‘primitivismo’ o falta de civilización en su política sobre la sexualidad. En 1918, la conexión entre la obscenidad y la representación realista de los genitales se codificaría cuando los tribunales dictaminaran que el área púbica no necesitaba estar oculta, pero a cambio no debía mostrar detalles anatómicos dibujados (Galbraith 2011:94). No obstante, si bien estas restricciones se relajaron con el paso de los años, al final de la ocupación aliada en 1952, las leyes que regulaban la obscenidad se reactivaron, hecho que motivó a los dibujantes y creadores de historietas [o mangakas] a desarrollar la habilidad creativa para esquivar dichas leyes mediante la representación gráfica de genitales simples, borrados o que tuvieran pubescencia afeitada.

El apogeo del lolicon llegaría a principios de la década del ochenta, gracias a la aparición de revistas y demás publicaciones —tanto profesionales como aficionadas— como Lemon People [1981] y Manga Burikko [1982], las cuales hicieron posible la mercantilización y fetichización del personaje femenino [o shōjo] que caracteriza la manga para chicas. Personaje que, por sus rasgos infantiles y asexuales, fue apropiado por el lolicon:

Como todo lo demás en Japón, el sexo se ha mercantilizado en un grado extremo, y el Eros improductivo del shōjo no ha escapado a esa mercantilización debido a que —en su papel social único y pasivo— simboliza ‘un objeto total, el objeto de juego’ que puede usarse y desecharse (Galbraith 2011:117).

De acuerdo a esta perspectiva, «a muchos hombres no les molestaría la idea de tener o fantasear con una mujer mucho más joven que ellos, dado que así pueden satisfacer el deseo de tener sexo sin resistencia o sin el problema de una relación adulta madura» (Younker 2011:118). Ello explicaría por qué el lolicon ha tenido tanto éxito representando el enjo kōsai: las citas que estudiantes de secundaria tienen con hombres adultos a cambio de dinero. No obstante, encontrar otras razones que expliquen el gusto por el lolicon es bastante complejo, sobretodo si tenemos en cuenta que dicho fenómeno deriva de un problemático pasado sexual japonés. Prueba de ello es que en la obra literaria más famosa de Japón, La historia de Genji [escrita alrededor del año 1000 por Murasaki Shikibu], no se dice explícitamente, pero se sugiere que el célebre personaje cuyo nombre da título a la novela viola a la niña Murasaki —la cual estaba bajo su custodia— mientras dormía, luego de lo cual ella despierta y accede tranquilamente a convertirse en su esposa. Asimismo, durante la década de 1930, las mujeres todavía eran usadas como esclavas sexuales en toda Asia. Ambos casos nos confirman como el lolicon no es un problema o tema polémico completamente moderno en el País del Sol Naciente.

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Un evento que exacerbó la visión negativa del lolicon en occidente —y dentro de la misma sociedad japonesa— sucedió en 1989, cuando la prensa local dio a conocer el caso de Miyazaki Tsutomu, un joven que fue arrestado por asesinar a cuatro niñas —entre las edades de cuatro y siete años— y al que se le confiscó varios animes de dicho género (Galbraith 2011:100). No obstante, a inicios de la década de los noventa, esta visión se irá desvaneciendo a medida que va surgiendo una distinción importante entre las nuevas producciones del lolicon y las del pasado. El héroe atacante con quien el lector se identificaba pierde importancia para los nuevos amantes del género, dado que estos no buscaban la satisfacción de un deseo sexual masculino, sino el proyectarse en los personajes shōjo que eran colocados en la posición de víctima: «no buscaban la satisfacción fálica, sino asimilar el éxtasis de la niña, ya que es en el momento de identificación con la misma en que el quedan atrapados en un placer masoquista» (Galbraith 2011:103). Un placer que respondía a un deseo abstracto que no necesariamente se conectaba con uno real. Prueba de ello es lo que comentó un artista lolicon sobre como al proyectarse en la chica que es violada en su manga puede expresar el sentimiento de haberse sentido violado por la sociedad o por el mundo. En ese sentido, el lolicon también podría funcionar como una forma de expresar el rechazo al deber social de los japoneses de establecerse como masculinos, permitiéndoles en su lugar apostar por una identificación con lo que consideran «el símbolo máximo de la feminidad japonesa; es decir, la ternura» (Galbraith 2011:103).

En conclusión, a través de este artículo hemos descubierto que, para la juventud nipona actual, el lolicon va mucho más allá de ser una representación visual de la «pornografía infantil japonesa». No obstante, si bien esta no sería la única manera de acercarse a la amplia gama de imágenes e interpretaciones que suscita dicho fenómeno, ciertamente resalta la complejidad del contenido visual y sus usos para la negación o transgresión de los roles de género en el Japón contemporáneo.

 

 

 

Bibliografía:

Galbraith, Patrick W. Lolicon: «The Reality of ‘Virtual Child Pornography’ in Japan
Image and Narrative». Vol 12, No 83119. (2011)

Younker, Terasa. «Lolita: Dreaming, Despairing, Defying». New York University, 2011.

Escrito por Elizabeth Peláez Sagástegui

El 2017 obtuvo el grado de Bachiller en Humanidades con mención en Lingüística y Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Es miembro virtual del Círculo de Estudios Japoneses Tenjin (天神学団). Ha participado en talleres de poesía dirigidos por Andrea Cabel en la Escuela de Edición de Lima y por Carmen Ollé en el Centro de Estudios Literarios Antonio Cornejo Polar.