El devenir de Occidente en décadas recientes, tan incierto y problemático, ha generado paradigmas de pensamiento y acción dirigidos a satisfacer contextos específicos en la conformación política, social y económica de nuestro tiempo.

En este sentido, la denominación -por no decir categoría historiográfica- de la posmodernidad, ha dirigido la inercia de las cosas a vislumbrar a la poesía y al poeta en nuevos entendidos, distantes de los roles tradicionales asignados a estos en siglos pasados, fundamentalmente el XIX y el XX.

Partiendo de lo anterior, se plantea el cuestionamiento “Poesía y poetas ¿Para qué?”   – parafraseando al historiador mexicano Luis González y González- a una mínima muestra de poetas, editores y académicos del ámbito mexicano e hispanoamericano, buscando en la diferencia de sus respuestas algunas nociones de certeza y orientación en el perpetuo tránsito del tiempo y por ende, del quehacer poético.

 

Retrato Esteban

Esteban López Arciga (Mexicali, 1994) es un escritor mexicalense residiendo en la Ciudad de México. El año pasado publicó el poemario Nowhere Zen New Jersey en la colección Voz de arena del Instituto de Cultura de Baja California. Actualmente estudia la licenciatura en Lengua y Literatura Modernas Inglesas en la UNAM, preparando una tesis sobre Thomas Merton.

 

 

<<Poesía como lírica no me sirve, como un bardo sentado a solas gozando hasta el orgasmo de su solfeo. No sirve tampoco situarse ante un misterio pseudo-negativo, un no decir absoluto en tanto entendemos en ese misterio una sola  (y SÓLO una) respuesta. El poeta puede situarse en un sitio aparte, cantar a los placeres abstractos como se ha hecho  al punto que algunos en nuestras primeras lecciones terminamos por entender ese como el lugar del escritor. No negaré nunca ese derecho y si es necesario me meteré a los golpes por defenderlo, pero no tengo ningún interés en esta poesía en tanto su erotismo se sitúa aparte de la ética. Me interesa el Primero Sueño en tanto haga resonancia con una lesbiana de clóset en Mexicali,  un Keter Malkut que denuncie las atrocidades del ejército de Israel, una Tierra Baldía que sea el llanto de tantas madres en este país ante los cuerpos mutilados de sus hijas y sus hijos. Por último, no me interesa escribir como me enseñaron. No me interesa el yo disque-personalísimo que se convierte en un yo genérico. Me interesa un yo desnudo, desgarrado y bochornoso para que el otro termine por desdibujar mi historia y contar la suya. La poesía me interesa como un territorio en el que los marginados, los homosexuales, las prostitutas, los pobres, las víctimas, los ausentes y los muertos puedan contar su historia a viva voz. Si no es posible plantearnos la escritura y la lectura en estos términos, entonces la poesía no me interesa en lo más mínimo.>>

 

Retrato MariaBertha María Inzunza Choza (Sinaloa, 1994). Licenciada en Letras Hispánicas por la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Ha publicado sus poemas en antologías y revistas impresas estatales y nacionales, así como en portales de internet dedicados a la literatura, entre los que destacan Círculo de Poesía, La Otra Revista y Otro Páramo. Los campos no elíseos, su primer poemario, mereció el Premio de Poesía Joven Alejandro Aura, en 2015. Sus poemas han sido traducidos a idiomas como el árabe, francés y el chino mandarín. Ama la ilustración y la literatura infantil.

<<Para mí, la poesía es una forma de vida, una manera de entender el mundo. Los sucesos y los fenómenos pueden comprenderse poéticamente. Si se tiene la sensibilidad, un aleteo, el agua, una mirada puede ser un estímulo, hay que estar muy atentos. Los poetas, por lo menos los grandes poetas, son una especie de guía que lleva a los demás a través de las distintas sendas de la vida. Son unos padres que andan de manera amorosa, violenta o triste, y llevan a espaldas a sus hijos lectores. El poeta observa las cosas desde atrás hacia adelante.

