Régine Leveque es el elemento de ficción que da inicio a esta colección de cuentos breves que se llama “Los intelectuales intransigentes”, primer proyecto de Tyto Alba Editores. Con ilustraciones de Andrezzinho, esta colección de historias acerca de grandes artistas se convierte en un objeto maravilloso. Eso lleva a hacernos una pregunta, ¿fueron los artistas-protagonistas la inspiración de estas historias o fue Régine Leveque, con su ojo clínico, quien supo ver más allá de lo que se sabía de estos personajes? Leveque es quien, trabajando como ama de llaves para artistas y pensadores, en su diario, plasmó sus intimidades y locuras.

Quien dio vida a estos escritos fue Alexandra Gil, artista visual y escritora. Andrezzinho, multifacético, es quien hizo las ilustraciones y la edición. Ambos se conocieron de causalidad en Buenos Aires, en una especialización de pintura; pero en Bogotá habían compartido amistades, frecuentado los mismos bares, visitado los mismos barrios… Que se conocieran fue algo que debía pasar más tarde o más temprano. Alexandra cuando escribió los cuentos no tenía planeado publicarlos. Sin embargo, a Andrezzinho le pareció que tenían potencial. Entonces mandó el proyecto a IDARTES y ganó un estímulo a editoriales independientes y emergentes.

En las páginas de este libro podemos enterarnos de que Bukowski al consultar a una sacerdotisa vudú descubrió que en otra vida fue reloj de bolsillo; Cortázar al despertar de una fantástica noche alrededor de un patíbulo se encontró con una fama que le ofreció zumo de pepino; Patricia Highsmith vivió un apasionado romance a través de una ventana y que un Truman Capote niño adoraba a sus mascotas Henry y Dolly, un dodo y una cuaga respectivamente. Las historias, igual de breves como desopilantes, nos invitan a zambullirnos de lleno y olvidar que estos personajes tuvieron otra biografía.

Con un vocabulario rico, con ilustraciones precisas y relatos breves este libro se transforma en una lectura lúdica y creativa que puede acompañarnos en todo momento. A diferencia de otros libros de cuentos, es ligero, se puede leer y releer, encontrando en cada lectura un nuevo guiño, otro detalle que hubiéramos querido compartir con alguno de los protagonistas. Filósofos, escritores, analistas y pintores de la vida real se ven envueltos en alguna anécdota irrisoria, trascendente o ridícula. Podemos imaginarnos a Régine Leveque rasgando las páginas de su diario por las noches en la soledad de su habitación, la vemos servir una taza de café a Schopenhauer, o lavar la ropa interior de Kafka con furia; como si diéramos por sentado que ella fue más que las líneas que componen este libro.

Escrito por María Laura Ruiz

Buenos Aires, 1981. Comunicadora con orientación a la literatura. Ávida lectora de obras contemporáneas, en especial argentinas y colombianas. Escritora diletante hasta el día de hoy.