En un principio lo que llama la atención es la portada: un Cristo bogotano, con una aureola de humo que surge de un Mustang azul en su mano derecha y con una botellita de Old John comprada en Las Nieves en la izquierda. Ustedes se preguntarán que por qué sé qué marca de cigarrillo fuma Cristo y dónde compró el trago, pues muy sencillo: yo lo acompañé.

Hay que decir que Jonatan es mi amigo, así que no esperen neutralidad en este texto. Aunque, en términos estrictos, el que espere neutralidad en una reseña literaria hecha en Colombia es muy ingenuo: todas están compradas por las editoriales para que libros malos se vendan, o los mismos autores las cambian por invitaciones a festivales, premios literarios, o el prólogo para el último libro de poemas. Los escritores mediocres se halagan entre ellos.

La poesía, en los escritos de Jonatan, está en la espontaneidad con que se expresa, donde importan poco los tecnicismos del lenguaje, porque lo importante es ser fiel a la vivencia, a la vida, que es donde rockanrolea el poema. Muchos escritorzuelos, sobre todo esos que no han tenido el gusto de comerse un roscón con Colombiana en cualquier panadería de la ciudad, pretenden invalidar esta poesía tildándola de vulgar y simplista, de ser un siamés con dos rostros de Bukowski; a los que el autor responde sin titubear: ¡muéranse de envidia parranda de hijueputas!

Versí-culo primero, me consta, fue escrito como un rapidín: 15 días antes de ser publicado, por eso es un libro lleno de pequeños momentos; esto no lo hace ser, como pensará el lector más despistado y solapado, efímero o desechable, sino que expresa un vivo ejemplo (este libro está tan vivo que si usted se descuida lo atraca) de lo que es la poesía colombiana contemporánea: donde lo esencial no se encuentra ya en las grandes reflexiones como el amor y la muerte, sino que se halla en la complicidad de un perro o un cigarrillo. Ustedes dirán que de eso ya se ha escrito mucho hace tiempo, pero así como nadie se baña dos veces en el mismo río (menos en Bogotá, qué peligro), nadie se fuma dos veces el mismo cigarrillo, que, por cierto, como señala el autor, es más importante que los condones y, según algunas cajetillas, también sirve para planificar.

En Versí-culo primero existe un rechazo implícito a esa poesía chimba que nos tratan de meter todos los días, y que no falta el bobo que se deja, porque lo único que le importa es que no le metan falso el billetico de $100.000. Versí-culo primero no es un libro de caras lindas y frases obvias. A Jonatan lo pueden confundir con una vieja, si quieren, pero con una vieja bien fea.

***

Por acá una pequeña muestra de Versí-culo primero de Jonatan Jiménez:

 

Sarnosos

Yo quiero un perro con sarna
que muerda a la gente que me mira con sorna
que me acompañe de madrugada
a la puerta de la casa, que no es mía
que se siente a mi lado
mientras fumo lo que tenga que fumar.
Yo quiero un perro sarnoso
para acariciarle las llagas detrás de las orejas
para verlo escarbar las bolsas de la basura
que el vecino sacó esta mañana.
Para que usted se tape la nariz
cuando pase a su lado o a mi lado.
Quiero un perro con sarna
para llevarlo a misa,
que dé limosna,
que comulgue
y se orine frente al altar.
Quiero un perro sarnoso
que acompañe mi sarnosa vida
y darle de comer el pan con salchichón.

 

Aquí yace

Agarrados de nuestras manos y de nuestros miedos
no me beses ahora
no te bañes mañana
caminemos por entre las tumbas
hagamos el amor sobre la tierra
que cubre al cuerpo de un desconocido
mátame como quieras
que yo te amo cuando pueda
quiero oler en tu piel el llanto de madre,
los recuerdos lejanos,
los “aquí yace” y las flores marchitas
abrázame antes de que mi cuerpo se descomponga.

 

Tortura

Que ni con motosierra
me quiten el brazo derecho
porque ahí tengo la botella,
ni a machetazos
me despojen del brazo izquierdo
porque ahí está el cigarro,
que no me quiten las piernas a latigazos
¿después con qué aplasto mierda?
mejor que me quiten los recuerdos con fármacos
y los arrojen por el barranco.

 

Versí-culo primero

No te hablo al oído.
No te espero sentado mirando la luna.
Los pétalos de la rosa sólo se marchitan
en el cementerio o en un andén.
No te escribo un ‘te amo’ en mayúsculas,
ni en minúsculas,
ni en las paredes del baño público.
No te compro obsequios
porque sólo tengo dinero para condones
y los cigarrillos son más importantes,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Escrito por Michael Benítez Ortiz

Michael Benítez Ortiz. Bogotá (Colombia). 1991. Ha publicado el libro 'Bogotrash' (Cuentos, Argentina, 2014) y las paquettes 'El nadaísmo me lo mama en reversa' (Ensayo, Colombia, 2017) y la trilogía 'Papeles para leer' (Poesía, 2015, 2016 y 2018). Ha ganado algunos premios literarios, entre ellos: primer premio, en la modalidad de narrativa, en el Concurso Literario Nacional e Internacional de Relato y Poesía “Palabras sin fronteras”. Argentina, 2013; primer premio, Concurso de Poesía Festival de las Artes, Bogotá. Colombia, 2011; Tercer premio, I Concurso Internacional de Poesía Grupo Literario Poeta Osvaldo Ulloa. Chile, 2012. Aparece en diversas antologías de poesía y narrativa en América Latina y España, algunas de ellas son: Poetas latinoamericanos. Argentina (2015); Sístole/diástole. México (2014); Anónimos 2.2. España (2014); Frontera. Chile (2015). Textos suyos aparecen en —entre otras— las revistas: Puesto de combate, Marabunta, La Caída y en los blogs literarios: Cráneo de Pangea, Digo Palabra y Poetas del siglo XXI. Poemas suyos han sido traducidos al italiano. Es cofundador y codirector de la editorial independiente Ediciones con Tinta Ebria.