El lector, al acercarse a la poesía, busca respuestas. Lo digo por experiencia. Cada vez que vivo una tristeza o una alegría me acerco a la poesía. Los poemas muestran el camino ya transitado al que apenas viene. Y también logran lo inverso, recordar el camino que se andó, cuando se amó, cómo se sufrió, cuánto se esperó. Un poema puede ser un homenaje, una despedida, un conjuro, cualquier cosa. El poema retrata la vida humana. Los caminos de la poesía pueden llevar al asombro, al ensimismamiento, a la incomprensión, al amor, al océano. El humano existe porque existe la poesía, y viceversa.>>

 

Retrato AndrésAndrés Paniagua (Ciudad de México, 1992). Es autor de Usted está aquí (Ed. Mantarraya, Mx, 2016). A veces traduce. Editó Enter Magazine. Ha sido publicado en distintas revistas y sitios web como Letras Libres, Transtierros, Dolce Stil Criollo, Low-fi Ardentía, Digo.palabra.txt, Septentrión, El Humo, Al-Araby, Suda la lengua, Angel City Review, Oculta Lit, entre otros. Actualmente cuenta con el apoyo del programa Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA).

 

<<¿Para qué poesía? Pues para nada.

Me explico. En un contexto donde todo lo que hacemos debe, de manera obligada, tener uso práctico, generar utilidades económicas o ser un bien de consumo, aquello que, por su naturaleza, es incapaz de cumplir con tales preceptos del capitalismo nos ofrece la oportunidad para detenernos y pensar. ¿Pensar qué? Lo que haga falta. Y ya que la poesía no comunica —no que no pueda, solamente no le da la gana—, sino que saca al lenguaje de sus funciones pragmáticas y lo lleva a donde es capaz de decir lo que dice, o sea, decirse a sí mismo, podemos intuir que, en esos términos, no sirve para nada. Parafraseando a Zizek la poesía “don’t act, just think”.

Quizá la pregunta sea “¿por qué poesía?” y entonces diré: porque se puede. Porque en ella inciden ciertas nociones ideales de lo humano alrededor de las cuales nos sentamos a convivir. ¿Y cuáles son esas “nociones ideales”? El lenguaje. Aun cuando la poesía o, más bien, el poema desaparezca tal y como hoy lo conocemos, las personas del futuro hallarán la manera de construir un punto de encuentro.

¿Y los poetas?

Según John Baldessari hay tres puntos que todo artista joven debe tener en mente: 1. El talento es barato; 2.Tienes que estar poseído, lo cual no es algo que puedas controlar; 3. Estar en el lugar correcto, en el momento correcto.

Creo que los poetas son algo accidental. El culto a la personalidad del artista posiblemente sea herencia romántica. Lo interesante, me parece, llega cuando esa figura es rebasada. Hace no mucho supe que en Dinamarca algunos versos de Inger Christensen se han convertido en dichos populares de autor anónimo. Eso sí es interesante (¡!).>>

 

brenda retratoBrenda Ríos (Acapulco, Guerrero, México) Vive en un sexto piso en la Ciudad de México. Es autora de los libros Cubo de Rubik (crónica, 2018). Escenas del Jardín (Poesía, 2015); Empacados al vacío, ensayos sobre nada, (Ensayo, 2013); Las canciones pop hacen pop en mí. Ensayos sobre lo ridículo, lo cotidiano, lo grotesco (Ensayo, 2013); El vuelo de Francisca (Libro infantil ilustrado, 2011); Del amor y otras cosas que se gastan por el uso. Ironía y silencio en la narrativa de Clarice Lispector (Ensayo, 2005). Actualmente imparte talleres de escritura creativa y poesía en distintos espacios de la ciudad. Premio Nacional de Poesía Ignacio Manuel Altamirano 2013. Algunos de sus libros pueden ser descargados en la página cuadronegroediciones.org.

<<Me gusta mucho leer poesía. No hablo de estudiar, hablo de leer, pensar, charlar poesía. Qué hizo que tal poeta tuviera tal imagen para referirse a tal cosa. Qué logro, qué tino, o qué broma hay ahí. La broma oculta de quien escribe.

