Las plazas centrales de las ciudades grandes se parecen entre sí en muchos lugares de Latinoamérica. Plaza de armas, Plaza Independencia, San Martín o Bolívar. Un prócer enorme montado a caballo las preside en lo alto de alguna plataforma de piedra. Alrededor, iglesias catedrales y edificios de gobierno. Bancos, casas de cambio. Elegantes cafés. Y los infaltables negocios de chucherías para turistas. Allí, en esas vidrieras atiborradas de objetos las más diversas funciones, cada pueblo cifra de un modo caricaturesco una síntesis de su cultura. O lo que de ella quiere mostrar como algo distintivo.
La pintoresca Montevideo no es tan distinta ya que forma parte del sistema de excolonias y por lo tanto tiene su plaza independencia con su gran Artigas ahí dominando el espacio y, a pesar de la flagrante y notable falta de Catedral (que quedó haciendo sombra en otra plaza menos importante), tiene sus negocios de chucherías.
¿De qué gustan (gustamos) las y los turistas en Uruguay? O ¿qué ha elegido Uruguay, la gente uruguaya, para que sea gustado por las y los turistas en forma de distintivo, irrefutable prueba de que hemos pisado suelo oriental y vivido para contarlo? Mates, carne y cuero, guitarras, gauchos y, salvo por ciertos pequeños objetos de mármol ónix y unas geodas bastante desentonantes, todos artículos que bien podrían caracterizar varios países limítrofes, entre ellos, aquel en el cual nací.
Toda esta introducción ha sido escrita con el único objetivo de justificar que, como turista en el hermano país, me traje como recuerdo tres alternativas a las mencionadas chucherías: historias de masones, preguntas sobre jóvenes suicidas, y charlas con poetas. A casi todas las obtuve en la famosa plaza Bolívar.
A los primeros podemos dejarlos para otros escritos. De las y los poetas vamos a hablar hoy. Sobre todo de los jóvenes y más aun, ultrajóvenes. Y lo que es más, no suicidados.

Nía: La antología se plantea reunir trabajos de poetas “ultrajóvenes” de Uruguay. ¿De dónde sale el término “ultrajoven” y qué significa?
Hoski: Es una forma de nombrar a aquellos poetas que por su edad son más pequeños que lo que se suele llamar “poeta joven”. Por cierto, Uruguay que es un país con pocos habitantes y una población envejecida utiliza el “poeta joven” como categoría laxa y piadosa: hasta los 50 años se puede ser catalogado como tal. No es necesario aclarar que el epíteto sirve para ningunear, para dejar afuera lo emergente del horizonte de estéticas valiosas. “Ultrajoven” rescata esa emergencia. Realizar una antología de esos poetas que tienen entre 15 y 20 años es preguntarse por lo que está surgiendo, por la propia lógica adolescente, pero también por un campo de la cultura que está en plena construcción. Si se va a lo anecdótico la antología surge a partir de la búsqueda de poetas adolescentes que la poeta española Luna Miguel estaba realizando por las redes sociales en 2015. Si se piensa filosóficamente, “ultrajoven” da cuenta de un tipo de poeta que por su edad y su vínculo ha sido dejado fuera del sistema literario hasta hoy.

“El Hoski” es un escritor y docente joven, considerando esta categoría fuera de la zona de piedad, pero suficientemente maduro para tener algo qué ofrecer a las y los escritores ultrajóvenes a quienes, junto con un colectivo, comenzaron a antologar en 2015 a través del proyecto Orientación poesía en liceos públicos y privados. Así nació En el camino de los Perros, blog de antología virtual que continúa hasta hoy.

N:¿Por qué una antología de poetas ultrajóvenes? ¿Y para quién?
H: Cuando empezamos veíamos esa desconexión entre los poetas ultrajóvenes y el sistema literario. En los talleres de Orientación Poesía encontrábamos a adolescentes que estaban produciendo poesía, curiosos y con ganas de aprender. Pero no tenían espacio ni conocían los que ya existían. El colectivo En el camino de los perros surge como una forma de incluirlos, de darles un lugar en el fenómeno literario. Hacer una antología es la forma más inmediata de lograr ese objetivo, introduciendo sus textos vía web a la red de circulación de textos poéticos, y permitiéndoles tener una primera experiencia de edición, pensada como proceso de ida y vuelta con los editores. La antología permitió también mapear lo que se estaba produciendo (estéticas, género, geografías) y crear vínculos entre los editados. Es así que luego surge un ciclo de lecturas autogestionado y se comienzan a dar reuniones organizativas entre los propios poetas ultrajóvenes. En el camino de los perros es una antología abierta, que funciona de manera didáctica para los implicados, y que al mismo tiempo los conecta con lectores muy diversos: docentes, poetas mayores, gente que produce y consume cultura en general.

