Para aquellos que me tienen lástima
¡Pobrecita niña perdida!
Basta ya.

No soy ni seré nunca menos que ustedes
Ni estaré perdida siempre
Ni estoy ahora.

Me parece impresionante su arrogancia
de seres superiores encantados con la idea
De poder dar algo de amor
A alguien
Que, ustedes creen, lo necesita.

¿No ven su vanidad envuelta
en una imagen perfecta
de salvadores del mundo?

Me enciende el alma.
QUE NO, que no necesito de sus palmaditas en la espalda
De su asquerosa tendencia a obviar el problema
Que existe.

Porque existe.
Lo grito a los cuatro vientos.
¿No lo oyen, no lo sienten?
E-XIS-TE.

Este poema está plagado de él
– De su ignorancia maldita
A mis palabras. –

Pensé, en un remoto momento,
Que vivir junto a ustedes sería precioso.

Ahora cada vez que los encuentro
Siento
Que no formo parte
Me echan
Me echo
A un lado
Desaparezco.

Y no, no he venido a este mundo
para re-escribir este poema una y otra vez
Que sea ésta la última vez
que les dedico
mis silenciosas palabras
que sus oídos no quisieron entender.

Dejen de darme sus sobras
Sus abrazos que siento
Tan grandes
Y de repente –
Nada
El vacío
Se expande
Desde mi corazón al suyo-

Y me hago pequeñita
Mi voz se quiebra
Solo quisiera salir corriendo
Muy lejos
De su grupo perfecto
Y huir
De un sueño
Que guarda mentiras
Que ni ustedes comprenden.

Verdades escondidas
Por el nombre
El prestigio
De una entidad
Que les come las entrañas

Les usa, sin que se den cuenta
Como peces gordos de mercado
Únicamente por el valor de su imagen
Nada más.

¡Eh! Una última cosa:
Las personas sienten
Alegría, tristeza, rabia, euforia.
Pero sienten
Y cuando sienten
No se les puede negar su derecho
A sentir.

Y las personas que se quieren
Están ahí
Para lo bueno y para lo malo
Para gritar de alegría y poner el hombro
Escuchar el enfado y llenarte de amor
Están ahí.

Así que tú no me lo niegues a mí
Hoy no
Hoy no
Hoy no
¿entonces cuándo?
Nunca.

Y si es nunca
Cuando vas a estar tú para mí
Entonces ya no quiero quererte
Y pondré tierra de por medio
Mucha tierra
Muchos silencios
Para dejar de pensarte,
De verte
Y de recordar
Esos momentos
En los que estuve yo para ti
Y en los que tú estuviste para mí.
Hasta que la buena energía te rodeó
Y solo te quedó el tiempo
Para escucharte a ti misma.