Escribir para mí es algo que no tiene importancia. Un día de éstos diré hasta aquí. No tengo nada que decir. Y eso será bueno. Como saber poner un desde aquí hasta acá. Pero mi tiempo lo pensaré en términos de lectura. No leo poesía como leo un ensayo o una novela, leo poesía por partes, para no saturarme de la voz del poeta, de ir poco a poco entrando en el cuerpo de esa escritura. Leo a viejos y jóvenes, buenos y malos, divertidos y trágicos. En ellos, en ese pasado y en el presente, estoy yo. Leo porque de otra manera estaría más sola. Así pues, la poesía es entrar a una temperatura, un cuarto, un clima, un olor, un modo de ser tocado por alguien. Por eso me parece fundamental. Es bueno tocar y ser tocado. Es lo más bueno que hay en la tierra. Hasta donde sé.>>

 

retrato jose manuelJosé Manuel Vacah (Estado de México, 1990) Poeta, narrador y periodista cultural. Ha publicado los libros Desearás irte, El pasajero y Los perros tras de mí. Es compilador del libro de culto Historias de sexo, conspiración y muerte. Es editor y jefe de sección cultural en el diario de izquierda Tercera Vía. Mantiene el blog Vacah. Historias desde el periodismo y la ficción josemanuelvacah.wordpress.com. Es miembro del consejo editorial de El golem editores. Ha publicado todo tipo de textos en más de veinte revistas impresas y electrónicas. Organizó en 2012 el festival “Poesía para la muerte de Peña Nieto” en la UNAM.

<<Para salvar las cosas que más nos importan de este mundo. Para consagrarlas, para bendecirlas, o sencillamente, para conservarlas un instante en el tiempo. Para salvar del arrasamiento el amor o la belleza, por ejemplo. La poesía es un acto de fe.

Dentro del sistema en el que vivimos, todo está dispuesto para su extinción. El capitalismo destruye, no preserva. El poeta —como cualquier otro artista que se precie de serlo— tiene que oponerse a esta devastación.

Creo firmemente en el carácter sagrado de la poesía. El poeta sigue siendo un chamán, o un brujo. Y por consiguiente, tiene una obligación ética, moral y social con su tribu. El poeta ama a su comunidad, la protege e intenta curarla, a costa de su propia salvación.>>

 

Retrato Andrea Muriel

Andrea Muriel (México DF, 1990) Poeta, traductora y editora. Ha traducido varios libros entre los que se encuentran el poemario Dímelo de la poeta norteamericana Kim Addonizio (Valparaíso), la novela Las personas de mi ciudad del italiano Andrea Alì (UNAM), así como el libro La imperfecta maravilla de Andrea de Carlo (Seix Barral). Algunos de sus poemas aparecen en las antologías El lugar donde ocurrió la huida y Poetas parricidas, así como en varios medios digitales. Fue becaria de la Fundación para Letras Mexicanas en el área de Poesía. Actualmente se encuentra cursando la Maestría en Letras Inglesas de la UNAM.

 

 

<<Yo creo que la poesía nos abre la posibilidad de ver el mundo desde diversas perspectivas. Cada objeto, situación, concepto o persona que aparece en un poema, se transforma desde la visión particular del poeta. A veces nos encontramos sorprendidos cuando un poema expresa algo que nosotros hemos pensado o sentido, que tal vez pensábamos era único. O que tal vez no sabíamos que sentíamos con tal intensidad, sutileza, determinación. Lo que más me gusta de la poesía es esta capacidad de inmiscuirse en lo privado transformándolo en público, y muchas veces en político. Escribir en poemas mi perspectiva sobre alguna cuestión, no quiere decir que yo tenga la última palabra sobre ese evento, ni siquiera quiere decir que cuando digo “yo” lo que escribo sea una verdad para mí misma. Pero sí estoy visibilizando una posibilidad. Y sólo cuando uno enuncia las cosas es cuando ellas comienzan a existir. Para eso la poesía, para tener más y cada vez más maneras de ver el mundo, para hacerlo existir de modo distinto.>>

 

Fernando Salazar retratoFernando Salazar Torres (Ciudad de México, 1983) Poeta, crítico literario, ensayista y gestor cultural. Licenciado en Filosofía por la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Iztapalapa (UAM-I), también obtuvo el grado de Maestría en Humanidades (UAM-I). Estudia el Doctorado en Literatura Hispanoamericana en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP). Ha publicado el poemario Sueños de cadáver (el golem editores, 2010) y Visiones de otro reino (el golem editores, 2015). Su poesía y ensayos se han publicado en distintas gacetas y revistas literarias impresas y electrónicas. Su poesía ha sido traducida al inglés, italiano y catalán. Coordina las mesas “Crítica y Pensamiento en México” y el Encuentro de Poesía “Diótima: versar poéticas”. Dirige el Taller Literario “ígitur”. Colabora en la revista literaria “Letralia. Tierra de Letras” con la serie de poesía mexicana “Voces actuales de México”.