N: La antología como iniciativa surgió del proyecto Orientación Poesía. Contame de este proyecto.
H: Orientación Poesía es un taller de poesía contemporánea coordinado por Miguel Avero, Santiago Pereira y yo, al que se han sumado recientemente los poetas ultrajóvenes que ya forman parte del colectivo. El taller se realiza en las aulas de Educación Secundaria, coordinación previa con el docente, y consiste en crear un espacio de intercambio artístico con los alumnos en el que mediante la lectura y la charla se aborden diferentes estéticas e inquietudes relacionadas con la creación poética: motivaciones, elecciones en relación a texto y puesta en voz, historia creativa de los autores, temáticas, relaciones con otros lenguajes (películas, juegos de video, música), entre otras. Orientación poesía busca romper la escisión de nuestro sistema literario entre producción y educación. Por un lado, los programas de Literatura de Educación Secundaria (y la tradición metodológica) no toman en cuenta a la creación como parte importante de la enseñanza en literatura, centrándose en la interpretación hermeneútica de textos canónicos; por otro, la poesía como género de resistencia se ha desvinculado (por diferentes razones) de sus lectores y de las instituciones que propician la cultura, desentendiéndose así del mayor órgano reproductor del sistema: la enseñanza pública. Orientación Poesía busca devolver a la poesía su carácter popular y su capacidad de decir en presente, sin perder de vista su naturaleza diversa y multiforme, poniendo, de paso, a la creación literaria como parte central de la enseñanza misma de la literatura.

N: Durante los talleres en liceos ¿encontraron muchos y muchas poetas ultrajóvenes?
H: Hemos visto a muchos adolescentes interesados en la creación. Algunos nos han acompañado luego sumándose a En el camino de los perros. Hay que tener en cuenta que los adolescentes son inconstantes, lo que significa que no siempre siguen procesos lineales. Más allá del número de poetas que efectivamente luego siguió escribiendo y se interesó por la publicación en la página o las lecturas de nuestro ciclo, yo creo que hay destacar dos cosas: uno, que la literatura es un arte universal, puesto que la escritura es un software que compartimos casi todos desde la infancia. Dos, que por suerte se está dando una reflexión a nivel docente para canalizar, a pesar de las deficiencias de formación y el peso de la tradición, esa creatividad que tienen los alumnos. Son muchos los que escriben (y los docentes: casi que todos). Y muchos más si reciben estímulo en las clases de Literatura. Es cierto, alguien podría reprocharme que si todo el mundo escribe la calidad se pierde. Es gente que sigue creyendo en los dioses y los genios. La circulación de los discursos es más que un mandato ético: es una condición de posibilidad histórica.

El Hoski no solo habla de la palabra del otro, sino que también deja lugar a que esa palabra exista y circule. A la Plaza de la Independencia llegan, cada cual a su ritmo, una muchachita y un chango. Cada cual de sus aventuras del día. No se conocen mucho: han sido de distintas camadas de antologados por el proyecto. Hoy, ya estudiantes de nivel superior, integran el proyecto y además producen, intercambian y se activan en distintos colectivos culturales con toda confianza y soltura.

N: Entiendo que una de las tareas de editores y editoras es acompañar los primeros pasos de poetas jóvenes. ¿Qué acciones acompañan, y cómo evitan que sean inhibidoras o influencien en el estilo de otros/otras que escriben?
H: En este aspecto también puede verse la visión integral del fenómeno literario que tienen estos proyectos. La tarea de editor es una tarea crítica: significa leer, ordenar, sugerir cambios, crear devoluciones para los autores y minireseñas que acompañan la publicación en redes sociales, e incluso monitorear autores que aún no están para ser expuestos en la antología. Decía, la tarea del editor es crítica pero también es una tarea educativa. El proceso de edición se piensa como un proceso didáctico para el poeta. Las devoluciones y sugerencias (estilísticas, sintácticas, de recepeción, etc.) se hacen de manera clara y teniendo en cuenta quién está del otro lado. La edad del poeta, su propia historia, su relación con la creación; estos aspectos se toman en cuenta. Cada sujeto y cada estética es un mundo. Por eso somos varios los editores, y por eso mismo hemos echado mano en varias ocasiones a escritores externos, más aptos en un caso puntual, para evaluar desde una mirada empática. Este proyecto tiene una mirada ética sobre los creadores, fagocitando la solidaridad y la democratización del saber.

