¡Oh tú, que de mi muerte fuiste causa,
sin que puedas ahuyentarlo,
todas las noches acudirá a bailar a tu almohada
el espectro de la rosa!

Théophile Gautier

 

I

Caminás sin rumbo por las calles de Managua,
y siempre fiel a tu paso lento,
ululás al cielo que te devuelva a tu amada,
sin saber nada del sufrimiento.

Mendigo cuyo nombre nadie recuerda,
y que Nicaragua también ha olvidado,
-Fue elegante de chavalo el hijuepueta-
del Coronel Urtecho subordinado.

Fuiste obnubilado por las quimeras
feroces de la enfermedad y el engaño,
por esa flor apolínea del laurel,
en que reposa tu don que es la senda
cuando de poetas nos volvemos extraños.

Pero yo sé que te apellidás Cabrales,
aunque desconocíamos de tu vida,
te dejaste seducir de la locura
por esa araña peluda que tejió tus soledades
y las anudó a la luna.

Te he visto tras la rendija de tu puerta,
-y sólo me observás-
con tus vestiduras harapientas, ya esmirriado,
no aceptando aún la muerte de tu madre
encendés un casino rojo
-y sólo me observás-
con esa sospechosa lucidez de tus ojos.

Y si me preguntan,
responderé que no estás loco,
que sólo sos un bardo que, de algún modo,
no querés recordar tu tragedia
o acordarte de que por una sola mujer
lo has perdido todo.

II

¿Recordás el último pensamiento
que nubló tu razón,
y te acercó a lo incierto?

¿Recordás la explosión
que separó tu mente del cuerpo
y unió tu alma a lo etéreo?

¿Qué habrá sido de tu cerebro?

Alineado al enigma
de mil mundos paralelos
parecido a un uróboros
que mordiendo su cola
vuelve al momento
donde no existe el tiempo,
ni imposiciones
de lo malo y lo bueno…

Ahora,  que caminás a paso lento,
la multitud te vela.
-¿Qué sabrán ellos?- 
Son sólo cuerdos que a las rosas
jamás olfatearán espectro.

Y el cigarro… la sombra,
son como los besos de aquella prostituta
madrileña que barullaron tus nervios.
Ahora te dicen el LOCO,
y fue así como escrudiñé tu suicidio,
te colgaste de la luna, ¡lunático!
¡LOCO! 

Sólo eso saben estos idiotas
que jamás leerán tus versos.

¿Recordás tu último silencio?
Ahí estábamos: un dios de la poesía
y un poeta pequeño.
Recuerdo que vos me sonreíste, 
y yo te dije: ¡lo siento!
Porque el fantasma que va a ser de ti,
está entre nosotros

A Nijinski se lo dijiste.
Ahora yo te lo digo a vos,
y me deshago de tu efigie
dedicándote esta última alusión… 
Maestro.

Y sea la locura la virtud más valiosa de un poeta
porque escribimos por locura,
y habrán muchos más como yo
por todo el planeta,
que aún no quieren encontrar la cura.

III

Ahora comprendo la soledad
y es cuando Dios calla
igual que cuando lo que más ama
deja ya de amarte.

Julio Cabrales

 

¡Descansá ya, al fin de tu decadencia!
Dijiste: Todo hombre tiene su estrella,
mas vos te volviste un Astro,
artista de la miseria….

…Te saludo desde aquí
mientras vos desde el otro lado
junto a otros sempiternos poetas
me estarás esperando.

Salvador Gutiérrez (Managua, Nicaragua)

Escrito por Salvador Zambrana Gutiérrez

Salvador Zambrana Gutiérrez (Managua, Nicaragua, 1997) es comunicador y poeta.