<<Sin duda alguna tu planteamiento remite directamente a  la pregunta que Friedrich Hölderlin formulara en alguno de sus poemas, Pan y Vino: ¿para qué poetas en tiempos de penurias? Los poetas, se afirma en ese poema, son el médium entre los dioses y la sociedad o el pueblo. A mí me interesan esa clase de poetas, que cuestionan el mundo y la existencia humana, pero no en su sentido social o político, lo cual me parece necesario en todo tiempo, sino en el aspecto metafísico. Responder a tu pregunta, pues, es al mismo tiempo exponer una poética, explicar mi imagen del mundo. Y lo haré. El arte es metafísica en su sentido original, es decir, todo acto artístico es la respuesta a una amplia gama de necesidades humanas cuya finalidad radica en buscar claridad respecto a la vida, el destino, la muerte y Dios, los grandes temas del ser humano. El arte es la expresión de las paradojas humanas y tales preguntas siempre quedan vigentes aunque parece que sus respuestas no, pues las dudas siempre exigen contestaciones variadas, juicios diversos. Y siempre lo valioso es cómo el poeta presenta ese tema o respuesta, importa cómo se ejecuta el poema y cómo llega al lector.

Para qué poesía, me preguntas, yo diría, y por qué no, en un mundo tan fragmentado, caótico e incrédulo. La poesía salva. La poesía une. Hölderlin ha sido una importante influencia en mi manera de comprender la existencia total, también me ha permitido construir una idea del ser humano y a fortalecer mi fe. Yo considero que la poesía no tiene, primeramente, una urgencia útil o práctica, sino cierta finalidad espiritual; la poesía es como Dios, el amor o la religión, una necesidad metafísica, salvaguarda del ser humano en los sentimientos, las emociones, creencias, y los conceptos, que solamente pueden percibirse con el alma. En el poema Pan y Vino su autor detalla que los dioses se han ido y han dejado sola a la Humanidad, ¡cuánta soledad se ha de sentir en esta condición! Los dioses no han dejado. Se vive un ambiente de desolación y angustia, pero yo no creo que los dioses o Dios se hayan marchado, al contrario, conforme a nuestro tiempo de penurias, crímenes, traiciones, mentira y falta de valores, los seres humanos son quienes han dejado solo a Dios, lo han olvidado, pero ÉL se basta a sí mismo en su totalidad para abrazar la falsedad del ser humano y redimirla. El siglo XX se encargó, desde la Filosofía y la Literatura, de matar a Dios, de alejarse de la Revelación. En este siglo, considero, la poesía debe regresar nuevamente a esa condición metafísica del siglo XIX pero conservando sus rupturas y novedades conquistadas en los últimos siglos, para contrarrestar la idea de la muerte de Dios.

La poesía sirve para exponer toda esa serie de carencias en las que vivimos en este mundo. Ahora, todo esto lo asocio solamente al contenido o tema poético. Existe otro aspecto igual de importante en la poesía, que es el formal y estructural. Y la verdad es que los poetas actuales ignoran la tradición, no leen más allá de las Vanguardias Históricas, mismas que cometieron muchos errores estéticos (yo soy detractor de estas corrientes artísticas), y descansan irresponsablemente sobre la idea del verso libre sin saber que para llegar al verso libre, que no es lo mismo que el verso blanco, se necesitó, en la Época del Siglo Oro, crear un modelo formal en el español, a saber, la silva castellana. Y existen muchos aspectos retóricos, en el buen sentido, y estructurales de los cuales puedo hablar para justificar para qué poesía.

