Pensar en exóticas historias

de seres succionados por su propio cosmos

y un agujero negro abriéndoles el pecho,

mientras filamentos interestelares

descienden desde arriba y transpasan

‘Por el agujero negro’

que es para mi representación de mi ausencia,

pero en personajes que finalmente

terminan siendo siempre yo.

 

«Sobre el vacío

                    siempre

                               la búsqueda»

 

Destino

 

Lo sentí mio,

lo lleve hasta la cumbre

pelee sus batallas

(Que en el fondo eran las mías)

hice carne este dolor.

Lo arremetí para siempre

sabiendo de la condición del tiempo.

No elegí este dialecto,

el llegó a mi tan tenaz…

Que no tuve opción más que la de ser su profeta,

esparcir su palabra,

cantar sus cantos libertinos

y hundirme en su perfume,

tantas veces amargo.

 

Era

 

Puedes mirarme barriendo

danzando con el polvo en la pobreza del entorno.

Puedes sentirme en las sabanas y ver como me carcomen los ácaros,

puedes recibir un hilo de baba cuando me enferman las cosas

que no se decir

y mi garganta raspa y gime en el profundo sueño cansado.

puedes oler mi sangre guardada,

ver mis trapos colgando en la soga de la ropa

y notar que así como todo también se percuden.

Puedes verme retorcer con el tiempo,

mutar con los días,

menstruar con la luna

y ser como ella áspera de belleza.

Puedes hondear en mi pelo cuando se parece al cobre,

cuando es un nido de guacharacas o gallinazos.

Puedes reconocer, observar y penetrar,

la costra de mis talones,

la caracha del ombligo

la mufa de mis pensamientos,

lo agrio de mis protestas

¿Y aún así quererme?

 

 

Hay una fuerza indomable en mi,

que cuando estoy allí

colocándoles pronombres a los instantes,

va quebrantando línea por línea las intenciones.

Se cae del renglón imaginario,

luego le sigue la otra y así van…

Viéndose ensimismadas,

embotadas en su vacío,

abarrotadas en su propia condición.

 

 

El sol y mis pómulos,

en su conjunción algo se libera.

Que me lleve el viento

que solo quiero flotar,

cocer puntada tras puntada,

con hilos de sanación

una enorme convicción

de no tener

ya más nada que decir.

Escrito por Brenda Ananquel Anaya

Brenda Ananquel Anaya, nació en Buenos Aires en 1991. Actualmente viaja por Latinoamérica redactando sus experiencias.