Si nos dejamos llevar por la fascinación de la tecnología, volamos. La tecnología, en espacios infinitos y minúsculos (la microcirugía, por ejemplo), revienta la mente por más serena que sea, por más mesurada. La tecnología, puesta por ejemplo, en cualquier dispositivo móvil, es una puerta y basta abrirla para entrar en un mundo donde cada dato, cada protocolo, representa la elección de la persona que queremos ser o el giro que estemos dispuestos a otorgarle.

Hasta este punto, todo es perfecto. Remedios Zafra, en su libro El entusiasmo, Premio Anagrama de Ensayo 2017, revierte este hechizo. Nos jala de los cabellos y nos sienta (es un libro que no podemos leer de pie) a mirar la otra cara de esta relación que inició décadas atrás. Ella a su vez, la retomará a partir de la Sibila, personaje que cruza lado a lado el libro. Pero la Sibila de Zafra no predice el futuro, don que le era atribuido por griegos y romanos. La Sibila, vive el futuro, es decir, el ahora, y tiene el nombre de cada uno de nosotros, y tiene aspiraciones creativas y pocos recursos.

El libro está dividido en ocho grandes apartados; de éstos, voy a retomar seis temas para construir mi reflexión: precariedad, libertad, estadística, mercadotecnia, el fracaso y escrutinio de la mujer como cuerpo e imagen. Para hablar de la situación actual del sujeto creador, de la Sibila, era necesario el término “precariedad”. El sujeto creador vive inmerso en la incertidumbre, no goza de garantías en las condiciones de trabajo. Entonces ¿cómo generar una obra que lo legitime como tal? Independientemente de su condición económica, para sobrevivir, tendrá que crear un sin fin de estrategias que lo mantengan visible en el modelo neoliberal. En un entorno hostil como el que se nos presenta aquí, la potencia creadora se debe aplazar una y otra vez.

México se ha convertido es un país sumamente caro, carísimo, debería decir. No hay marcha atrás, no hay reclamo, o pronunciamiento que frene la incertidumbre. O como dice Zafra, nos acostumbramos a tapar la herida, aunque por debajo de la tela vaya creciendo la frustración. El sujeto creador, está obligado a conseguir más de dos empleos, incluso presentarse como voluntario, para permanecer visible. Su libertad está sujeta a lo que dictan los grandes medios (de comunicación), que hacen como que cubren la tarifa del talento y la exclusividad.

El lenguaje con el que está escrito El entusiasmo, corta de tajo. Es un cuchillo demasiado filoso. Combinando el ensayo, la poesía y la ficción, Zafra incide más en la herida: somos datos y números. Y en esto, convertimos nuestra vida personal y laboral. ¿No es esto ya una parte del consumo? ¿una parte de la precariedad que deja de lado el entusiasmo del espíritu creador? Quizá, falte en el libro de Zafra, un buen apartado sobre el aspecto de consumo; un consumo cada vez más light. Los niveles de satisfacción del consumidor se vuelven más superfluos e inciden en lo llamativo, lo ruidoso. ¿Es ésta una conducta que nos orilla a producir de una manera y no de otra? ¿Crear lo que vende aunque nos alejemos de una propuesta estética verdadera sólo porque el consumidor así lo pide? O vender arte en serio. Recuerdo una frase de Mayte Martín (Barcelona, 1965), cantante y compositora de flamenco, que dice: «Parto de que los artistas no deben buscar al público, es al revés; los artistas deben ser quienes son, estar y ser fieles a sí mismos, […] porque entonces el artista y el arte se desvirtúan, pierden la razón de su existencia por ambición». Luego, la banalidad. A mayores números, mayor el regodeo y el autoengaño.

Sabemos por viva experiencia que ante la estadística y las estrategias de mercado, también ha sucumbido la academia. Zafra lo plantea de la siguiente manera: «No está claro en qué momento cercano la academia sucumbió al mercado y ofreció la cultura en trozos aptos para la circulación rápida y posicionable; exigentes con la forma y el peso –homogeneizados–, pero descuidando –y a veces denostando– riesgo creativo, subjetividad y sentido. Cegada por el espejismo de exactitud y de predecibilidad estadística y matemática, la academia parece haber sucumbido a una inquisitoria racionalidad apoyada en tres pilares: precariedad, burocracia y objetivación numérica».

Hay una línea que une el trabajo de Zafra con el de Belén Gache; coinciden en el análisis de la herramienta tecnológica dentro del ámbito de la creación, así como la unión entre tecnología y mujer. Una de las preocupaciones del ciberfeminismo es el “yo difuminado”, la pantalla como ese otro espejo alejándonos de “nosotras mismas”. Esta reflexión apunta a que no solamente el uso de la tecnología marca un camino de desigualdades y exclusiones, también subestima el cuerpo femenino. Poco a poco la mujer se abre camino en la internet, expresa su visión del mundo y sus inquietudes, no obstante, retomo el pensamiento de Zafra, «aún hoy el escrutinio de las mujeres orbita siempre alrededor de su cuerpo y su imagen. Su consideración en cualquier ámbito público sigue siendo precedida de «una imagen sobre la que opinar», un cuerpo sobre el que tomar partido». La mujer, su imagen, es objeto de negocio y también de deseo. La precariedad está sobre la libertad de cada mujer; una libertad cortada por en medio y, por ello, imposible modificar la significación de los atributos del cuerpo. Mujeres, que en su ser, como las mariposas de Gache, desaparecen, llevándose consigo su letra hasta dejar la pantalla vacía.

El libro, nos presenta a un sujeto creador, llámese Cristina, María, Ana, Inés, Silvia, Laura… Jordi o Manuel o Sibila, resignado a un destino que le cortará las alas; son las trampas de la sociedad y el modelo económico imperante. Es un sujeto, que pese a su entusiasmo, está condenado a sucumbir aunque se le presenten de manera esporádica oportunidades, promesas, posibilidades de ascender. ¿Cuáles son las propuestas de Zafra para revertir este escenario apocalíptico? La sinceridad solidaria y la decisión del sujeto creador de formarse plural y político capaz de cohesionar frente a la injusticia, sin aniquilar la libertad y la pulsión creadora. Cierro estas reflexiones con las últimas líneas del libro: «Sé que es algo todavía difícil de verbalizar aquí, pero no cabe olvidar, como sugería Barthes, que lo que no puedo nombrar es lo que puede «punzarme», que «la incapacidad de nombrar es un buen síntoma del trastorno», capaz de movilizarnos, en la creación y en las alianzas colectivas que vienen».

Remedios Zafra, El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital (Anagrama, 2017).

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Escrito por Nadia Contreras

Escritora. Autora de poesía y relatos cortos. Dirige Bitácora de vuelos ediciones (https://www.rdbitacoradevuelos.com.mx/) y en la página Incendio de imágenes (https://www.nadiacontreras.com.mx/) comparte recursos, libros, talleres, videos, relacionados con la Poesía.