En suma, la poesía ahora para salvarnos de la vacuidad, del sentimiento de desesperación en el que vivimos y para saldar la ignorancia en la que viven actualmente muchos poetas que han heredado de manera insensata la tradición forjada en el siglo XX.>>

 

 

Rocío Wittib

Rocío Wittib (Buenos Aires, 1989). Ha publicado poemas en varias revistas virtuales y en papel, como Círculo de Poesía (México) y Cuadernos Hispanoamericanos (España). Publicó el libro Poemas para perseguir sin prisa el silencio (2016), en la editorial portuguesa Temas Originais. Sus poemas han sido traducidos al italiano, rumano y portugués.

 

 

 

 

<<¿Poesía para qué? Para nada fundamentalmente. Para evidenciar lo necesario que resulta a veces lo inútil. Para rasguñarle sin querer algo a la vida. Para hacer de cuenta que podemos responder las torpes y absurdas y crueles y burlonas incertidumbres. Para aceptarlo todo y sin embargo, sin embargo, ¡ay y sin embargo! Para recordar el olvido. Para contar las mismas cuatro cosas de siempre en lugar de permanecer amablemente callados. Para aprender que buscar es la mejor manera de no encontrar nada y aún así seguir buscando. ¿He dicho buscando? Sí, buscando, o lo que sea ese ir arrastrándose detrás de aquello que ni siquiera se sabe lo que es. Para engañarnos y en el engaño acercarnos a algo cierto. Para comprender todo aquello que es imposible nombrar. Para perder el tiempo con cierta dignidad o al menos sin jorobar a nadie. Para decir siempre la verdad aunque sea mentira. Para huir detrás de uno mismo en la única dirección hacia la que sabemos huir: la incorrecta. Para intentar retener lo que amamos aquel día por primera vez. Para insistir aunque ya nos hayamos dado por vencido. Para decirle a quien corresponda siempre a pesar de su silencio y abandono. Para preguntarnos inevitablemente ¿para qué? Para perdonarnos la vida y condenarnos a vivirla.

Los poetas ¿qué son?>>

 

 

retrato omar

Omar Alejandro Ángel Cortés (Oaxaca, 1992) Escritor, investigador y traductor mexicano. Licenciado en Letras Hispánicas por la Universidad Autónoma Metropolitana, Iztapalapa. Obtuvo el primer lugar en el Concurso de Cuento Gastronómico Pruébalo, la Beca de excelencia académica otorgada por la Coordinación Nacional de Becas de Educación Superior CNBES (SEP), así como la Beca para estudiantes de movilidad internacional. Fue merecedor de la Medalla al mérito académico por el promedio más alto de la Licenciatura en Letras Hispánicas (Generación 2010-2014) en la Universidad Autónoma Metropolitana, Iztapalapa. Sus líneas de investigación se centran en la obra de Oliverio Girondo, las vanguardias hispanoamericanas, la poesía y narrativa contemporáneas, así como la obra de Juan José Arreola, Xavier Villaurrutia, José Ramón Ruisánchez Serra y Clyo Mendoza, entre otros autores. En cuanto a la creación literaria, ha participado en talleres de escritores como Julio Trujillo, Leonardo Da Jandra, Ricardo Piglia y David Voloj. Su trabajo poético ha sido incluido en revistas como Molino de Letras y Espora (UDLAP). Ha sido antologado en una compilación dirigida por el Centro de las Artes de San Agustín, en Oaxaca. Es columnista en el diario electrónico oaxaqueño El Oriente. Parte de su trabajo de investigación literaria se encuentra publicado en Graffylia, Revista Destiempos, Fuentes Humanísticas y Ágora. Estudia la maestría en educación, con la firme e ilusa intención de quizás, algún día, a alguien, transmitir algo de saber, pero aprender más de su interlocutor.

<<Cuando el humano ve la luz por primera vez, crece unos cuantos centímetros y todo le resulta tan nuevo que debe señalarlo para referirse a él -pues no existe aún en su imaginario un vocabulario suficiente para expresarse- resulta quizás la etapa más sincera, más noble. Pero, el tiempo pasa y la verdad desagradable asoma: el humano pretende alejarse de su verdadera naturaleza: finge no ser patético.