N: En la descripción del proyecto cuentan que van buscando “una participación más horizontal” dentro del colectivo del trabajo. ¿Cuáles son las fortalezas y cuáles los desafíos de asumir esta dinámica?
H: En 2012 armamos Orientación Poesía, y en 2015 la antología de poesía ultrajoven En el camino de los perros. A partir de la experiencia de publicación se formó propiamente el colectivo integrando a los fundadores y a los poetas antologados. A partir de allí algunos de los autores que habían pasado por el proceso de edición tomaron la iniciativa en buena parte del proyecto, decidiendo sobre el ciclo de recitales poéticos y las diferentes invitaciones que empezaron a llegarnos (festivales, encuentros de escritura). Este año nos propusimos dar un paso más democratizando la función de editor, hasta ahora desempeñada por los fundadores del proyecto. La creación de un comité editorial permite poner en otro lugar a quienes ya han pasado por el proceso de edición o han dejado de ser ultrajóvenes, creando una experiencia de intercambio de lecturas que resulta doblemente pedagógico: para nosotros y para los poetas que editemos. En el camino de los perros es algo muy reciente, y por su propia naturaleza, su estructura es totalmente dinámica. Los desafíos que se plantean son varios: que los poetas puedan acompasar su desarrollo personal (académico, creativo, vital) a las funciones que se proponen cumplir, que puedan hacerse el tiempo para cumplirlas, que se cuide la frágil cadena que se ha armado desde los estudiantes liceales hasta el mundo editorial y académico; que los miembros fundadores sepamos confiar y dejar que las cosas sean.

La noche montevideana nos cubre con el frescor del Río de la Plata. Es enero y hay poca gente en la calle. Aunque esa plaza se parezca a otras, no puede ocultar que ésta es, ostensiblemente, una ciudad hermosa. A pesar, claro, de los obstáculos ya conocidos de toda la patria sudaca.

N: ¿Qué hace falta para poder publicar hoy en Montevideo?
H: Publicar poesía es muy difícil, ya se sabe. Las opciones para quien no es consagrado (y para muchos consagrados también) derivan entre la autoedición, la edición paga en editoriales pequeñas y/o artesanales, y la edición por concurso. A los poetas jóvenes se les complica muchísimo: no tienen dinero para pagar su autoedición, y no conocen los mecanismos de los concursos, del armado del material y de lo que se evalúa. Eso sin contar que los jurados de poesía en nuestros concursos son siempre los mismos y las estéticas valoradas de autores vivos se reducen a tres o cuatro. Desde la generación del 80’ para acá los autores de poesía se han caracterizado por existir previamente o al margen del primer libro. La poesía oral primero, y luego la publicación en internet, vinieron a suplantar ese sueño imposible. Sin embargo el libro, y también los concursos que permiten llegar a él, siguen siendo valiosos. Hay que trabajar para que los jóvenes puedan acceder a ellos. En este sentido, la aparición reciente de editoriales y revistas de poesía autogestionadas parece ser un buen signo.

N: ¿Qué políticas públicas estatales podrían acompañar o fortalecer esta iniciativa? ¿Han buscado apoyo en este sentido?
H: Siendo orejano a veces es difícil hacer converger los intereses propios con los de las políticas públicas, y sobre todo con la retórica meritocrática que se requiere para obtener apoyos o fondos. En cualquier caso, el proyecto se inserta en un movimiento de cambios que afecta áreas inconexas del fenómeno literario: la producción de poesía (sobre todo en internet), los espectáculos de poesía oral y los todavía insuficientes intentos de cambiar la educación en Literatura que se imparte en la Secundaria. En este sentido, desde la Inspección de Literatura se han promovido las propuestas creativas, que acerquen la producción y el presente al aula. Sin embargo proyectos como Orientación Poesía no tienen más que un apoyo simbólico, porque los llamados en el ámbito de la educación que se hacen para talleres son pocos y demasiado estandarizantes. Lamentablemente, las políticas en educación (que podrían acercar efectivamente al mundo vivo de la literatura con los adolescentes) responden más a la retórica burocrática de moda que a un saber cultural. En un sentido más amplio también se necesitan más libros de poesía joven, se necesita tomar en serio la producción de los jóvenes y darle un lugar académico a sus estéticas; se necesita un apoyo más decidido a festivales y ciclos de poesía, que existen de manera precaria, y paradójicamente, tienen buena convocatoria; se necesita estimular las redes nacionales de jóvenes artistas (país pequeño pero dividido en capital e interior), dándole un aura de menos moralidad para jóvenes, y más de arte. Se necesita romper con cierta dicotomía que opone una élite intelectual consagrada a una difusión cultural para jóvenes, más hippie, flexible y centrada en valores. Se puede tener un proyecto inclusivo de jóvenes creadores que tenga a la vez toda la rigurosidad, y que produzca, poesía de buena calidad.

Escrito por niacabellos

Mi nombre es Nía y vivo en Córdoba, Argentina. Soy licenciada en Letras y tengo publicado un libro de poesía, El Final de La Respiración, editorial Llanto de Mudo. Confío en la escritura joven y en las redes que puedan potenciar las producciones independientes.