A LOS PIES DE LA CAMA

Se desprende la noche silenciosa a los lados de las cunetas. Legajos de un cuento por milenios incomprendido. De acuerdo, me digo, no nos servirá la poesía si no es para ahogar el susurro de dos labios entreabiertos que te dicen que no nos servirá la poesía. Cuando llegué a este mundo se leía en un cartel de letras bien grandes «Por favor, no molestar», «no», recuerdo yo, solamente me quedé con el «no». «No despegues», me decías, «la vista de la línea de puntos», bajo el haz de luz que yo mismo trazo, mas temes que a ambos lados de la carretera el paisaje se devore a sí mismo «y aun así miras», y aun así te miro. Todos susurramos sin querer casi a la misma hora del día y por razones bien distintas. Pisaréis tarde o temprano las huellas que dejé cuando decidí atravesar de soslayo la calzada y quedarme, ojos abiertos y en penumbra, tras el motor fundido de un coche perdido en la noción del tiempo. Todos hablamos casi a la vez y no nos oímos. La luz de la luna, que no entiende de profetas, se pasea a tientas sobre las gotas de rocío. Te repito: Sólo nos servirá la poesía mientras tengamos los labios agotados. ¡Silencio! Me repito: Todos gritamos a todas horas, y el ruido no nos deja escuchar el relato.

 

NUESTRO ALIENTO SOBRE LA ALMOHADA

De negro veladas las esquinas, el cenagoso gemido, sueños movedizos donde tú y tú, recostados, os miráis sin veros al borde de vuestro propio abismo. ¡Y qué más da!, digo yo, si a la vera de un destino enmascarado no hay suspiro que valga la pena. «Miénteme», dile tú, «si sabes cómo hacerlo», miéntele, «que todo corre tan despacio que puedo sentir como el aire se me escapa entre las manos». Si con los ojos cerrados no eres capaz de ver el cielo estrellado, persigue con tus dedos la cenefa cincelada en la piel. Busca, búscalo, busca la línea que te separa a cada hora del día de la noche. El momento en que te persigue tras muros de ladrillo el eco de tu propia voz. Quizás tus ojos al cabo se acaben acostumbrando y las esquinas descubran figuras furtivas en la trasera de un motel de carretera. O puede que la noche dure por siempre cercada entre estas cuatro paredes.

 

(Ambas composiciones pertenecen a la obra «Interiores y exteriores»).

 

 

Escrito por Alejandro López Pomares

Alejandro López Pomares (Orihuela, 1983) es escritor, poeta, profesor e investigador. Antropólogo Social y Cultural, Gestor del patrimonio cultural y natural. Es autor de la novela 'La mirada perdida' (editorial Celesta, 2017).