            ¿Poesía para qué, entonces? En estos tiempos de pena y olvido es más que menester poseer un asidero a la humanidad. Y no es cuestión de simplemente hablar por hablar o escribir por escribir con palabras rebuscadas y pretenciosamente bellas: quizás el poeta recurre a ellas -sólo en algunas ocasiones- porque lo existente, así como lo esencial, resulta invisible a los ojos y se busca, con desesperación, alguna manera de plasmar la esencia y hacerla infinita, inmortal. La poesía, claro está, es una existencia inmanente a la existencia misma, el tiempo del tiempo, la razón de la razón. En pocas palabras, poesía  es todo y nada, un odi et amo, es lo que nos salva, aquello capaz de alejarnos de una crisis de significación.

            Con la tendencia a desaparecer tan en boga en aquellos que se hacen llamar humanos y a pesar de su maravillosa cualidad de alfa y omega, la poesía se ve amenazada por el olvido; aunque no por siempre, no del todo: más bien ausentarse de la cognición mortal.

            ¿Poesía para qué? Yo no lo de sé de cierto, pero supongo que su presencia en estos días, desde todos los comienzos, tiene la humilde determinación de volver a las personas, humanos.>>

 

Gema PalaciosGema Palacios  (Zaragoza, 1992) Graduada en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Madrid, ha cursado una parte de sus estudios en la Universidad de Buenos Aires (Argentina). Obtuvo un Máster en Estudios Literarios en la Universidad Complutense de Madrid. Autora de los poemarios Morada y Plata (ebediziones, 2013), Compañeros del crimen (Ediciones Paralelo, 2014), Treinta y seis mujeres (El sastre de Apollinaire, 2016) y el libro objeto colectivo Hypnerotomaquia (edición de autor, 2017). En 2018 obtuvo el accésit con la plaquette Simiente en el XVIII Premio de Poesía de la UAM. Sus poemas han aparecido en la antología Nacer en otro tiempo, Antología de la joven poesía española (Renacimiento, 2016) y en Odisea poética (Ediciones Legados, 2016), así como en diferentes revistas digitales y en papel como Nayagua, Estación Poesía, Kokoro, Vallejo & Co. o Anáfora. En la actualidad prepara una tesis doctoral sobre la abolición del cuerpo en la autobiografía y el autorretrato de artistas mujeres del siglo XX como Alejandra Pizarnik, Ana Mendieta y Francesca Woodman.

<<Poesía a modo de desbordamiento, como unidad de medida sin medida. Poesía-caudal, forma de ser desde lo verdadero, raíz que escarba en las grietas y más allá del límite que conocemos por el tacto. Poesía es lenguaje es sentido sólo a ratos, mientras una criatura nos balbucea dentro y dice, dice, no se queda callada del todo. O sí. En el silencio también el poema pero ahora con las aristas afiladas, los bordes dentados.

¿Para qué este viaje de una sola dirección? Para aprender el temblor, la ladera opuesta a la que uno transita e investigar allí donde el vértigo se entiende de otra manera. El poema como conocimiento y reconocimiento del fracaso. En ocasiones, el poema que no refleja la luz sino que él mismo es la luz. Una vida hecha letra. Cuerpo vociferándose. Cuerpo al fin despegado de la tierra, ingrávido.>>

 

Retrato de MimiMimí Kitamura (Tláhuac, Ciudad de México, 1989) Asidua estudiante de la carrera Lengua y Literatura Hispánicas en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán y aprendiz de oficios en recintos culturales suburbanos.  Correctora de estilo independiente y exprofesora de español en una de las dimensiones más abstractas de la civilización, la secundaria. También impartió el Taller de Lectura, Redacción e Iniciación a la Investigación Documental a nivel medio superior en el Sistema Incorporado del CCH.                                                            Gritona y eslamera, ha colaborado en revistas independientes desde el 2013 y participado en recitales de poesía como el “RCA 13 CHILANGO-ANDALUZ”. También se ha deleitado, compartiendo parte de sus raíces amorfas en escenarios como el del Museo Universitario del Chopo, en el ciclo de Micrófono Abierto, organizado por Rojo Córdova; en Casa del Lago, Juan José Arreola, durante los ciclos que conjugan poesía y música en el mismo torbellino cósmico; en los escenarios del Centro Femenil de Reinserción Social, del Reclusorio Preventivo Varonil Sur, del Centro Varonil de Reinserción Social Santa Martha Acatitla y del Reclusorio Preventivo Varonil Oriente, presentando un ciclo de “Slam Poético” organizado por Sandrah Mendoza.  Actualmente, convive con comunicólogos en una de las áreas más ficticias de la historia de la humanidad: el periodismo.

