A Julio Cabrales Venerio,
Maestro de Maestros.

I

¡Oh tú, que de mi muerte fuiste causa,
sin que puedas ahuyentarlo,
todas las noches acudirá a bailar a tu almohada
el espectro de la rosa!
Théophile Gautier

Caminaste sin rumbo por las calles de Managua
y siempre fiel a tu paso lento,
gritabas al cielo que te devolviera a tu amada
—sin saber nada— ¡Qué sufrimiento!

Mendigo cuyo nombre nadie recuerda,
y que ya muchos, tarde o temprano, habrán olvidado.
Fue elegante de chaval el hijuepueta,
y de los vanguardistas, subordinado.

Fue en la calle Altamirano. En Madrid.
Donde la enfermedad y el engaño
—por un polvorín— desfloraron tu
 primavera
en la que muchas flores se marchitaron,
y otras, al igual que yo, nacieron muertas. . .

Ahí en la oscura senda:
¿Es la imagen de aquel poeta juvenil
,
la misma del señor, con ceño fruncido, nariz aguileña,
de rostro humano, cuya mirada parece un acertijo;
como si de poetas nos volviéramos extraños?

Pero yo sabía algo de tu vida, con suerte,
que hasta Beltrán, sospechaba.
Que fuiste débil ante la carne
—mordiste lo podrido en la manzana—
y que fue la araña peluda quien anudó tu éter
al
 lado oscuro de la Luna. 

¡Es la locura la muerte del alma!

Te vi tras la rendija de tu puerta,
y sólo me observabas
con tus vestiduras harapientas —ya esmirriado—
(sin aceptar aún que tu madre estuviese muerta)
y encendías, como siempre, un cigarro rojo
y sólo me observabas, con esa sospechosa lucidez,
que atravesaban los finos cristales de tus ojos.

Y si me preguntan.

Sí se atreviesen a preguntarme sobre ti,
amargamente, respondería:

Julio Cabrales nunca estuvo loco,
sólo fue un bardo que, de algún modo,
no quería recordar su tragedia,
o acordarse de que por una sola mujer, lo perdió todo.

II

 !Mas nada allí fue igual que el sol del alba!
Alfonso Cortés

¿Recuerdas el último pensamiento
que nubló tu causa,
y te acercó a lo incierto?

¿Recuerdas la explosión
que separó a tu cuerpo de la mente
y unió tu alma a lo etéreo?

¿Qué habrá sido de tu cerebro?

Alineado al enigma
de mil mundos paralelos,
como un uróboros
que al morder su cola
vuelve donde no existen
imposiciones de lo malo y lo bueno…

Ahora,  que caminas a paso lento,
la multitud te vela.
¿Qué sabrán ellos?

Del Espectro
de la Rosa.
De las Quimeras.
Del Silencio.

Y la sombra fueron los besos
de aquella prostituta 
madrileña
que acomplejó, enfermizamente, tus nervios.

Y te conjuraron “LOCO”.
y fue así como escudriñé tu suicidio,
¡Ay! te colgaste de esa luna pálida.
¡Lunático! !LOCO! 

Sólo eso saben estos idiotas
que jamás leerán tus versos.

¿Recuerdas tu último silencio?
Ahí estábamos: un dios de la poesía
y un poeta pequeño.
Recuerdo que me sonreíste, 
y yo te dije: ¡Lo siento!

Porque el fantasma que va a ser de ti,
está entre nosotros
.
—A Nijinski se lo dijiste—.
Ahora yo te lo digo
y me deshago de tu efigie
dedicándote esta última alusión… 
¡Maestro! 

III

Ahora comprendo la soledad
y es cuando Dios calla
igual que cuando lo que más ama
deja ya de amarte…
Julio Cabrales

 

¡Descansa ya, al fin de tu decadencia!
Dijiste: Todo hombre tiene su estrella,
mas tú te volviste un Astro,
artista de la miseria. . . 

. . .Te saludo desde aquí
mientras, desde el otro lado,
junto a otros sempiternos poetas
me estarás esperando.

 

IV

No hubo nadie más que te valorara, nadie.
Ni yo que te lloro, que entiendo ahora,
a pesar de todo, que soy el mayor culpable.

Nunca hice nada. Lo siento, donde quiera
que esté tu alma, espero que este verso la alcance.

Hace un año, hace tanto que me dejaste
solo en esta vecindad. En este barrio
donde por las noches deambulan los fantasmas de tu padre.

Donde quiera que esté tu alma, espero que estos versos
nos alcancen. 
Buenas noches. Maestro. 

 

 

 

 

 

 

 

 

Salvador Gutiérrez (Managua, Nicaragua)

Escrito por Salvador Zambrana Gutiérrez

Salvador Zambrana Gutiérrez (Managua, Nicaragua, 1997) es comunicador y poeta.