Presentamos la serie de poemas a cargo del poeta Mexicalense Esteban López Arciga quien recientemente publicó su poemario Nowhere Zen New Jersey en la colección Voz de Arena del Instituto de Cultura de Baja California.


 

Familia me(sh)icana
(fragmentos)

II. Lugar de Brujos

 

 

Existe un pueblo fundado donde la hierba bebe una leche acuosa
que se forma del seno de las noches que vienen
donde todavía se huele el sexo húmedo del pasado
donde abro la boca
       y en mi lengua se impregna
la sangre de San Nacho Arciga
padrino de todos
muerto por la bala del capricho
en cuyo honor se fundó el altar a los santos rotos
y de su corazón
corazón que no murió
pero escapó
nacieron cien árboles pochotes cuyo algodón sigue cobijando a sus ahijados
y lo seguirá haciendo
hasta que sus corazones se eleven a la cruz
(aquella en lo más alto del cerro)
y se conviertan todos en flor de huizache. En este pueblo
donde el nopal da un xoconostle
de carne roja como herida sangrante

Se guarda todavía antiquísima doctrina
de números olvidados flotando tranquilos en el ojo de agua
el retorno eventual
de lo que nace fuera de tiempo

Y la tía Aurora
mística odiada
que sabe de la sombra como sabe de la luz
Guarda estos números para corazones
virtuosos que intuyan que
ante la infinita piedad de Dios
el homicida
y la víctima
son uno
y el mismo

Este pueblo es vientre de brujos
y ofrece
a quien lo recuerde
el fin mismo
Del Nombre

Me pregunto si
cuando la lluvia llegue y mi piel esté seca
a mí también se me permitirá sembrar mi corazón en la tierra del cerro
y si logro yo también enterrar mi corazón al lado de la cruz o la virgen solitaria
¿También de mí nacerá el árbol pochote?
¿Aunque sea
una flor seca de huizache?

 

                    IV- De lo que me contó El Milagro cuando volvimos al sitio de los brujos

 

 

¿Entonces
es tu hijo?

No,
es mi nieto

Dicen que al lugar que fueres
haz lo que vieres
y aquí
puro rezar y rezar

¡Bendito sea Dios!

¿Y ya está
casado?

Pues…

No tía
No lo estoy


El milagro, hombre de corazón verde
    hecho de siembra
Me enseñó que este pueblo
sólo es pueblo de noche
cuando los pocos niños que quedan
duermen y salen los ancianos
la verdadera carne del sitio
¡Ya nomás están
haciéndose chorizos!
Dice El Milagro
Como yo
que no sirvo…
Guardo silencio
Él ríe
Lo acompaño
y seguimos caminando
hasta encontrar 5 decenas
de cuerpos negros cargando a la virgen
la dolorosa
es difícil disipar 2000 años de lutos
El Milagro, cuyo corazón nunca calla
me pide silencio
para escuchar los quejidos
y me pide que vea al cielo
para que el chorrito de leche
que sólo aquí es visible
me guíe cuando apaguen las luces
en el velo negro
de María la virgen
y la otra María
a veces despreciada
Dejamos a la virgen llorar otro año

¿Todavía sigue
viva María Teresa?

Nomás anda ahí sentada
noche y día

María Teresa
nombre que no olvido
(y digo nombre
porque su cuerpo es pura ceniza
y el nombre es todo lo que le queda)
sólo se sienta en la banqueta
ante el portón podrido
E S P E R A N D O
sus ojos (tristes)
se quedan fijos
en mis ojos
(también tristes)

nuestras tristezas
entablaron un diálogo que no termina

 

El Milagro, de un corazón
que no palpita porque florece
evita a María Teresa
a fuerzas (y sentí como raspó en su garganta)
le dice Buenas Noches
que yo sepa
él sólo tolera mi tristeza

Es curioso todo lo
que aprenden dos amigos
cuando uno está iniciando
su vida
y el otro está
por acabarla

Yo,
por mi parte
estoy al pendiente
para que cuando el cuerpo del Milagro
ascienda a la cruz
su corazón, que sé que seguirá vivo
           porque seguirá germinando
tenga un hogar caliente
en el cual dormir
cada noche

Pero también
recuerdo a María Teresa
E S P E R A N D O
¿Qué será lo que esperaba?

VI- Agapito y Florentino

 

 

Cuando El Milagro era joven
Tenía la mitad de tu edad
me dijo que en el parque de la iglesia
jugaba cuando no había que desgranar el maíz
o cuidar la yunta
(Eso sí era trabajo
esas sí eran chingas)

El parque era el único consuelo
que había cuando se tenía que ir a misa
o a rezar el rosario
porque las señoras
teólogas frustradas
pellizcaban y cacheteaban a los niños
para que rezaran
y cantaran
como era debido

     (Eso sí era dogma católico
       agregaría yo)

Ese parque
escape
microcosmos
que hoy en día sigue ahí
y es el único lugar
que intentan mantener con vida

Era el sitio de conexión
dónde se hablaba
dónde se leía periódico si había
dónde las muchachas ensayaban danzas
y los niños jugaban
se peleaban
se contentaban
y volvían a jugar

Agapito y Florentino
eran dos hombres mayores
siempre sentado en esa banca

Un día,
cuando El Milagro jugaba
a la roña con otros niños
(ahora la mayoría muertos
otros ancianos)
vieron como cuatro hombres
cargaron una campana gigante de cobre
subiéndola a la torre de la iglesia

Agapito y Florentino se pararon
se colocaron detrás de los niños
para observar junto con ellos

Niños nunca olviden esto
que el día fulano de tal de tal mes
a las no sé qué horas,
cuando el viento soplaba
y se ensayaba una danza,
treparon la campana a la torre de la iglesia

Al menos de eso me acuerdo…

El Milagro se ríe

Y no se me olvida.


Esteban López Arciga (1994) es un escritor mexicalense residiendo en la Ciudad de México.  Ha publicado en publicaciones virtuales e impresas en México, EEUU, Venezuela y Argentina. De modo reciente publicó el poemario Nowhere Zen New Jersey en la colección Voz de Arena del Instituto de Cultura de Baja California. Actualmente estudia el último año de la licenciatura en letras inglesas en la UNAM, preparando una tesis sobre la poesía tardía de Thomas Merton.

Escrito por Ingrid Bringas

Ingrid Bringas (Monterrey, N.L, México, 1985). Autora de La Edad de los Salvajes (Editorial Montea, 2015) Jardín Botánico (Abismos Casa editorial, 2016) Nostalgia de la luz (UANL,2016) Objetos Imaginarios ( Pinos Alados, 2017)