<<Poesía, para bailarle albor a la existencia; poetas, para arrojarle ruido a la belleza.

Mi respuesta, como la poesía misma, germina en la subjetividad. Por tanto, debo reconocer que me he negado la posibilidad de definir a la poesía como un imperecedero fruto de la salvación, más bien, la asumo como un mecanismo mutable de defensa. En mis términos, eso explica que su existencia sea, ante todo, diversa: un día, haiku; por la tarde, prosa poética; de camino a la madrugada, verso libre, erotismo, mística, apología a la violencia o sublimación de la virtud. Porque la poesía, en las palabras específicas de cada poeta, responde ―aún con incertidumbre― a la contingencia de cada temporalidad.

En ese sentido, la poesía ―para Mimí Kitamura― se ha convertido en la voz capaz de quebrarle las cualidades que la bosquejan estatua, musa, fragmento de inspiración poética. No es secreto que lo que conocemos como tradición literaria posee un mayor número de representantes masculinos, basta con leer el índice de una antología, revisar el programa de estudios de Literatura mexicana o comparar el reconocimiento internacional de Neruda, con la reafirmación underground de Carmen Mondragón «Nahui Olin».

Y no es que los hombres tengan talentos que la biología de «lo femenino» nos haya privado, nadie se atrevería a negar la complejidad de «Primero sueño» o la trascendencia de Alfonsina Storni. Simplemente, el deber ser del género femenino impuso que nuestro espacio, en este infinito, es un pedestal que gira en torno a múltiples columnas de espejos en los que reflejamos, para la idealización del poeta, los rasgos más delicados de nuestros cuerpos, de nuestros rostros, de nuestras voces que se silencian para reprimir nuestra muy placentera bestialidad.

Por ese motivo, si me preguntan: Poesía, ¿para qué? Mi respuesta es: Para que, mujeres, nos apropiemos de la palabra y dejemos de existir como ese binario y obscuro objeto del deseo definido desde el labio «varonil».

Respecto a quienes se afirman poetas, entiendo que su respiración también es una manecilla que recuerda el irremediable destino de todo mamífero: la muerte.

Sé que en esas personas también habitan las contradicciones y erramos al colocarlas en altares. Simplemente se les ha privilegiado con la habilidad de generar imágenes poéticas como el zapatero posee la destreza de confeccionar un calzado acorde con el clima o el arco de cada pie.

Similares a los versos, los diseños de pasarela comulgan con lo vendible, mientras los saldos que encuentras en ventas por mayoreo tienden a ser incómodos; únicos por sus defectos, por provocar laceraciones en la piel del portador e, incluso, por hacerlos caer, debido al deterioro inducido por su uso constante.>>

 

 

Escrito por Aldo Vicencio

Aldo Vicencio (Ciudad de México, 1991) Poeta y ensayista, estudió la Licenciatura en Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es autor del poemario Piel Quemada: Vicisitudes de lo Sensible (Casa Editorial Abismos, 2017) y el videolibro Anatolle. Danza fractal (El Ojo Ediciones, 2018). Su obra ha sido publicada en diversas revistas literarias en México, como Periódico de Poesía y Punto en Línea de la UNAM, Círculo de Poesía, Opción del ITAM, La Rabia del Axolotl, El Septentrión, Marcapiel y Carruaje de Pájaros, así como en diversas publicaciones iberoamericanas, como Digo.Palabra.txt de Venezuela, Revista Antagónica de Costa Rica, Enfermaria 6 de Portugal, La Galla Ciencia, El Coloquio de los Perros y la revista penúltiMa en España, entre otras. Ha sido incluido en la antología española Nueva Poesía y Narrativa Hispanoamericana (Lord Byron Ediciones, 2016).