Tu edad al sol

Mi padre ha comprado frijol de toda variedad.

Los mezcló para ver de cerca su belleza olvidada.

Mi padre ha puesto el frijol ante el calor del sol.

Les ha pintado con barniz para que no se llenen de polilla.

Puedo imaginar perfectamente la escena.

Mi padre y su piel de frijol negro, su cuello de frijol al mediodía.

Mi padre agachado, untándole barniz a los frijoles

como quien unta pomada a un hijo enfermo.

Así, sin prisa, mi padre un par de horas ardiendo.

Mi padre arde más que el sol.

Nunca se comería algo que ha amado tanto.

Después de la silenciosa parsimonia,

me manda una foto de su mundo de frijoles regado,

contraste de la túnica blanca.

Unos simples frijoles, diría cualquiera.

Son semillas de vida, me dice en la fotografía.

Qué pura es su edad al sol.

Qué sincera, qué simple su edad.

Dios, enséñame a verte en cualquier sitio.

Escrito por María Choza

Sinaloa, 1994. Poeta amante de la literatura infantil, la vainilla y el mar.